Puzle Dumie





Psicosomatismos.



Psicosomatismos y venganza.


Lo ha hecho. Es increíble. Logró su propósito, burlándose de mí. Se adelantó a mis manos, que acabarían siendo culpables de pasearla en el otro barrio. Ha sido capaz de enmendarle la plana a algún inepto dios, el que sea. Una pegajosa rabia me trepa, desde los tobillos hasta la base del cuello. Me siento depredador y peligroso, cual bestia encerrada tras herrumbrosos barrotes. Ha ganado. Ninguna duda. Pero no me ha vencido. Seguro que llevaba tiempo relamiendo, con el paladeo satisfactorio que otorga la anterioridad, la frustración que devasta hoy mis entrañas. Las enfermedades psicosomáticas están producidas por la mente, sean o no voluntarias, que quizás no, jamás. No lo quiero creer. Imposible, de esta mosquita muerta. Nunca mejor dicho. Hoy más que nunca. Mosquita, muerta.


Para reírse de mí. Para dejarme tirado. Para abandonarme.


Siempre repitiendo que le espesaba la sangre, dificultando su mente. Aquél que la agotaba; que no permitía fluidez a nuestra relación. En qué pensaría ella, al enfatizar con agudos acentos “nuestra relación” así de cursi que lo pronunciaba, con expresión melindrosa. Fingimientos viscosos. Me ponía enfermo escuchar sus palabras pluscuamperfectas, elegidas para ocasiones en las que yo, lo reconozco, estaba más primitivo y testoterónico que nunca. Tanto, que si tuviese un buen garrote a mano, le atizaría hasta con el clavo cruzado. Maldita, siempre instalada en su ficticio trono, con su cabello perfecto, sus poses de bailarina con aplaudidos tules. Licuados sus ojos, lobotomizando porciones mentales con bisturíes arrolladores. Rebozando en secuencias ilógicas. Y no era el caso. Me había elegido mostrándose deseosa e impúdica, espaciosamente infinita, porque por mucho que asegurara lo contrario, le volvía loca lo que disfrutaba conmigo. Era su afán de disimular, lo que me desconcertaba. Algo oscuro y perverso reptaba dentro de ella, que no acababa de encajar. Una pieza de puzzle con esquinas melladas. Si yo lo sospechaba, ahora tengo la confirmación. Maligna mujer.


Me dijeron que fue un infarto. Muy de su estilo. Muy mortal, pero incruento, nada desgarrador. Novelesco. Muy de tonta pija que asoma tacones en alguna inauguración. Muy infantil e inmaduro. Adherido a todo lo que me desquicia.


Un infarto. Podría haber sido un grave atasco en sus vasos cerebrales, reafirmando la insufrible letanía que le solidificaba su azulado plasma. Siempre le dolía la cabeza. En la mesa; en la cama. Eso que me considero un buen macho, eh, que nadie se ha quejado nunca en mis correrías puteras de esquinas sin doblar. Tampoco se lo he consentido a ninguna mujer. Yo pago y lo demás, zas, viene rodado, que al hijo de mi madre lo han parido así.


Cuánto más lo pienso, más cierro los puños y un bombardeo iracundo me ciega. El primero que tragó un buen puñetazo fue aquella caricatura de médico que no supo o no quiso salvarla, permitiéndole salirse con la suya. Sus balbuceantes explicaciones no fueron bien acogidas por este menda, preguntado con insolente obstinación si presentara síntomas anteriores. Qué agobio. Yo qué sé. Lo que me importaba. Patán con bata blanca. Tenía que haberla traído de vuelta a mis brazos, tras la reanimación. Mis brazos, que la esperaban con miles de buenísimas intenciones, para agradecerle que tratara de abandonarme como a un perro.


No le bastaba con negarme dinero, escurriéndose en quejas, en pretextos; la rudeza del trabajo diario en la fábrica, la dureza de soportar la jornada laboral. Capaba mi creatividad. Odiaba sus hipados acuosos. Que le dolían las piernas, la espalda, que su físico de señorita remilgada se quebraba. Llegaba al desmayo en el sofá, con larvada forma en la superficie, como una gran oruga, cuando yo volvía de mis relaciones sociales, de intentar vender mis cuadros, mis asimétricas esculturas, mis “cachivaches artísticos”. O de no haberlo intentado en absoluto. Al fin y al cabo, era ella la del trabajo fijo. La de los estudios, la sabelotodo con grandes libros. Cazadora de crucigramas en lugares públicos.


Inútil. Era una inútil con tiara. Apareció una noche en una arista lunar, llena de magulladuras en el alma, pero con los muslos vacíos. Se me colgó como un lastre para siempre. Al principio me dio pena, pero también la lástima se agota. Fue minando mi vida hasta el agotamiento. Que creía que naciera diosa y aterrizara criada. Que necesitaba una relación estable; justo en eso estaba yo pensando: atarme a cualquier princesa mendiga. Después de despedir tantas féminas sin madrugadas, sin recordar nombres, ni lo qué me atrajera de ellas, tras los hielos de la nunca última copa. Esquivando ser prisionero en un cuento del ciudadano ejemplar, esclavizado bajo una bombilla pendular, difuminando su vida hasta desaparecer en sombras. Algún buen ciudadano he conocido bien. Todos cortados por el mismo patrón. Con iguales tejidos ásperos. Alergias les tengo; me repelen sus manifiestos.


Mandamientos repetitivos, engañosos. Dogmas falsos.


Que si un horario regular, que si una buena alimentación, que si una corbata diaria, que, por favor y la santísima virgen, un orden en los armarios.


Que mi madre dice. Que mi padre ignora. Que la metomentodo de la vecina comenta. Que tú no me dices. Que tú no me comentas. Que sé me ignoras. Que ya no me quieres, que no lo has hecho nunca. Que antes era feliz de no conocerte.


Quisiera estar muerta, me dijo.


Ingrata, injusta, egoísta.


Que si reprochadores celos, con abstención sexual como chantaje, miradas escrutadoras mientras trataba de olvidar su presencia, registros en mis bolsillos, en mi tabaco, en mi cartera. Un imperativo lloriqueado para sacar la basura, hacer un agujero en la pared, de arreglar el tejado, ahora el tendal, después el horno. Ahora su vida. Que amarla. Que casarnos. Que tener un hijo. Que seguir queriéndola. Que un jardín, con casa. Que escucharla, todavía. Misa los domingos. Que me odia, desea abandonarme y prefiere morir antes de la infelicidad que le doy.


Cuellos almidonados, de los que ahorcan, de los que aprietan. Raya en los pantalones de buena hechura, para andar derecho y orgulloso de los logros que los demás te han exigido.


No. Era libre antes de complicarme la vida entre pulcritudes. Libre igual que los artistas, los bohemios, los ateos, los locos, los anárquicos, los pecadores, los suicidas, los espíritus geniales. Yo, eremita urbano con miles de ideas exportables, viajero atemporal hacia firmamentos deshabitados. El mundo aún está por descubrirme. Simplemente, tarda demasiado: por ella. Por su poca valía, por su necesidad de mí. Por pesarme en las espaldas y no facilitar mi vida con sus idioteces.


Le hablaba y sentía rebotar el sonido contra la pared. Gimoteos continuos, incesantes lluvias que se deslizaban, nulas desde mi atención, hacia el vacío. Desmoronaba mi arcillosa paciencia. Abría esa boquita rodeada de carmín barato y el asco se amigaba con la mía. Sin embargo, mira que les gustaba a mis amigos. Todos y cada uno de ellos la envolvían en un furor pasional inexplicable. Los conocía, me sabían incapaz de constancia con ninguna mujer. Menos con alguien tan distinto a mis habituales acompañantes. Intuían bien; en la presentación (dos besos, una larga mirada) me excitaba su insinuante sensualidad, con que desconcertaba, tras la primera impresión. Tiempo después, fue imposible el sentimiento de agrado. Jugaba con la perversión de darme en los morros con mi debilidad. Hasta eso me robó, la muy desgraciada; el añejo colegueo, el pulido del mostrador con los antebrazos, el alboroto de las barras americanas, en los pubs, entre verdades disfrazadas y mentiras desnudas, todavía por inventar.


Quería que ella fuese nada, sin mí.


Pero no que escapara. La nada no huye, si la atas, se queda.


Ha sido una venganza, una asquerosa, rastrera, maldita revancha ante todas mis negativas y mis afirmaciones, que seguro le jodían más. Eso no se dice, eso no se piensa. Que nadie te oiga; desde luego, a mí, señorita de buena cuna, por supuesto que no. Que le daba mala vida, decía, que era perverso y malvado; cabrón, aunque sin usar esa palabra, muy fina, ella. Que quería morirse de una vez, que era un infierno lo que tenía junto a mí.


Ganas tengo de matarla, una y otra vez, como si no estuviese ya fiambre.


Se salió con la suya. Un infarto. Un infarto común, no producto de un cerebro batido y espeso, atorado por mis modales de patán y mis palabrotas malsonantes, nada de eso, un infarto en el corazón, que jamás mostrara. Que yo tampoco lo hiciera, no tenía importancia; me conoció así.


Ha ganado. Ninguna duda. Pero no ha vencido.






Ahora soy yo el que hará negocio. Ahora sacaré provecho de su caprichoso berrinche, del suicidio encubierto, de abandonarme. Hay que tener amigos en palacios y lodazales, cuanto más sucios, corruptos, sean esos lugares, mejor y mayor será el beneficio.


Están creando artilugios para mejorar la seguridad de los conductores. Algo que prometer. Con una buena publicidad todo se consigue. Con mentiras, aunque sean algo verdaderas. Dinero. Puro negocio. Me han dado información que silenciar, como la vida. Existe una marca automovilística que comenzó a probar sus impactos contra cuerpos reales. Dicen que en futuro, fabricarán maniquíes articulados con el objetivo de minimizar los golpes de sus conductores, de sus copilotos, de sus pasajeros. Mientras, precisan concretar los puntos débiles de la anatomía humana. El corazón no es imprescindible, por lo que, con ironía, ella les servirá. Es deduciblemente fácil; un buen topetazo y hala, tú te vas por el parabrisas y el niño del asiento trasero se transforma en ariete mortal. Si alguna marca de coches quiere despuntar en esas lides, tendrá que innovar en el buceo de detalles, sacrificando ciertos jugos gástricos que incitan al vómito. Hay gente que dona su cuerpo muerto para sentirse mártires en vida.


Se comenzó con cadáveres de indigentes no reclamados. Pero se temió a filtraciones o chantajes. Muy arriesgado. Ahora los compran, para asegurarse el silencio, la vergüenza y remordimiento del vendedor de su padre, de su hermano, de su hijo, de su mujer, en el presente y el futuro. Jamás hablarán, yo tampoco.


No pagan nada mal. Para ser ella.


Desde hoy mismo, está en venta.







Comentarios

Mario ha dicho que…
Tus textos ganan con las fotos, o las fotos se mayusculizan con tus textos.
La dureza extrema, extraordinaria... Tu forma de narrar es, aunque tú no lo sepas, dulce, compuesta, íntima. Eres única, en cuerpo de letra.

Es fácil enfatizarse con tu dicción prosaica.

Felicidades por hacerlo. Es increíble. Has logrado tu propósito regalándonos tus acentos depredadores.

Un abrazo
Lady Hefziba ha dicho que…
Como extrañaba leerte! y me deleite con tanta poesía!
Me quedo colgada...!
Hermoso Lasosita!
sara ha dicho que…
Que bien escribes!! Dá gusto leerte, de verdad.

Me ha encantado, Lasosita

un beso muuy fuerte de tu niña gallega

sara
merce ha dicho que…
Es un relato asombroso, como sueles hacer, con esa facilidad de manejar la palabra y la emoción hasta límites verdaderamente insospechados.

Muy intenso!!!


Un abrazo Lasosita
fonsilleda ha dicho que…
¿Sabes?, siempre te dejo para el final en mis paseos por los blogs que conozco y admiro.
Lo haga así porque, para leer tus textos necesito hacerlo despacio, con calma, preparar el corazón con la cota de mallas bien sujeta para que no hagan daño, no lastimen.
Ese verbo tuyo, violento, duro, extraño, intenso, requiere silencio, tranquilidad y aceptación de la realidad que nos transcribes.
Bicos, con mi admiración aquí callada.
Sir Bran ha dicho que…
Existen las influencias de quienes nos crean.. y quienes nos moldean.
Unas vienen de forma genética, incrustadas en lo más profundo de nuestros seres, pero otras nos son entregadas en forma de convivencia.
Da gusto circular por tu literatura, dejandose llevar por tus elípticas formas de explicarte, convergiendo sobre lo que te ilusiona ote desilusiona.
En verdad que hay situaciones que generan rabia contenida, y poder vivirla desde tus desalientos descritos es verdaderamente fantástico.
Y la foto, con ese derrotismo gráfico, y esa aire de traslado a no se sabe bien donde.
Me ha gustado mucho poder unir esa foto a tu texto, es más... yo diría que fue una presentación fenómena del relato.
Besiños.
Marisa ha dicho que…
Opino como Fonsilleda,
tus relatos precisan
de su tiempo para ser
leídos y admirados, por su
dureza de fondo,por la forma de
tratar al personaje que
hace posible hacerlo
real, con la magnitud
de descripciones enmarcadas
en el contexto.

Quisiera ver tu primera
novela escrita con ese
verbo, bello, inmenso.

Hasta pronto, un abrazo.
Mercedes ha dicho que…
Cuánta rabia, cuánta amargura, Lasosita, y qué forma tan certera de expresarla!

Siempre un gran y admirado saludo!
mariarosa ha dicho que…
Excelente texto.
Me he quedado sin palbras leyendo, muy bueno. Cada palaba en su justo lugar y un historia como muchas pero bien narrada, casi real.

mariarosa
Meiguiña ha dicho que…
Lo primero: Me encanta el aspecto que le has dado a tu papelera, es perfecto.

Lo segundo:Puedo tardar en visitar y cuando regreso siempre encuentro un texto impactante el cual siempre me hace irme a mi rincón saboreando cada una de tus letras para después rumiarlas.

Lo tercero: Perdona mi larga ausencia

Bicos meigos querida amiga Susi
Carla ha dicho que…
Un relato con recursos visuales, fui siguiendo la historia como si fuera un espectador dentro de ella.
Excelente Susi!
Kapasulinos ha dicho que…
Hola! Con motivo del segundo aniversario de nuestro blog, queremos regalarte un presente. Pasa a buscarlo al blog del Taller.
La sonrisa de Hiperión ha dicho que…
Estupemdo relato, como siempre un placer pasar por tu espacio.

Saludos y un abrazo.
Sue ha dicho que…
Me ha dado un poquito de miedo, pero me ha atrapado como la miel o las fresas.
rapanuy ha dicho que…
La compro.
jose alfonso ha dicho que…
Críptica tú a veces, no encontré mejor manera, te lo dejé en mi blog, por sevillanas.
Mil besos.
Albino ha dicho que…
Un duro relato que tiene mucho re realidad, porque todos hemos conocido, a lo largo de la vida, casos que si no son tan completos como el que narras, si tienen alguna relación. Lo que pasa es que tu has hecho un compendio de todos, los has sumado y has sacado el jugo total.
Grancias por paras por mi blog que renació despues de una corta temporada de silencio.
Supongo que tu isla gallega estará ahora llena de veraneantes.
Lo siento, si te gusta la soledad y me alegro su te gusta la multitud.
Un beso
TORO SALVAJE ha dicho que…
Hasta después de muerta...

Que majo.

Besos.
lemaki ha dicho que…
Antes de escribir que eres un "espíritu genial", debería señalar lo que he sentido mientras lo leía: no estoy segura de qué pensar, si sentir pena por cuánto la echas de menos y tu dolor por su muerte o asombrarme por tu inmensa crueldad, cuerpo sin corazón ni sentimientos humanos. Está maravillosamente escrito, de esto se trata, confundir, dar que pensar, romper todos los esquemas que tenemos sobre la muerte, la pasión, el amor, la rutina... Me ha gustado mucho.

Saludos.
Sophie ha dicho que…
Que bien escribís!
Roberto Esmoris Lara ha dicho que…
Sabes que no creo que sea un personaje de ficción?...conozco a tantos patanes por el estilo que después de la tercera o cuarta copa confiesan historias tan terribles que esta que tu escribes es Blancanieves y los siete enanitos :)
Simpre fui un seguidor de tu estilo narrativo y de los prodigios que logras con tus "diálogos interiores". No sé por qué dejamos de encontrarnos, pero me hace feliz reiniciar nuestros encuentros.
Muchas gracias, S, y muchos besos!
Jose Joel Rios ha dicho que…
Siempre repitiendo que le espesaba la sangre,
Esta frase me recuerda tanto...
Que necesitaba una relación estable; ( MMMmmmmm.)

Después de despedir tantas féminas sin madrugadas, sin recordar nombres, ni lo qué me atrajera de ellas, tras los hielos de la nunca última copa.
Que si un horario regular, que si una buena alimentación, que si una corbata diaria, que, por favor y la santísima virgen, un orden en los armarios.


(Si.) Era libre antes de complicarme la vida entre pulcritudes.
(Que más da, si somos en este viaje adúltero un Boleto sin retorno... )
Que bueno es perderse en tu escritura, pero que alguien nos encuentre sabrá donde.

Un abrazo.
rapanuy ha dicho que…
La narración constata la contradicción del ser, los clichés sexuales, la necesidad de posesión y al mismo tiempo de libertad. La atracción de los polos opuestos unidos por un frágil nexo, normalmente, sexual. Todo el texto se envuelve de un aire de agresividad y rencor.

Muy bueno, sobretodo el final.

Lo de comprarla, era para poder darle un entierro digno. ;)

Un abrazo.
Lasosita ha dicho que…
Gracias a todos por vestir este espacio con vuestros comentarios.

Si os he entretenido un instante, ya me doy por satisfecha. Mis letras son para eso, además para vaciar el bullicio que a veces, cosquillea los dedos.


Un saludo agradecido.
Carla ha dicho que…
Pasaba a saludarte Susi! Que tengas buena semana y finde!!!
Manuel Maria Torres Rojas ha dicho que…
¡CADA MINUTO ESCRIBES MEJOR, CON MÁS RECURSOS LITERARIOS Y CREDIBILIDAD! ¡POBRES DE NOSOTROS, LOS ESCRITORES DE OFICIO Y SIN BENEFICIO!...

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