martes, 9 de febrero de 2010

El hombre con agujeros...




El hombre con agujeros no puede beber en ninguna de las fuentes que humedecen su caminar.


El hombre con agujeros ha cubierto con harapos su pecho, allí dónde algún mecanismo le ayudara a tomar aire, para enviar suspiros pasados. Sabe que no puede beber, más cede a la tentación de humedecer sus manos, dejando resbalar el frescor líquido entre sus dedos.


Siente, todavía…


Guarda en el bolsillo izquierdo, una carta. Rota, arrugada y amarillenta, la luz del sol la arrulla con calidez. Brilla y refleja los rayos como un espejo, pero no lo es. Opaca, pequeña y desgastada, parece desvanecerse. Casi transparenta el polvo de sus exhaustos zapatos.


El hombre con agujeros se sienta al borde del manantial. Desoye el canturreado rumor de la marcha incesante del agua. Tiene la inquietud despierta entre las sienes. Sin querer evitarlo, repasa las letras de aquella carta. Algo triste rezuma su viejo rostro. Algo que hace sospechar que le brota un oasis emocional interno. Ha recorrido muchos trechos, muchos paisajes, montañas y valles; muchos bosques, soledades y amarguras, muchos días, muchísimas más noches… y siempre igual. El mismo resultado. Pozo de decepción, en el que se deja ahogar. Sin lucha. Sentado a un lado del sendero. Relee una vieja carta.


Siente, todavía…


El hombre con agujeros, dobla con calma el fino papel. Con cuidadosa suavidad, casi con poesía, revuelve el interior de su chaqueta roída. Ha localizado en su pecho un agudo dolor. Extrae un pequeño cuchillo. Parece afilado y mortífero, amenazante y alegre. Próximo a una misión cómoda y fácil.


El hombre con agujeros se levanta torpemente. No ha manchado nada. Ni una gota de sangre ha rozado siquiera la arena, ni la pétrea escultura de agua. Ni una sola huella deja tras sus pasos.

Siente, todavía...

Espera dejar de hacerlo pronto. Confía. Mientras, se encamina hacia el lejano horizonte que parece venir al encuentro, se imagina en la próxima fuente…


De la que no podrá beber… a la que llegará con un agujero más.


Sintiendo, todavía…









30 comentarios:

fonsilleda dijo...

Me imagino todos y cada uno de los agujeros del "hombre con agujeros" porque quizá alguno comparta conmigo y contigo. Cada abandono, cada desamor, cada guerra, cada hijo perdido o cada amor deshojado, dejan un hueco por el que se escapa el agua y la vida.
¡Puff!
Bicos.

fonsilleda dijo...

¿He dejado mi admiración?

TORO SALVAJE dijo...

Me ha conmovido ese hombre.
En cierta manera me he visto.

Besos.

Robërto Loigar dijo...

Ese hombre hay que llevarlo a emergencias, pero ya.

Carmen dijo...

Así son los sentimientos...Nos llegan a causar dolor; pero el dolor, y la alegría, nos dan signos de que estamos vivos.

Es malo ser un muerto en vida.

Un beso.

Daniel Os dijo...

¿Quién puede jurar no ser un hombre con agujeros? Al principio, muy al principio de la vida uno no los tiene, luego no los nota, por último los disimula y, cuando no consigue vivir ignorándolos, comienza a utilizarlos para respirar.

D.

Mercedes dijo...

Tiene sed, y no sólo de agua, sino de muchas cosas más...

Un abrazo!

Naufragio del Recuerdo dijo...

con los agujeros, uno hace de su corazón un colador, se torna sabio para separar el grano de paja con los años, y así es inmune a la decepción, al fracaso y la perdición.

buen post, un saludo

Deep Loving Feelings dijo...

Espectacular.
Me siento, además, totalmente tocado con esta entrada. Tiene mucha verdad, mucho realismo también. Realmente me ha maravillado!
Besote grande

merce dijo...

Este hombre con agujeros, si, somos un poco...muchos de nosotros, la sensación de abandono...que duele tanto...cansa...mucho.
Hay que ser muy valiente para soplar esos agujeros...y taparlos uno mismo,con agua fresca... por si las palabras guardadas con tanto mimo...ya no están.


Un abrazo grande Susi.

Meiguiña dijo...

¿Cuantos agujeros compartiremos muchos de nosotros con este hombre? Seguramente casi todos.

Existen agujeros que se pueden parchear, a veces tapar y evitar que agriete pero otras veces ...

Real como la vida misma.

Gracias Susi, me has sorprendido de nuevo, es un placer.

Bicos meigos e unha apertiña

Marisa dijo...

Todos compartimos algún
que otro agujero por donde
se escapó algun suspiro,
algún soplo de vida.
El hombre con agujeros
seguirá viviendo aunque
lleve en la espalda
clavado un cuchillo.

Excelente texto,
toca el alma.

Besos y un abrazo fuerte.

Besiños

Lisandro dijo...

de esos agujeros que cuestan llenarlos, y que no se pueden llenar.. todos los tenemos, todos somo en parte un hombre con agujeros!!! pero es preferible tenerlos antes de tener nudos!!! un abrazo!! me encanto!

Carmen dijo...

Te he dejado un regalo en mi blog.

Un beso.

Sir Bran dijo...

A veces se puede ser sólo unos agujeros que llevan a un hombre, son ellos los que están conscientes, los que dictan las normas.
A veces son esas faltas de estanqueidad, las que nos hacen entender el mundo.
Quizá tu hombre con agujeros sea tan sólo una forma de entender la vida.
Una mirada más pausada.
Con la tendencia a no ser capaz de atesorar lo bueno que nos vamos encontrando por la vida.
Bonita metafísica la que se extiende ante este nuevo relato tuyo... evidencia muchas cosas.
Pero sin dejar la belleza de la mano, densando los deseos más alejados de la percepción.
Excepcional tu relatar, como duerme en la agradable costumbre.
Besiños.

sara dijo...

El hombre con agujeros somos las personas en muchos momentos de nuestra vida.

Muchos besos.

Sara

Lucina dijo...

Una belleza,
Sublimes versos.
Un placer leerte Susi.
Un abrazo

Manuel Maria Torres Rojas dijo...

EN TUS POEMAS,VERSOS O PROSAS,VAGAN DOLIENTEMENTE NO SÉ QUÉ MISTERIOS...¡POR FORTUNA SON SOLO TUYOS!

Carla dijo...

Me dio mucha tristeza este relato. Es hermoso, y ese "Siente todavia" me conmovía mucho.

Chousa da Alcandra dijo...

A capacidade de cicatrización dos buratos de cada un de nós é un bo xeito de medir a propia capacidade de supervivencia...
Gustoume moito a foto. Fondura e perspectiva misturadas.

Un bico sentido

sue dijo...

He visto a este hombre repetido en el Paseo del Prado... está oxidado y triste...me preguntaba quién escribiría su historia y mira por donde...

La viajera mas lenta. Madrid Paper Art dijo...

Cuanta soledad lleva el hombre con agujeros...
Me impacta su dolor y tu relato.
Muchos besos
Tati

Lady Hefziba dijo...

Solo estoy asombrada de que relates tal cual a un hombre que conozco, que en verdad tiene una carta vieja y arrugada! y el tiene agujeros por donde se lo mire... Yo impotente no puedo hacer nada, por que trato de tapar mis propios agujeros primero.

Te extrañe un monton!

besos

Agua dijo...

Hola!!! que maravilla poder volver y encontrar estas letras tan magnificas como siempre!!!! Realmente eres una artista con las palabras y tus letras forman perfectas armonias. El hombre con agujeros me ha resultado familiar, casi he podido sentir cada uno de sus agujeros en mi propia carne... los senderos andados desgastan nuestros zapatos y nos quitan las ganas de beber aun sabiendo que ese agua nos haria bien... un beso!!!

Albino dijo...

Todos tenemos nuestros agujeros, casi siempre en el espiritu porque los del cuerpo son faciles de tapar (salvo los imprescindibles y naturales, claro está, porque menudo lío si los tapas).
Pero hay agujeros en el alma que quedan durante toda la vida y en ese caso, de no poder cerrarlos, lo mejor es olvidarse que existen.
Ese es mi deseo.
Un bello poema paisana.
Bicos

salvadorpliego dijo...

Esto suena muy original. Te felicito y lo aplaudo.

Saludos.

Raquel Figueroa dijo...

He llegado a este rincón por recomendación de un buen amigo tuyo, supongo que el mejor... Y lo que pienso ahora mismo es que a veces esas recomendaciones anónimas son las que nos ayudan a llenar nuestros pequeños agujeritos. Gracias.

marea@ dijo...

Quien no tenga agujeros que tire la primera piedra....

Esos agujeros se cubren de polvo, denso con el pasar del tiempo.

un beso.

Domingo dijo...

Todos tenemos vacíos por llenar, todos tenemos mucho de queso Gruyere. Vamos taponándolos como podemos, poniendo parches aquí y allá, pero a veces nos faltan manos o nos sobran agujeros, no lo sé.

rapanuy dijo...

Recuerda a una especie de príncipe mendigo que saltando de charca en charca, de oasis en oasis, busca infructuosamente remendar sus rotos en el ahora y se ve aplastado por la añoranza del recuerdo del ayer.

Saludos.