viernes, 19 de febrero de 2016



REGRESIÓN


“Que se cuide la ignorancia del que duerme su vida, anestesiado del sajado propio de la infancia, del clavado de puñales del amor reventado y por fin, del adulto que vislumbra el descanso en la podredumbre sombreada de una lápida.
Que se mime la vida que muestra su estela mientras desaparece tras un océano contaminando cada  segundo de luz impropia, cada minuto presente traidor y la franja que ahoga el futuro que es el mismo velamen en un instante ya sucedido.
Pues la verdad es más mentira que ella misma,  una embriaguez continúa  vistiendo  la mascarada en relieve, que danza con moribunda  decadencia.
Hazte idea, amigo mío, de que la cúspide de la sombra que te contempla mientras sueñas, es aquella que mejor accede a tus pesadillas, la más sabionda de tus ruedas dentadas, de tus tenazas inmisericordes, de cumbre sin eco y éste sin grito, huérfanos somos del vivir dolientes, latiendo, retorciéndonos bajo dolores y alegrías, dichas o glorias. 
Observa el sendero… poblado está de nieblas y malezas, de negras espinas y mil rosas pisadas, camelias podridas y ojos que te vigilan, propios más de animales sin plumas, peces sin garras,  felinos sin cantos y hombres sin almas!
Acaríciate, hombre, dejando el tacto de tus frías manos bien lejano de la cúspide de tu corazón, de ése que reconoces haber anegado en lodo espeso, con la incredulidad de quién desea ser ajusticiado.  
Hazte un ser involucionado, porque volver al origen es lo más sensato,  promocionar los músculos horripilantes que movían al direccionar de las orejas, del hocico, la cola para agradar a un dueño que te somete, infecto correaje de perro trucado, también facturarse del olor a menstruación de hembra para repelerla, mordiendo con salvaje celo, el óvulo que desea recibirte. Involuciona, inocente amigo, para que exonerado quedes de una responsabilidad que no deseas, que no soportas, que no contemplas.
La libertad que tú pides, concedida queda! 
Dame todo lo que desees, insignificante macho humano, lo menguaré en un rincón abuhardillado  en el infierno, dentro un negro baúl con etiqueta. Si vuelves, que no volverás, yo te lo digo, aquí estaré dispuesto para abrirlo, no lo dudes. 
Aunque no promete nadie en tu sedosa custodia;  ni yo mismo ni otro, que la inmovilidad de tus haberes no asome deteriorada y triste; pues asustados y llenos de silenciados chillidos  encontrarás tus pensamientos abandonados en su fondo.
Repletos de  locura, furibundos desatados. Más puede ser que no regreses, desdichado tortuoso  en tu felicidad angosta, satisfecho de tu barbarie, que será lo máximo, lo mejor que un infierno puede ofrecerte.
Loado serás, amasijo de carne. A tu disposición permanezco!


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