lunes, 6 de diciembre de 2010

Custodia desleal.


Ángela se coloca exactamente bajo el quicio de la puerta. Ángela sabe que en la intersección geométrica de tales rectas, verticales y horizontal la voz del móvil viajará de forma cómoda, fuerte, segura.

Ángela trata de no respirar apenas mientras le alcanzan las inflexiones vocales de quién desliza oscilantes ecos a su teléfono; por no perderse nada. Por encontrarlo todo. Lo agarra bien para evitar que escape; necesita una y cada una de sus palabras. No importa que el lenguaje que emplea el letrado sea insulso y monocorde. Tampoco el regusto metálico de operador, porque esta mujer que ha señalado en el suelo un punto con fluorescente spray, se reconoce precisada de esa voz.

Y sabe que nada puede ir peor.

Quieta, procura no respirar mientras cierra los ojos. Es complicado sentir lo que siente mientras oye lo que oye, bajo la presión de no llegar a entender lo entendible. No puede dejar de sentir, pero tampoco de pensar en que, en el momento de su réplica, deberá mostrarse capaz, lúcida y sobre todo, cuerda.

Ángela cree no conseguirlo en alguna ocasión, pero hasta el momento considera que ha zafado bien; así que continúa representando el personaje que siente, escucha y en determinado instante, contesta con un mínimo de brillo.

Resuenan frases legales mezcladas con palabras biensonantes, llamadas a esa calma que obedece ante lo bien hecho, hablado o anteriormente escrito. Mutilando o sin mutilar lo firmado. A veces, se distrae tanto con la respiración de quién contesta del otro lado del hilo invisible, que olvida el porqué le necesita. Un abogado. Éste abogado.

“Le llamo, porque quisiera tramitar el cese de una custodia compartida”

Fueron sus palabras de presentación. Antes diera sus datos a una grabación femenina que le requirió desde su fecha de nacimiento hasta casi, talla de zapatos. “Será para colocarse en mi lugar”, bromeó ella consigo misma, “es buen augurio”. Después de esa frase, un aluvión de consideraciones impersonales pero personalizadas. Preguntas sobre el antes, el después, comienzo y final, no consiguieron cegarla ante la luminosidad masculina de aquella voz que se destilaba gota a gota desde sus oídos hasta el hondo secreto de su maquinaria interna.

No pudo negar que adoraba a Rido, lo que era lógico porque era un ser pequeño, débil y solitario. Porque tenía una mirada desvalida y unas orejas vagabundas, demasiado grandes para un perro de tan pequeño tamaño. Porque era suyo. Ricardo se lo entregara una mañana, transportado desde la perrera hasta los bolsillos de su chaquetón azul.

Apenas asomó el pequeño hocico ennegrecido, venció su promesa de peluche juguetón y alegre. Un amigo que le acompañaría en mañanas interminables que aferrada a la ausencia de Ricardo, abandonaba el mal vicio de tomar café, por fumar, cafeteando en grandes dosis, para abandonar el malísimo vicio de fumar. Convaleciente de la última operación, se habitaba entre la movilidad del sofá de tres cuerpos y la mecedora del porche. Allí encontraba bastante sol pero nunca paz suficiente para atenuar pensamientos incómodos. La llegada de Rido fue una introducción agradablemente extraña en su rutina matinal. Por las tardes era Ricardo el que lo paseaba, llegando a aburrirse de sus incesantes lametones; saltos y asaltos a los vagabundos gatos que circulaban confiados, desconociendo su presencia.

Ahora, debajo del quicio Ángela se desquicia. Nada puede ir peor, se repite.
El final asalta su recuerdo; cuando Ricardo se desalojó, sustituido por un ser que aprendiera a irse de casa, olvidando volver. Viajando hasta otras direcciones. Los silencios crecieron mediante mando a distancia. Tal vez la decisión de no tener hijos fue un detonante. O un motivo. Quizás una excusa. "Somos mayores", le dijera él. Ella dejó que la decisión maternal la guiara hacia una orilla llena de algas muertas, sin reparar en su carácter definitivo. Se pregunta si fue una traición de uno solo o de ambos. Después del accidente de coche, nada podía tener arreglo ni rectificación. Fue su cuerpo el que se negó. Se abrió una brecha entre ellos. Insalvable.
 Las distancias jamás se dibujan fácilmente; son arquitecturas costosas, una gran inversión emocional y una sólida pasarela para conocidos, amigos, reparadores, separadores, oportunistas, charlatanes y familiares de pelajes varios. Consejos desechables. Gente prescindible.

 Rompieron la inocencia del querer. Desdibujaron besos y abrazos, noches y días; frases y compromisos que sabían no eternos, pero sí  creyeron duraderos. Ricardo desapareció. "Menos mal que no teneis hijos" comentaron. El sustituto dolía también. Rido "ladridos graciosos" con su zapatear edredones al amanecer, persecuciones pasteleras los domingos, su acechar tranquilo y profundo al lado de sus muletas, que respiraban, cansadas de dar cortos pasos siempre entre las mismas paredes, desapareció con él. Tras remover el agua salada junto con la dulce de todo el ciclo lluvioso, la tormenta comenzó a remitir dentro de ella. Aprendió a comprar clínex en cantidades industriales a precios de mayorista. Abandonó sus muletas y comenzó de nuevo a andar con presteza. No le llamó Ricardo jamás. Ni él a ella, ni ella a él. No tenían un nosotros siquiera deshilachado para fingir interés el uno por el otro. Lejanos. Desvaídos.

Con el tiempo, ignoró lugares dónde dolían ausencias, esquivando las posibles presencias, pero no encontró cobijo para cubrir con satisfacción la ausencia del cachorro.

De ahí a reclamar una custodia, no hay mucho trecho, aunque sí mucho cavilar. Decidió llamar a un bufete de abogados preguntando avergonzada, si sería posible establecer una potestad o régimen de visitas para un perro, cuyos dueños ya no convivían juntos. Tras alguna vacilación, consiguió un letrado, una causa, una esperanza. Demandó a Ricardo por “secuestrar” a su perro: la privara de su preciado compañero sin su consentimiento. Al principio vió la situación ridícula, pero el deseo de pasar su mano por el pelo abundante de su fiel amigo, la hizo olvidar tan nimio detalle.
Los tira y afloja judiciales se hicieron insoportables, hasta que una sentencia escrita y rubricada, legitimó una custodia compartida en temporadas de seis meses para cada uno de ellos. Por añadidura, una indemnización para Ángela por el coste emocional del "secuestro". Se dictaminó que comenzase él cumpliendo lo pactado, para dividir exactamente el año.

La víspera de su llegada, apenas pudo dormir. Preparó su escudilla favorita, su carne más exclusiva, el agua más fresca. Su alfombra en el porche, bajo el que recordaba su mejor juguete, un mordisqueado erizo color amarillo. Todo ello a las cuatro de la mañana. El coche de Ricardo atravesó el jardín a las diez.

Obviando el rencor que exudaba su antigua pareja y ensordeciendo oídos a la frase “me las pagarás” franqueó la bienvenida al reencontrado visitante.

Todo debiera haber ido bien. Era lo razonable. Peor era la realidad.

Desde el primer paso de Rido, un perro ahora enorme con mirada hosca y reparo manifiesto, en la casa, contempló un posible enemigo en la mirada antaño leal, que pensó se disiparía con el devenir de las horas, volviendo la complicidad entre ellos. No fue así. Alguien había cambiado el sentir de su fiel compañero. Seis meses intensivos de verdadera “alienación” mental de dueño obligado a compartir. Al paso de las horas se hacía más patente el cambio. Cuando el nuevo Rido no la huía, la asediaba. En los siguientes días, cesó de llamarlo y procurar su calor tierno como antaño. Muy al contrario, la agresividad crecía dentro del cuerpo del animal que se mostraba más y más engrandecido. Gruñía cada vez que se acercaba. Amagó un par de veces lanzársele, mostrando una mandíbula que prometía asesina. La rechazaba desde cercanías distanciadas.

 Vigilada. Cerraba puertas en contra de su costumbre; permaneciendo en su habitación hasta que le veía salir fuera de la casa. Encogida en un rincón, temblaba, hasta que el miedo le agarró con mano helada. Aquél juguetón perrito ya no era el cálido amigo que buscaba. Debía apartarlo de su vida; lejos, muy lejos. Todavía quedaba demasiado tiempo para cumplir con la sentencia del juzgado. Tras varios intentos fallidos, consiguió hablar con el abogado que llevara el caso. En eso estaba.
 Otra vez bajo el quicio. Escuchando el tono conciliador, legal y tranquilo del hombre que aprendiera a perseguir aún sin conocerlo. Sería la necesidad de agarrarse a alguien, a buscar un paternal oyente todopoderoso que la salvara.

Le sofocaba pedir ayuda, pero el terror invadiera el margen que reina entre orgullo y necesidad. Fuera, un perro desconocido gruñía y  ladraba salvajemente. Comienzaba a atacar la puerta, apremiante.
“Llama a la policía” le aconseja el abogado. “Hazlo, antes que te hinque sus colmillos en tu cara, desgarrándola como quizás le han enseñado a hacerlo”

Ella piensa que las cosas no pueden ir peor.

Mientras marca el número de la policía, piensa en  lealtades de antaño, en afectos heridos, promesas inconclusas, amores muertos, confianzas enterradas...

Ni los humanos son seres ideales de compañía ni los animales son buenos sustitutos humanos.       
                                   

   Cuestión de traiciones...




























42 comentarios:

La Rubia dijo...

Me he quedado helada al leer tu relato pero me ha encantado, suspense y tension hasta el final

Un saludo

Susi DelaTorre dijo...

Gracias por tu comentario, tan rápido y agradable, Mary.

Hay confianzas que no se debieran de quebrar jamás...

40añera dijo...

Es sindrome de alienacion parenteral se da tanto en humanos como en animales, triste pero es la realidad del odio que se puede llegar a destilar tras una separación.
Terrible, como tu relato, cuando lo sufres en tus hijos

Besos

Susi DelaTorre dijo...

No se comprende que alguien utilice a otros seres inocentes, para dañar a quién un día amaste....

¡Un saludo, 40añera!

Albino dijo...

No me extraña que tardes tanto entre un relato y otro porque buscas el perfeccionismo en la redacción despues de haber encontrado la idea.
En esta historia de Rilo y la tenencia compartida, hay muchas analogias, y no precisamente animales.
Cierto que a un perro se le adquiere gran cariño, pero no es menos cierto que un día se revela y todo se rompe. Algo igual pasa en los humanos.
Asi que en tu historia hay que leer con una doble intencion, o al menos yo los capto así.
Enhorabuena por lo bien que escribes, que describes y que analizas.
Un beso cariñoso

María dijo...

Tus relatos siempre tan perfectos, Susi, te felicito.

Un beso.

MariluzGH dijo...

Electrizante relato, desde la primera a la última palabra. Y didáctico...
te felicito, creas historias realmente atractivas :)

abrazos

Elena Lechuga dijo...

Ufff... nunca se me habría ocurrido un argumento así. Y además bien escrito. Me enganché hasta el final, gracias por el ratito.
Bss

vicente dijo...

Sólo tu puedes comvertir una pequeña historia en un gran relato.
Como siempre GENIAL

Un beso enorme

Mario dijo...

Me gustan tanto las personas como los animales, que diría J. Fante. O los amo, por igual, que también lo diría tras haberse tomado un par de vinos en el bar de siempre, mirando fijamente la camarera de siempre y fijando en su cabeza lo que necesita, justo, para poder escribir después.
Contigo me sucede algo parecido. Me gustan tanto los personajes de tus relatos como la atmósfera que respiran, o algo así. Me gusta ese perro, me gusta ella, me gusta el quicio material y el quicio emocional. Me gusta el olor a madera y me gusta el sabor de la carne. Me gusta lo que suena a relato y me gusta lo que sabe a historia bien hilvanada que pone los pelos de punta y el alma en guardia permanente.

Es un placer leerte, y lo sabes. Y no tengas nunca, "nunquísima" prisa por escribir. Porque cada vez que tus letras aterrizan (si no lo evitan los controladores de tu espacio ciber aéreo) hay corazones esperándolas en la puerta de entra a los sueños de cada uno.

Así que por lo leído, por lo ladrado, por lo descrito, por la analítica al uso culto, te felicito.
Porque sí, de verdad, es uno de los mejores relatos que te he leído. Quizás sea por la aparición canina. Quizás.

Te dejo un abrazo, pero de chucho simpático y de los que no ladran por no pecar...

Mario

Recomenzar dijo...

me gusta tu blog mucho Y me encanta tu apellido es igual al mio Un beso desde mi blog

Sir Bran dijo...

He leído detenidamente este relato... y he podido ver como una esperanza y un deseo se conviertieron más tarde en una verdadera amenaza.
Puede que el caso sea para poner los pelos de punta, pero lo creo muy útil para estos días donde se proclama contra el abandono de mascotas.
Queda claro que un cachorro angelical puede dar lugar a un grandullón deficil de manejar.
Por tanto... responsabilidad al elegir que animal nos llevamos a casa.
Por otro lado, asusta ver como la protagonista de este relato convirtió en su mente a una lindísima ayuda en su recuperación... en un ideal.
Y ala vez como su pareja convirtió a ese ideal en una sangrante venganza.
Los humanos siempre tenemos la capacidad de ser peores que cualquier otro animal.
Genial Susi.
Excelentemente relatado.
Una historia con vértices estupendos.
Besiños.

Susi DelaTorre dijo...

Querido Albino, es verdad que he tratado de encontrar un fondo al tema de los cariños que se dan con inocencia y se rebelan quebradizos.

¡Un abrazo compartido!

Susi DelaTorre dijo...

¡Me ha gustado lo de "los vértices", Sir Bran!

Gracias por diseccionar tan cuidadosamente mi escrito.

Susi DelaTorre dijo...

¡Tu amabilidad es maravillosa, María!




MariluzGH: es un relato que surgió sobre una noticia del periódico.
¡Me alegro que te haya gustado!

Susi DelaTorre dijo...

Elena Lechuga,

llenar tu tiempo, ha sido genial.
Ojalá encuentres en mi papelera algún otro rato de abstracción letrada.



Vicente,

¡Desde tu situación privilegiada, no sabes lo que agradezco tus palabras...!

Susi DelaTorre dijo...

Procuro "hilvanar" argumentos con letras: pensamientos con empatías, Mario.

¡Lo intento!

( Qué bueno eres haciendo comentarios, uff...)

¡Gracias mil!




Recomenzar,

Es un placer recibir tu visita por este blog, ¡que se alegra cada vez que vienes!

fonsilleda dijo...

Terrible historia en la que, además, como un gravísimo agravante, un ser ajeno, habitualmente tierno y acogedor, buscador de caricias y dador de miradas, es manipulado para hacer daño.
Terrible historia que pasa por tener imaginación y por saber hasta dónde es capaz de alcanzar la maldad de los humanos.
Bicos

Susi DelaTorre dijo...

Amiga Fonsilleda, me ha agradado mucho tu comentario.
¡Mi agradecimiento por visitarme!

¡Un gran abrazo al estilo "costas gallegas"!

Anónimo dijo...

Como siempre me ha encantado, me he puesto en la piel de la protagonista gracias a tu destreza con la pluma. Un besote, Maria

Marisa dijo...

Susi me ha encantado,lo he leído de un tirón,
la verdad es que creí que iba acabar como pronosticaba el abogado.
Nuestros animales son lo que nosotros
queremos que sean, en este caso se puede
sintetizar en tu frase" la rechazaba desde
cercanías distanciadas" porque alguien
le había enseñado hacerlo.

Un abrazo fuerte

Rapanuy dijo...

Querer revivir el pasado es posiblemente uno de los peores males que azotan el planeta (junto a la telebasura), la mayoría de los feligreses nos empeñamos en volver a sentir sensaciones, experiencias y emociones que no volverán, en vez de buscar de nuevas, ya sean mejores o peores. Malgastamos demasiada energía en la búsqueda de algo que nunca se repetirá, el perro fue lo que fue, la pareja, los hijos, la juventud pasó y no volverá nunca más, que le vamos a hacer, será cuestión de gastar la energía que nos queda en la buscar algo igual o mejor que lo vivido. ;)

Estupendo relato.
Un abrazo.

merce dijo...

Susi...tu ves...!!!
Tardo en venir a propósito, se que aquí me espera algo impactante e inquietante, consigues crear un ambiente único con tus relatos.

Remueve por dentro tanto odio que se puede llegar a engendrar.

Te felicito, mi querida escritora.

Un abrazo y hasta muy pronto.

Susi DelaTorre dijo...

¡Qué ilusión encontrarte entre mis comentarios, presencial amiga, con un café, te felicitaré por perder el miedo escénico!

Un abrazo real y presente.


Marisa, tú si que sabes de animales leales y fieles.

¡Un gran beso!

Susi DelaTorre dijo...

Rapanuy, nuestra añoranza de un pasado, incluso sabiéndolo idealizado, es un pecado casi mortal.
Pero así somos, así nos reforzamos ante un presente que jamás nos parece con suficiente brillantez.

No tenemos remedio...!

Susi DelaTorre dijo...

Merce, ¡demórate todo el tiempo que desees... aquí estaré esperando tu mirada!

Besiños de colores.

Unai dijo...

Increíble como escribes!
Llegas a retransmitir mucho, de verdad que genial como siempre.
Un abrazo, Unai.

Juan Escribano Valero dijo...

Hola Susi: Me ha enganchado tanto tu relato que lo he copiado para leerlo con tranquilidad ahora no me deja mi dulce contraria.
En una separación los hijos son los que sufren de verdad las consecuencias, no entiendo como se pueden usar a los hijos para hacer daño al otro no lo entiendo.
Un abrazo muy fuerte

chavela dijo...

Disfruto mucho de tu forma juquetear por el relato hasta el final. Ágil e imposible de dejar sin llegar al final. :)

Sophie dijo...

A veces me cuestiono.
¿Cómo logras escribir tan... perfectamente?

Susi DelaTorre dijo...

Un bonito y agradecido saludo para tí, Unai.


Juan Escribano Valero,
qué maravilloso para mí, pensar en que me releerás de nuevo!
Yo tampoco comprendo...

¡Abrazos!

Susi DelaTorre dijo...

Chavela, me ha encantado el uso del verbo "juguetear", pues... ¡escribir tiene mucho de lúdico, por lo menos en mi caso!


Sophie... me has dejado sin argumentos. ¡Una gran sonrisa!

MariluzGH dijo...

Hola, vuelvo porque quiero dejarte un enlace donde encontrarás mi felicitación -de estas fechas- para ti y tus amigos-seguidores Feliz Navidad

abrazo cálido

La sonrisa de Hiperión dijo...

Genial como siempre pasar por tu rincón...

Saludos y un abrazo.

Ricardo Miñana dijo...

Al llegar estas fechas tan entrañables, mis mejores deseos de paz y felicidad para ti.

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

La palabra es ESTREMECIDO.

Como estar solo no hay nada.

Besos.

cuentapasos dijo...

Que delicia leerte!!!
Que mas puedo decir de tu obra, gracias por compartirla.
Felicidades en esta navidad y próspero año nuevo

Sue dijo...

El final me sobrecoge un poco, pero la vida tiene mucho de sobrecogedora, a veces. Tan real, pues como la vida misma es tu relato.
Creo sinceramente que antes de tener un hijo habría que hacer exámenes de conciencia.

Un saludo.

Susi DelaTorre dijo...

A todos los que caminais por aquí... ¡espero que os rodeen los mejores días en éstas fechas!

Un abrazo...!!

ALA_STRANGE dijo...

excelente relato

Ricardo Miñana dijo...

Que la ilusión y la esperanza sigan llamando a la puerta en el nuevo año que llega,
y que se cumplan tus deseos.

¡¡¡Feliz año 2011!!!

La Rubia dijo...

Me he acercado a tu blog para desearte un feliz año

Un beso y un abrazo

Mary