miércoles, 30 de noviembre de 2011

Féretros descuadrados.






Rozando fondo.


       Hoy haré que el cielo sea brillante, soleado. Cuando recorra el sendero bajo los árboles, la brisa me acariciará el rostro, incidiendo los amarillentos rayos sin llegar a molestarme en los ojos. Sonreiré a todos cuantos encuentre en mi camino. La señora del perro, el señor con corbata, el niño con mochila, la niña, sus coletas, la madre con bonito escote.


Hoy no va a ser igual que ayer, que me derrumbé y lloré sobre este suelo lleno de tierra, parodiando una imagen de mí mismo que jamás deseé otorgarme. Me averguenzo de ayer. Hoy será diferente. Cierro los ojos con fuerza, buscando una concentración que visualizo en el centro de una espiral que gira, como el remolino de agua que se pierde por un agujero. No quiero pensar más, voy a abandonar y esforzarme por sentir esta mañana, el placer de hacer footing antes de… por ejemplo, ir a trabajar; o dejar a los niños en el colegio; o volver a casa con dos cruasanes y un periódico. Qué suerte, cuantas alternativas tengo; ante mí, se extiende la creación. Soy un dios. Eso sí, pequeño, encerrado y miserable, con pocas perspectivas de futuro, pero un dios, dueño de mi mente y del tiempo para recrearme en… ¿qué serán? ¿Tres metros por dos?

¿Tal vez un poco más? Bueno, Jose, no te preocupes, todo irá bien si haces entrenamientos, me digo. Y los hago, mentales y físicos, en la medida de lo posible. Lo dicho, ayer no pude continuar con el trote rutinario de primera hora. Me sentí débil y desamparado. Deberia ser más flexible conmigo mismo, pero es dificil mantenerse con disciplina en este zulo.

Por eso hay que concretarlo con guía férrea.

A veces pienso que no puedo respirar, aunque sé que hay una rendija de ventilación en uno de los muros. Estoy encerrado en un cubículo que me hace sentirme ciego y sordo.
Volvamos a la carrera en el parque. Está al lado de mi casa. Dejo a Clara durmiendo, con su melena rubia desparramándose sobre las sábanas, con sus piernas ligeramente abiertas, lo justo para rozar lo incitadoramente vulgar ante el ojo que la observa, el mío. Nunca antes me diera cuenta de cuan necesaria se me ha hecho y cuanto he dejado de decirle. Calla, calla, corta el hilo fatal de esos pensamientos. No te hacen bien.

Vale, vale, no seas grotesco, Jose.

Pasea por aquí la señora con su perro, algo que sucede todos los días, pero en la que no reparara, me pregunto porqué razón. Ella es insignificante, por su edad, por su constitución, por sus ademanes; su perruno accesorio tampoco ha merecido mi atención, al no ser la imprescindible para no pisarlo ni tropezar con su cuerpecillo. Es de una raza indefinida, pequeño, de los tantos que siempre he odiado, encontrándolos ridículos. Se sienta todos los días en el mismo banco de madera y del bolso, saca la misma revista ajada, con bordes arrugados, delatores de humedades excesivas; nunca le dirigí la palabra. Si ella lo hizo alguna vez, me hice el distraído, sordo bajo los auriculares a todo volumen con beethoven metal, impasible hasta que comencé a visualizar el parque desde aquí, dónde el aire me falta y la luz no existe.
Ahora me doy cuenta de cosas que antes se me pasaban. Ha sido a fuerza de rememorarlas, en lo que creo que son las horas primeras del día. ¡Qué daría yo por una radio, por un calendario, por una ventana! Ya vale. Sigo cruzando el parque, un errabundo recoge algo de la papelera de la zona de los niños. Algún bocadillo mordisqueado. Algún zumo mediado, fruto del hartío de un estómago chico. ¿Eso lo he visto yo? Y no hice nada, no sentí ni extrañeza, simplemente recordé olvidar. Curioso que vea con nitidez, en este agujero bajo tierra, escenas que sucedían a plena luz del día. Delante de mis pies, que se esforzaban por pisar el sendero bordeado de verde césped. Estaba atascado, consciente o inconscientemente, pero entorpecido.

Al igual que fingía ante ella no conocer su “affaire” con aquel que le devolvió la sonrisa. No sólo la horizontal, también comenzó a arquearse, burlona, la vertical. Estaba claro que no fue por mí, que no había hecho ninguna clase de esfuerzo por mejorar nuestra vida. Apático. Eso, yo, mi retrato.

Sí tuviese un pitillo me lo fumaría. Así que coloco los dedos en uve y en pose teatral me llevo uno imaginario hacia mi boca.
Aspiro aire condensado pero sin nicotina y lo suelto, ese humo que revolotea.
No, Jose; que estás haciendo ejercicio, aunque tus piernas estén quietas.
Aplasto la colilla invisible contra la pared.Estoy decreciendo en velocidad y fuerza a lo largo de esta imaginaria mañana; he dejado a una mujer tumbada entre las sábanas de mi cama, con sonrisas ajenas, sólo por la efímera nimiedad de ser mentira.

Vuelvo a retomar el sendero terroso, sin césped intruso bajo mis tenis, que recorren canturreando vericuetos entre troncos; a lo lejos los ramales verdes me saludan. ¿Puse viento? Creo que sí, una brisa que refresca esta frente rota. Si, tengo una herida, fruto del momento del secuestro. Pero no quiero divagar con eso, no voy a recrearme.

Necesito tener un orden en mis prioridades, como son: recordar quién soy, lo que me gusta, quienes son los seres a los que quiero, lo que me define como persona, mis horarios, mis comidas… quizás este encierro se dilate en horas, tantas como hojas susurran a mi paso de trotecillo ligero. Cierro los ojos y siento el acolchado de unos deportivos que deben estar ahora mismo en el armario, en el de Clara y mío.

No, el secreto para sobrevivir es mantenerse fuerte. No puedo dejarme vencer por el desánimo y pensar en ella me desequilibra. Quizás debiera dejar este parque y pasar por casa, enredarme entre su pelo y olvidar esta pesadilla.
Ahora, es igual a sentirse desnudo de una vida anterior, me han despojado de todo rastro de civilización, convirtiéndome en una esencia compacta de mi yo, ese desconocido. Aquí estoy, entre cuatro paredes, privado de voluntad, de espacio, de seguridad, de libertad.

Todo es prescindible menos el pensamiento.

Sobreviven los fuertes, los tenaces de razón. Aunque me convierta en un guiñapo por la inmovilidad, aunque mis músculos se suelten de los huesos y cuelguen como pellejos de corteza. Tengo que
resistir sin la base de la pirámide de Maslow, mierda de teoría…
Continúo en este féretro descuadrado. Una bombilla me ilumina, día y noche, otorgándome la ignorancia del cerebro que no ve, del prisionero encapuchado con luz. Una luz mortecina, apagada, umbría, triste, vestida con vidrio sucio. Ella también está apresada junto a mí.
A menudo la balanceo, creando un baile que me hace sentir que un sol nace por el lado Este del muro desconchado y muere, sin duelo; bello ocaso naranja y fuego, en el lado Oeste.

Cerca del jardín que cansa mis piernas, existe un viejo café en el que me gusta leer el periódico de primera hora, todavía lleno de sudor, con el regusto de quien ha realizado una hazaña, imponiéndose a la naturaleza vaga del domingo. Me pregunto porqué pienso que es domingo. Alguna percepción extraña, tal vez el deseo de ese día libre. Clara solía levantarse tarde, tal como ahora mismo yo la abandonaba, con mi capucha y mis auriculares, escuchando música que sabía ella odia.

Otra cosa que nos distancia.
Dirijo mis pies hacia allí. Ha cesado la brisa, unas marchitas flores adornan la superficie pulida de una de las mesas de la terraza. Han sucumbido bajo las ráfagas, que he creado fuertes entre la espesura de los árboles perennes. Las aparto con la mano, con la máxima delicadeza que consigo transmitir con el pensamiento.


Qué fuerza tiene esta mente, capaz de recrear algo que es absurdo, abstracto, abstraído de veracidad. Dudo entre un café capuchino y un vienés. Dudo entre un jornal local o nacional. Dudo si viene a atender esta mesa, adornada de otoño, una chica rubia o morena. Mejor morena. Así no me recordará a Clara… No, Clara… vete, desaparece de este café; estás dormida, ojalá pensándome.

Pues ha llegado morena, con pelo largo y liso, como recién peinado. Aporta una sonrisa a esta recreación mía. Tengo los ojos cerrados, las rodillas orientadas hacia la frente. No deseo mirar hacia la cara de ladrillos desportillados que me miran desde el tacaño espacio que alimenta mi sufrimiento.Con los párpados unidos al resto de mi piel es mucho más fácil soñar y evadirme. De las paredes de este zulo, del ruido incesante que arriba ahoga los gritos que ya no tengo fuerzas de emitir. No. No puedo pensar en eso… ella espera mi respuesta a su obligada pregunta. Un café, por favor, muy caliente, por favor y… por favor, intenta que yo encuentre en tus manos algo lo suficientemente cálido y amable para no divagar con el presente, lúgubre y ennegrecido, y seguir en este espacio que he creado, sentado en esta terraza, bajo tu sonrisa y tu tono de voz que escucho como verdadera.
Se da media vuelta y ya vuelve. Demasiado rápido para sentirme atacado en la cortedad de mi mente, quizás ha sido iniciativa propia, quién sabe. Vuelve y se apoya en el mármol de la mesita.
_ ¿…Y no prefiere un buen chocolate?_ indaga_ puedo facilitarle también un periódico…
Un chocolate caliente, una sonrisa amable, unas manos llenas de tinta y noticias que serán optimistas y confeccionadas a mi medida. Casi me quedaría aquí, paladeando y dejando que se deshagan los malos augurios. Abandonando las ganas de luchar, de volver a mi vida, de desear con todas mis fuerzas levantar las sábanas y encontrar la piel que se roza con la mía, confianza plena, aunque luego lo haga con otra.
Abro los ojos para romper el hechizo. El ruido de mi cielo empedrado parece rugir ensordecedor y amenazante. El volumen convierte en asfixiante el aire que exhalo, el rítmico golpeteo se ha incrementado. He tratado de pensar en todas las variaciones que se suceden desde estoy aquí. Desde que la memoria lo tiene registrado. Buscando una secuencia lógica que me otorgue pistas para crear un hilado temporal.
No han parado en ningún momento. Aunque han tenido acallamientos sin llegar jamás al silencio total. Me acompaña su zumbido, sus chasquidos, sus registros, síntomas de interferencias entre las cadenas. Adivino que puedo estar bajo el suelo de una fábrica de producción, de las que sostienen tres turnos perpetuos, con la salvedad de avería o descanso de una de ellas, tal vez por necesidad de mantenimiento. Sería lógico el razonar que sea domingo, día que menos ruido se hace, que menos se trabaja; dedicados a tareas de revisión o limpieza; pero dudo de mi raciocinio. Mi nivel de stress no promete ser el marco más adecuado para resolver acertijos.
Sabía que gritar no me serviría de nada, pero lo intenté durante varios días, rompiéndome la garganta hasta sangrar los labios de las dentelladas inútiles y desgarradoras de autocastigo.


Estaba a oscuras cuando desperté. No recordaba lo sucedido. Desde aquella, han encendido la bombilla durante seis horas al día. Lo sé porque he contado cada segundo, hasta hacer una previsión de la noche, del día, suponiendo que la enciendan siempre con temporizador. Así, conozco la mínima expresión de una condena que me acalla sin censuras, sin rebatir opiniones, sin cuestionar lo que yo pudiese decir o replicar; sobre nubes lumínicas en las que vuelo, o una visión aproximada, por consuelo.
De doce del mediodía a seis de la tarde. Insignificante a la hora de reflejarse en un gasto eléctrico en estas proporciones.

Es el horario otorgado para que mis ojos distingan el cuerpo, mientras el resto del tiempo, cedo a la falsa percepción de haberme diluído en la espesa oscuridad. Las tinieblas son negras, sin hilados luminosos que vistan el recortado de este encierro. Mi cuerpo se licúa. No encuentro mis límites cuando la oscuridad me rodea. Mi silueta se desdibuja al no distinguir mis contornos. Desconocer, agitando mi mano ante mis ojos, si lo hago o si sólo lo intento, permaneciendo en la incertidumbre pues no tengo referencia externa, me sobrecoge con angustiosa navaja clavada en la boca del estómago. Soy un ente negruzco y sombreado que huye de contenciones en aureola humana.

Concibo el sabor de la bebida. Anochecida y oscura, lava caliente, olor y alma de misterio, de máscara vudú, de selva, de libertad de fiera salvaje, de cacao con toque de vainilla.
Aspiro, aroma de refugio de invierno; alejándome total y definitivamente de la humedad que rezuma entre estas paredes. El olfato es otro de los sentidos que son susceptibles de engaño.
La mente puede mucho más.

Bloqueando realidades.

35 comentarios:

Sir Bran dijo...

La vida se puede concebir desde una perspectica muy particular, y tú lo haces estupendamente... y al igual que esa melena se desparrama sobre las sábanas... los adjetivos hacen otro tanto en este fresco y radiante relato. No dejas de sorprender, de crecer literariamente... te superas a ti misma en cada vez.
Y en lugar de licuarte... te consolidas como escritora.
Un verdadero placer leerte.
Un beso enorme.

Susi DelaTorre dijo...

Sir Bran, que placer saludarte bajo estas letras!

Siempre tan cercano... descubriéndome con otros ojos.

Recibe mi abrazo lleno de fuerza!

El Drac dijo...

Al margen de tu estado de ánimo, me gusta mucho tu manera de relatarlo; que no te sume en depresi´pon sino que te la hace ver de una manera cálid.

Un gran abrazo

Susi DelaTorre dijo...

Una mente práctica, siempre rastrea recursos, Drac!

Gran abrazo!

Rapanuy dijo...

El poder de la mente. Aquí se demuestra la capacidad creativa del cerebro para enfrentarse a situaciones desesperadas y sobreponerse a las adversidades de la vida.

Abrazos.

Susi DelaTorre dijo...

La mente es aliado o enemigo. En este caso, un gran recurso.

Sobrevivir es el objetivo.

Abrazos, Rapanuy!

Marisa dijo...

Aunque hallarse privado de luz y aire
no es vivir,una mente fuerte y creativa quizás llegue a soportar ese infierno que también describes.
Como siempre con tu desbordante imaginación has sabido sumergirnos
en otro formidable relato.

Un gran abrazo.

Susi DelaTorre dijo...

Mil abrazos necesarios!

Marisa, gracias por hacerlos posibles!

Marián dijo...

Si todas esas elucubraciones mentales, Tarantino supiera transmitirlas en imágenes, sería un Dios. Así, con mayúscula.

¿No puede secuestrarse la mente, el pensamiento? ¡quizás sea cuestión de tiempo¡ No lo sé...
Susi, un gustazo, como siempre, leerte.
Besos.

VICENTE dijo...

ME ACUESTO EN ESOS TES METROS POR DOS, SUEÑO Y VIVO EN SU MELENA RUBIA.
SUS OJOS. SOBRE TODO SUS OJOS . AZULES COMO EL CIELO, EL MAR.

SOLO TU ERES CAPAZ DE DAR VIDA A ESTOS PERSONAJES.

FELICIDADES. ME GUSTA ESPECIALMENTE

Lesbia Quintero dijo...

Hermoso relato colmado de imágenes líricas, y algunas veces crípticas. El ritmo dinámico remite a una carrera desbocada ¿hacia dónde va el personaje? Tal vez solo va detrás del viento, y de atardeceres naranjas. Bello, Susi. Adelante con la escritura. Un abrazo gigante desde Venezuela.

Ricardo Miñana dijo...

Hola amiga, espero que estés bien,
deseo tengas una bonita semana.
un abrazo.

Susi DelaTorre dijo...

Marián,

me ha entusiasmado lo que dices de las imágenes, me gusta pensar que es un pequeño guión cada relato que escribo.

Abrazos y gracias por leerme con tanta atención!

Susi DelaTorre dijo...

Vicente,

Continúo definiendo tu comentario.

Gracias por azulear miradas!

Susi DelaTorre dijo...

Lesbia Quintero,

¡Tú comentario tiene tanto valor para mí!¡Gracias por las palabras que refuerzan estas letras...!

Susi DelaTorre dijo...

Buenísimos días semanales, Ricardo Miñana!


Me encantan tus visitas! Abrazos!

Marlene Denis dijo...

En resumen: magnífica narrativa!
Un abrazo!

Marlene Denis dijo...

En resumen: magnífica narrativa!
Un abrazo!

Susi DelaTorre dijo...

Un abrazo y bienvenida, Marlene Denis!

Albino dijo...

Como siempre, todo lo que escribes está muy trabajado en la forma y en el fondo. Las frases de tu relato no solamente traen una idea a mi memoria, sino varias que podrían convertise en novela o incluso en guión cinematográfico.
Tienes madera de escritora y lo estas demostrando en el blog. Ahora espero que llenes las hojas en blanco de un libro, pues bien merece contener tus ideas.
Con mi cariño. Albino

Carlos Gamissans dijo...

Magnífico relato, muy bien escrito. Siempre es un placer leerte.

¡Saludos!

Susi DelaTorre dijo...

Albino,
gracias compañero de letras, tus ánimos me ayudan a crecer.

Te envío mi mejor sonrisa!

Susi DelaTorre dijo...

Carlos Gamissans,

recibo tu comentario con mucha emoción!

Un beso.

Mario dijo...

No sé qué debería decirte, o escribirte, o exponer, o comunicar a otros para que lleguen, lean, comprueben tu maestría como domadora de palabras y salgan de aquí con las ganas renovadas de querer escribir y con la promesa de desear regresar algún día hasta ti y tu literaturiedad.

Los estados anímicos son los mejores consejeros, las mejores musas, el punto de partida para acabar concibiendo una historia sin igual. Un cuento que no se repite nunca en otros de los que nos muestras, unas historias únicas, un sabor de boca que se convierte en único cada vez que deslizamos la mirada por tu cuerpo escrito. Eso sí, y también, no veas con las imágenes que escoges para adornar, bueno, adornar, adornar... tus textos. Si un podólogo ve esos pies, puedo asegurarte que cierra la consulta y pone un circo a lo Alex de la Iglesia, pordiós.

Y otra cosa muy cierta, releer alguno de tus textos es casi necesario. Porque la densidad de tu población literaria, la cantidad de personajes, o no, no la cantidad de personas que van y vienen por los derroteros de tus emociones sino lo mucho de todo que hacen tus personajes, o algo así. Sé que quizá no me explico bien, pero vamos, conocer un personaje de los tuyos hace que vuelvas otro día a ver si sigue igual de mal, o de bien, o de regular. Una sensación que se convierte en extraña cuando convierto yo, como lector, a tus protagonistas en amigos, o familiares y ya me preocupo por lo andarán haciendo allende tus historias.
Pero no te asustes, que si no me entiendes, yo te adjunto en el próximo comentario o a vuelta de correo-e un solucionario.

Leerte es el mejor abrazo, aunque acojones un poco, algunas veces... pero eres tú, Susi, tú...

Te dejo un abrazo, de los leídos.

Mario

(Y felicidades)

Céfiro dijo...

En este tipo de relatos es tan importante como el contenido, la forma. Y la tuya envuelve y atrapa. Un saludo.

Susi DelaTorre dijo...

Mario,
yo sí que no tengo palabras que se correspondan en justicia con las tuyas...

Quedo pendiente del solucionario!

Varios abrazos, secuenciales!

Susi DelaTorre dijo...

Céfiro,
Bienvenido a mi papelera...!

Ricardo Miñana dijo...

Aquí de nuevo leyendo tu extensa narrativa, escribes inquietante.
con mis mejores deseos para estas navidades
¡felices fiestas!.

Juan Escribano Valero dijo...

Hola Susi: Aun cuando en mi blog ya he puesto una felicitación para todo el que me visite a los amigos quiero hacerlo de forma personalizada.
Que el Jesús derrame su Amor sobre ti y todos los tuyos.
FELIZ NAVIDAD
Magnífico relato que nos sume en diversas sensaciones.

marea@ dijo...

Feliz NAVIDAD 1 beso

Manuel Maria Torres Rojas dijo...

Querida Susi: ¡Cuán amable eres! Ahí va mi felicitación:

Hay quien prefiere “recordar y soñar” antes que “mirar y ver”… ¡que cada uno siga su camino, que es el bueno!

A todos cuantos vagáis por las tierras y los mares y los soles y las lunas, en el confín de este año que ya casi no es, os digo de corazón:

¡Cuidad bien del año que viene, ese que llaman 2012! ¡No turbéis su paz! ¡Saludadle al alba de cada amanecida suya!

¡No! ¡No digáis luego que no os lo dije! ¡Os cuento la verdad resplandeciente!

Un buen abrazo,

Manuel

Ricardo Miñana dijo...

Hola que disfrutes estos días de fiesta,
y para el nuevo año que llega se cumplan tus ilusiones.
¡¡feliz año 2012!!.
un abrazo.

Susi DelaTorre dijo...

A todos, les hago llegar mis felicitaciones por las fechas que nos ocupan!
Gracias por estar siempre a mi lado, por venir, por tomaros la molestia de comentar, por leer mis largos ( casi siempre) relatos... no dejo de asombrarme al veros aparecer en este blog!

Gracias por ser mi motivación y mi incentivo!

Grandes y fuertes:
Besos y Abrazos!!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Duro el texto y los razonamientos que nos has dejado. Como siempre un placer haberme pasado de nuevo por tu casa.

Feliz año nuevo y un abrazo.

Juan Escribano Valero dijo...

Hola Susi: Primero ¿Qué tal estas Navidades? ¿Te han echado muchas cosas los Reyes? Me dará mucha alegría si la contestación a estos interrogantes es positiva, yo lo he pasado muy bien y los Reyes han sido muy generosos con migo.
Un fortisimo abrazo