domingo, 18 de marzo de 2012

GASTRORESISTENTE




  GASTRORESISTENTE


Tengo el estómago atosigado por un malestar incómodo. Los jugos gástricos corroen y acidifican fluidos, cultivados en los yogures biológicos que Fonso almacena hasta que caducan, igual que el resto de mis caprichos. Los compra para mí que soy su consentida y consentidora. Debería tomar un potente antiácido, lleno de medicamento reparador de vientres internos. A escondidas me administro cosas peores. Ya qué más da. La mayoría de los deseos satisfechos, mueren por rebosamiento.


Mi estómago habla y cruje, gruñe y se voltea llevado por la fuerza que sobre él ejercen los nervios esplénicos, esto lo sé porque aunque Fonso cree que hago solitarios en el ordenador, compro lujosos trapitos de diseño por internet, o reservo sitio en balnearios donde te untan de chocolate adelgazante mientras te administran por vía interna bombones para que el negocio no decaiga, en realidad busco informaciones más prácticas. Lo engaño a sabiendas de que es creíble; me educaron para eso precisamente, rimar rímeles y no sonetos.


Fonso no es mala gente. Me trata bien, vista la fauna que se sucede por este pulido y abrillantado salón; eterno limpio sobre limpio. Qué irónica, socarrona, cínica o despechada soy. Hablar de limpieza en este lugar, en esta vida, es un guiño al buen orden universal. Obsesiva la manía quitamanchas de su dueño, al igual que la exigencia de que conserve la belleza que todavía desea ver. Por el contrario, está ciego ante el desánimo que me ocupa. Mantenimiento despiadado y desgarrador. A él le sirve en su ocupación. Su oficio no es el más habitual, respetuoso o digno de publicar a viva voz en medio de una fiesta benéfica, pero lo ejecuta bien y eso es una premisa importante. Higiénica actuación sobre higiénico objetivo. Todo el mundo debería aspirar a la impecabilidad profesional. Yo la alcanzo. Así soy.

Profesional. Alta, morena, bronceada, hermosamente curvilínea.
Profesional.

Mujer experta, cualificada para el empeño que me ocupa. Conocedora y autodidacta de sí misma. Vigilante eterna del tono de voz en momentos adecuados, del tacto preciso, de la caída de pestañas correcta. Conveniente como bolso de mano, como ordenador de a bordo, complemento perfecto de reuniones inclasificables. Espía incombustible de mí misma. Buena retribución consigo por ello. El mantenimiento está libre de costo. Mi nómina es dinero negro que gastado por mis manos, se blanquea al igual que la lejía limpia de pecados la bañera de los crímenes recientes. Disciplinada y constante. Perfeccionista y sacrificada. Inteligente para no adquirir adicciones que versionen degradaciones de mi imagen, ni muestren otra mujer a quien no deseo parecerme. Este saber estar, obliga de un mantenimiento interno del que me ocupo y externo, del que permito me ocupen. No existen borborigmos audibles en mi actuación diaria. Fascino porque poseo esa mezcla de enigmático misterio que sustituyo después por erotismo combativo. La belleza tiene desde tiempo inmemoriales, un valor económico. Los hombres me exhiben aún sin querer mostrarme a los ojos de los demás. He pasado más tiempo en una camilla de masajes, tomando dulces cócteles en piscinas climatizadas, sudando toxinas en la sauna o estudiando mis propios movimientos frente a un espejo, que durmiendo, pasando enfermedades o dejándome amar por hombres desechables. Hasta que llegó Fonso.

Sé que no es amor, pero se parece tanto...

 Mi piel es elástica, suave, llena de grosor celular sano que haría las delicias del tacto de quién se acerque con intención de estimular su centro de sueños. Hasta el peor criminal necesita soñar o soñarse buena persona. Me convierto en la toalla que se empapa de la furiosa amargura ante la vida, para dejarla cálidamente almidonada. Manicuras en las heridas, para disimular. Pero nada es casual, repite él aún sin estar presente, y contornea mi figura con la yema de sus dedos. “Linda…linda…linda…” musita mientras me recorre sin prisas desde la punta de un mechón de cabello hasta más debajo de la rodilla, a donde se abrazó el primer día para luego comprar mi permanencia. Sus manos sirven para múltiples actos, de diferentes naturalezas: dar vida a mi placer y desposeer del hálito vital al contrario que se delata. Lo exponen sus fríos ojos y sus grandes manos; actúan implacables ante el enemigo. Desvelar el armamento demuestra honesta sinceridad ante los que te miran. La victoria con reconocimiento en mayúsculas. Los matones que se pasean tras de mí, delante y a los lados, la ocultan bajo la chaqueta; yo la adelanto a cada paso. Mi pasado de muñeca compartida pervive en ocasiones, reconvertido en un estilo de geisha con exclusividad para su dueño.


El retortijar parlante de mi saco alimenticio, sucede por otra cuestión. Entre los años que resisto este lujo, al borde siempre del peligro sin detenerme a sopesar en que pudiera revolverse, Fonso ha tenido otras muchas mujeres. Sé el lugar que ocupo entre el desfile de féminas carroñeras. Mujeres en plural. Nada singulares, ni raras, ni especiales, ni amenazadoras para mí, ni amistosas ni con capacidad de volverse cómplices. Simples mujeres en anatomías femeninas. De todas las clases, formas y colores. Con voces dulces o chirriantes, con lenguajes cuidados o soeces. Con accesorios amatorios adecuados o inadecuados, con besos incluso en los que he intervenido. Agradar al amo es tan fácil para mí como desconectar el botón de apagado de cualquier electrodoméstico. He escogido ser autómata en catres compartidos, pues es habitual y los costosos negocios, se desarrollan a ritmo de orgía si se ejecutan con fluidez. Con el sonido de fondo que producen los hielos, banda sonora cristalina. No olvido quién mantiene este paraíso de brillantez dorada. Gastroresistente he sido hasta que pronuncio estas palabras. Ningún ácido delito del que fuera conocedora provocó úlcera alguna en mi pared interna. Es gracias a los ansiolíticos que respiro, caprichosa y mimada gata, me digo, antaño callejera. Me niego a verlo como jaula o cárcel. Mi libertad está bien escondida para ejercerla sin que nadie repare en ello. Una decisión personal calculada y fría, incluso viscosa.


El espejo hoy me ha devuelto una juventud que va descubriéndose en tono crepuscular, prometiendo quedarse durante una larga temporada en nuevos rictus nasolabiales y ojerosos. Sirven todavía los tratamientos botulínicos con precios asumibles, tapados con toda delicadeza. La duda nace y la afirmación solloza duelos en el pecho. Mi dueño consentido y consentidor ha mudado su tiempo de ocio amatorio por un nuevo juguete, lleno de vida en energías juveniles, aunque debería tener literatura en forma de prospecto e indicación de uso y disfrute. Increíble la nueva chica con su alta capacidad sinusítica. Nos traerá problemas. Lo sé, lo he visto en otros siliconados regalos desenvueltos en esta enorme casa. Una mujer con el tabique nasal deteriorado es igual que una mujer encelada y rabiosa. Nada digo, a no ser que él pregunte mi parecer. Me palpo el vientre sobre la ajustadísima falda, pequeño, duro, testarudo, activo partícipe de mis caderas. Parece que mi nivel en este hábitat mudará enseguida; también, por desgracia lo comprobé cuando yo misma desbanqué a la antigua amante que se vio relegada al protagonismo que ninguna de nosotras desea.

Recuerdo que la conocí ya muerta, rellena como un pavo de navidad. Un fallo, dijeron. Algo así como un nudo que se rompe, o un inesperado e infalible jugo clorhídrico.

Es cierto que viajar me encanta. Lo repito y me lo creo. También es verdad que él me ha llevado a casi todos los lugares del mundo, aunque el tema cultural le cupiera en la uña del dedo meñique, dándome más hambre que saciedad. No podía ser todo tan perfecto, un hombre de negocios es un hombre de negocios, no un filósofo intelectual que ejerza riendas sobre el conocimiento.


Así que no me cogerá por sorpresa su propuesta. El germen en su cerebro fue arcaizándose hasta formarse pétrea decisión. Tal vez su último entretenimiento le ayudara bajo el disfraz de la conversación intrascendente en apariencia. Me citará al despacho, por cierto, decorado por mí. La excusa será que tenemos que hablar, que ya es por sí, una frase que acompaña a los peores momentos de una relación, sea cual fuere su razón de existir. Ahora mismo, la suya está obnubilada en el movimiento en tijera. Otros separadores y acogedores muslos.


Existen propuestas que no deberían existir. Existen órdenes que no debieran producirse. Existen tratos justos e injustos. Mi turno ha llegado. Supongo justicia.


Decía que me gusta viajar, es más, diría que vivo para ese momento, el que me permite llegar a un camino, recorrerlo y posarme en el destino elegido con la alegría contenida de quién se ha situado siempre allí. Nunca soy turista ni visitante, sino mimética al empaparme con el paisaje.


Claro que llevar bolas de droga en el intestino e incluso más allá del estómago, sí que transforma un viaje; puede ser una circunstancia incómoda para respirar desde el abdomen, como indican los buenos consejos de gurús del bienestar y el espiritualismo. Eso sí, seré la mulera más hermosa, culta y con la piel más cuidada del mundo. Ya sea sin cárcel o con vida. El acomodo está en consentir desde siempre, que constituya el margen de la responsabilidad adquirida. Menos mal que me encanta viajar.

Y que tengo un estupendo protector estomacal.

12 comentarios:

Rapanuy dijo...

Cuantas vidas desconocidas y opacas deambulan entre nosotros viviendo continuamente al borde del precipicio.

Me gustó como siempre... O quizás un poquito más.

Besos.

Carles Valls dijo...

Podría hacer un libro de tu blog. Yo aproveché una promoción de Printcolor para publicar gratis un libro de mi blog.

Te paso el enlace por si te interesa:
http://www.tengomilibro.blogspot.com

MariluzGH dijo...

Envuelves las historias de una forma tan elegante, tan absorbente que cuando nos llevas al final nos quedamos embobados, boquiabiertos y "ojipláticos"... ¡¡qué cosas se te ocurren!! (afortunadamente, claro)

abrazos :)

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre diferentes y evocadoras las palabras que nos dejas.

Saludos y buena tarde de domingo.

King Kong dijo...

Después del día escribiendo código, y perdido entre los controles, variables y errores, entra un recuerdo y me pregunto, ¿que estarás haciendo?
Leo arrastrado por tu voz en un lodo espeso sin fondo, de cosas que no entiendo, o no quiero entender, que me engulle lento hacia el estrecho nudo sin nombre del reloj de arena.

La atalaya de la bruja dijo...

Magnífico relato, nunca defraudas, estas a mil kilomentros, en la estratosfera de los buenos escritores. Enhorabuena.

40añera dijo...

Es un placer engancharse a tus historias, esta por cierto es magnífica
Un beso cielo

Elen dijo...

La mayoría de los deseos satisfechos, mueren por rebosamiento...
Me lo repetiré para que cale hondo!
Un beso grande hadita!

MA dijo...

Hola Susi buen relato un texto magnifico ... historias de la vida...que suceden muchas veces por las circunstancias que envuelven a las personas y a las mujeres más por ser mujeres lo tienen más difícil el caminar por la vida al borde del precipicio muchas veces se asoman para sobrevivir o crucificarse en sus vidas.

Un abrazo de MA.
El blog de MA.

Mario dijo...

Siento tardar en comentar este texto. Esta vez, créeme, llego tarde por mi despiste, que no desmemoria. Pensaba que ya había disfrutado de este relato, pensaba que, incluso, podía habértelo comentado nace tiempo, pero como el destino está escrito y los relatos están cargados de pasado, ahora, con mi presente me presento ante tu texto, o algo así.

Me ha gustado, como siempre. Tus personajes viajan solos al encuentro de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, de los miedos que nos acosan, de los castigos a los que nos somete el no saber qué va a ser de nosotros cuando nos sumergimos en tus relatos. Pero, también como sucede siempre, encontramos la salida que nos permite reflexionar sobre lo leído, y jugar a pensar qué sería de nosotros sin tus escrituras, sin tu danza con las letras.

Otro tema que no necesita una renovación: la atmósfera que creas es única, cíclica, no das respiro, y tus textos, sin embargo, mira tú que ambivalencia, son los aires que necesitamos para elevarnos, para respirarnos.

Y otro tema, para ir cerrando este comentario, es la foto con la que nos anuncias lo que se nos viene encima. Me he quedado ahí, durante un rato, limpiando las heridas a tu crucificada, o crucificándome por ella, o ayudándola a descender de ese cielo de madera y martirio. Así que gracias por tus aciertos retóricos y por ese punto de mirada tan acertado…

Un abrazo, Susi, y gracias por este texto y sus imágenes…

Mario

Anónimo dijo...

La "r" vibrante entre vocales se escribe "rr"

GASTRORRESISTENTE

Jordi P.

Susi DelaTorre dijo...

Muy cierto, Jordi P.

(Tal vez... la intención, pudo más...)