TORZUDECES

Me siento solo.
Aunque estoy eternamente acompañado, o tal vez por ello.
Por supuesto, él y yo tenemos distintos puntos de vista, con esta afirmación no quiero parecer sarcástico o morboso, muy al contrario, quiero constatar un hecho que salta a la vista.
Me avala cada segundo de nuestro pasado, que a juzgar por el presente, jamás lo fue, sino vivencias aisladas para cada uno, de las que extraemos nutrientes distintos para actuar y dirigir la mirada en el presente. Eso es palpable y fácilmente observable cuando bizqueamos, volviendo loco al que mira, al que intenta entender, al que quiere una aproximación al sujeto que  nos habita, durante una conversación o un cruce de miradas, encontrándose desamparado y en pleno desconcierto. No le envidio nada, yo también me siento así, cuando él se disgrega, se evade en ensoñaciones, deja de ser objetivo y ecuánime, colgándose de sus nubes particulares. Se aferra a la imaginación como si su existencia dependiese de ello. La mía, mi existencia, no se asirá a vanas fantasías, ni a espejismos inventados jamás. Yo soy un profesional, esa es la diferencia más importante que subrayo.
Estúpido fue pensar que tendríamos que ser iguales, sabiendo que la naturaleza es mutante, evolutiva e involutiva. Yo soy la evolución inteligente, él, por el contrario es un bobalicón involutivo que se cree dueño sensible de lo que observa; un iluminado llamado a la contemplación amable de todo cuanto nos rodea. Me harta tener que estar siempre vigilante, pendiente que no fuerce los músculos que tenemos comunes para dirigir su iris hacia el cielo, hacia el mar distante, hacia el hueco del cuello de una mujer hermosa, mecidos sus cabellos por la brisa. Siendo tan amigo de bucólicas fantasías, me siento obligado a atarle en corto, para evitar futuros soñados que pueden hacernos perder el equilibrio, y junto con nosotros a quién le damos nuestra información, que por su parte, siempre se muestra alterada con tóxicos delirantes. No deberíamos ser dos mitades de un todo, sino un todo en dos mitades. Yo soy la parte racional. La sensatez me avisa del peligro próximo, del ruido que precede a los derrumbes, de la previsión de salvaguardar este cuerpo que habito, que aún debería estarme agradecido por estar siempre alerta, oteando horizontes susceptibles de volverse letales.
Al principio lo intentamos. Lo intenté; fingir y realzar las visiones comunes que sucedían ante nosotros, recabando iguales o similares datos, de los que nos felicitábamos, complementando la mirada. A medida que se redondeó nuestra personalidad, quiero descartar algún golpe, arenoso cuerpo extraño, tropiezo de sus pestañas, el terreno fue mutando en yermo, vacío, baldío. Fue adelgazando el hilo que nos unía con rapidez, hasta voltearse en una línea fina, tan anoréxica, que fue borrada en la invisibilidad.
No puedo ceder ante las mentiras que extrae del mundo, somos divergentes ante iguales sucesos. Cada uno es el contrario del otro. No serviríamos para ser testigos en un juicio, seríamos acusados de perjurio. Yo aquí soy el fiable, el certero. Odio su afán de tergiversar la realidad, que es una, única e inmutable. La que yo poseo, por entero.
Trato de remontarme al momento preciso en que pudo cometerse nuestra escisión óptica, abocándome a esta soledad, la del vigía solitario lleno de carencias. Por más que revuelvo en los desvanes de nuestra existencia, ese instante no consciente, huye de mí, tal vez para que la solución no se me revele, cegándome. Continuamos así con el bizqueo, defecto inherente a los movimientos torpes que provocamos.
Esta angustiosa situación no parece tener fin y reconozco que cada vez más, siento ganas de usar una violencia liberadora, frenándome la circunstancia de no poder arrancarme de mi cuenca, estallando contra el suelo. No puedo más que negarle el flujo sanguíneo que compartimos, lo que sería muy cruel, pero demasiado poético; dejarnos secar en el sacrifico mío y en su locura, él. Lástima que no estoy dispuesto a que mi razón, la única en este caso, muera ante blanduras de las que presume. Sería más propio de su visceral teatralidad que de mi mesura. Es un inepto soñador.
Lo intuí al comienzo de nuestra andadura juntos, pecando yo de inocente, ni se me ocurriera que poseíamos distinta naturaleza.
Que lucharíamos en distintos bandos opositores. De esta manera hacemos mal nuestro cometido, por culpa de su tozudez. Nunca he dejado de oponerme, continuaré en el empeño. Hay que ser profesional.
Que seamos de distinto color; uno azul, otro negro, era ya indicativo de las distintas aceras que recorreríamos.
Que seamos los ojos de un mismo rostro, una fatal e irónica coincidencia.
Me siento solo. Muy solo. Demasiado solo… 
Aún, eternamente acompañado.










Susi DelaTorre.






Comentarios

anabel monasterio gar ha dicho que…
Te he elegido, no he podido resistirme ya estás entre mis tesoros...
un abrazo

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