martes, 30 de marzo de 2010

Impregnación mortuoria.


Mis dedos huelen. Froto fuerte. Refriego con rasposo estropajo, una a una cada falange. Son diez las que suman, con sus respectivos nudillos, con uñas, con huellas dactilares. Diez acusaciones rápidas, de las que utilizan los índices ajenos para juzgar. Condenaciones perpetuas que hacen que mi esfuerzo por hacer desaparecer su monstruoso perfume, quede en ignorantes fiscalías.



Después del jabón, añado lejía, sin miedo a descomponer la piel. El dolor sería siempre un mal menor. Veo todos los días jirones desgarrados, podridos; epidermis abocadas a conversiones en vomitivas energías. Con una clara diferencia, las cubiertas dérmicas que visito, están muertas. La mía no, pero hiede a cadáver.

Me gustan los que están un poco pasados. Semejan, tumbados en la camilla, frutos gigantescos próximos a la madurez más extrema, a despedazarse, a deshacerse, a verterse. Tintados con pátina de lividez. Sè que algo bulle en su interior, revolviéndo, creciendo, fagocitando; buscando vida sobre la que todavía crecer y destruir, encontrándose a sí mismos en igual círculo.


Asquerosas masas que llenan a mis alumnos de horror, preludios de repugnancias ante seres queridos y no queridos, deseados o repelidos; fatales visiones, que les arrebatarán la posibilidad de admirar bellezas corpóreas de las que gozar. Cuerpos acogedores de mujeres, penetrantes de hombres. Amorosos en ternura infantil, libres de oxidaciones. Cuerpos con letales secretos escondidos entre pliegues de ancianidades. Así vivirán, entre insensibilidades, en eso los he convertido. Pero los que de verdad me dan auténtico terror, los que temo haber corrompido para siempre, son aquellos que consiguen remontar los negruzcos matices adquiridos sobre el escalpelo, buscando carne y sangre, dónde han visto podredumbre y larvados gusanos. Esos, amigo mío, son los peores. El espejo, que vomita mi temporalidad, siempre afirma.


Considero acabado el raspar inútilmente unas manos demasiado pulcras en apariencia. En el pasado, era peor mi obstinación. Llagaba. Doy un suspiro de insatisfacción; clave común de mi existencia.


Un día me sorprenderé acostado bajo ésos focos impíos, contemplando sin miedo, el acercar de un tipo con mascarilla, ojos aburridos y pómulos cansados. Yo mismo. Empuñando la hoja de un bisturí. Casi lo deseo.


Antes, cuando era más confiado, me acercaba a media mañana a la cafetería. Cambiaba mi bata por otra, más acorde con el mimetismo del lugar. Me permitía quedar inundado en claridades, sin ensombrecidas decadencias fúnebres. Fue inútil. Hice el solitario a tiempo completo. No me importó en el caso de los colegas. Creí que las mujeres me mirarían con suficiente curiosidad para darme opción, auxiliando las costuras de sus uniformes. Un recién llegado siempre crea curiosidad, sobre todo a las de más esquinada edad, que habían recorrido en tropiezos la inocencia, el pudor, el familiar placer amortiguado y la decepción del amor, hasta reconocerse liberadas de toda crítica mordaz. Invisibles al fin. Libres.

Hace tiempo que escaldo mis secos labios en los bordes de mi insociable cafetera, pensando en ellas. Voces dulces. Miradas líquidas. Sensualidades que se ocultan. Se acercaron, sí, con veinte tiernos y pletóricos años; con treinta ahítos en duras carnalidades; con cuarenta, poseedoras de mil indómitos placeres pugnando por salir a la luz. Se acercaron para alejarse después con un rictus mal disimulado en el rostro, con miradas furtivas a mis manos ya sin enguantar, lavadas con lejía, con criminales estropajos, inmersas en abrasivos alcoholes.


Creen que poseo guantes invisibles perpetuos, impregnados en muerte. Eso roba credibilidad a las mentiras sobre romanticismos, a las verdades del sexo, al morbo buscado a mis posibles conquistas. No me imaginan sino con orgías entre cuerpos muertos.


Si alguna se dejara contemplar generosa por los iris que transporto… las miradas de asco y reprobación de las compañeras, le harían desistir de su sinrazón.


No valgo el precio para tal rebeldía.


Esas hembras no me saben. No me conocen, ni me darán una oportunidad jamás. Son ingratas y vanidosas, las espero detrás de esta puerta, adónde llegarán una a una, para que yo las toque, con las manos que despreciaron. Sin guantes de látex, sin barreras para sus capas más íntimas.Para que las alivie de sus òrganos internos, para que las ame odiándolas en desmembraciones diversas antes de amortajarlas. Para acceder a sus secretos complejos, liberándolas de sus moralidades más bobaliconas y sus remilgos fanáticos.


Y ella. Sí, también ella llegará hasta esta sala metálica, lejiosa y fría. No lo quiere creer, ni tan siquiera intuir, pero será mía en esta inhóspita sala. Yacerá, convertida en gran flor vestida de blanco. La sábana la cubrirá como a una amante novicia; la más hermosa, la que yo prefiera, para la que me reservo. La desgajaré con mis manos enguantadas en pátinas serosas, le abriré las entrañas después de acariciar su piel, la que me niega ahora. Su teléfono suena y suena. Nadie lo descuelga. Me ignora, pese a haberla besado, violentando su rechazo, pero sé de su contenido deseo. Lo sé. Lo sé. Lo sé.


Bajo esta luz, se verá impúdica, mostrando su piel suave próxima a cuartearse. Abierto el pecho para mí. Abandonados sus brazos. Sus muslos desbocados. Permitiéndome rozarla con cualquier instrumental, a mi antojo. Preparada en una aceptación para mis disecciones afiladas. La espero para hacerla mía, susurrando a su oído, lo mía que es.


Lo tendrá bien merecido. Por soberbia. Por mala hembra. Será mía. Mía. Mía.


Mis dedos olerán… a ella.



28 comentarios:

Tereza dijo...

Extrañaba esa crudeza y locura con la que escribes!
Enfermo? tal vez no, sólo diferente.

Roberto Esmoris Lara dijo...

Y sin ser médicos forenses cuántas necropsias practican muchos en cuerpos de amores que creen ya muertos y todavía viven.
(recordaba aquella duce canción de Victor Jara: "yo sólo tengo estas manos para el amor y el sustento")
Qué hermoso es leerte, Lasosita, te dejo un abrazo desde esta orilla.
Hasta luego

TORO SALVAJE dijo...

Jo.
Que locura más terrible.
Y lo peor es que casos así se han dado.
Glups...

Besos.

wílliam venegas dijo...

Es duro el texto en bien llevada composición literaria. Como leer a Edgar Allan Poe con la puntuación de Azorín.

merce dijo...

Estremece este relato, como siempre, imposible parar de leer hasta el finál.



Un abrazo Susi.

Sir Bran dijo...

Incluso la crudeza tiene su arte escénico... cuando lo conducen tus increíbles palabras.
Las ordenas para que podamos sentirnos partes undécimas del cuadro que pintas, porque sí... tu eres capaz de pintar con las palabras.
El escenario se muestra repulsivo y macabro, lleno de necrosis... pero como en cada relato tuyo, se encuentra en este una lección difusa, que no debería aterrarnos, porque forma parte de una realidad... alguien recoge los resíduos humanos,... para configurar su tenebroso pasado.
Si los cadáveres pensaran... seguro que lo harían de esta forma.
Sencillamente increíble.
Tu inspiración casi da miedo.
Besiños por tu estupendo relatar.

Sakkarah dijo...

Impresionante lo bien que escribes...

Un placer.

Besos.

fonsilleda dijo...

He visto a ese forense que nunca había imaginado porque ya me parecía suficiente con su, según ellos, apasionante trabajo de sabér más sobre nosotros.
Lo he visto, crudo, enfermo de rechazo y de sueños gélidos.
Terrible. Siempre consigues ponernos al límite.
Esas manos enguantadas, creo que comenzaré a mirarlas desde ahora de otra manera.
Bicos.

sara dijo...

pero que texto tan extremecedor, pero tan bien expresado y escrito como todo lo que escribes

besos y abrazos.

Sara

Marisa dijo...

Un texto relatado
con la crudeza que
sugieren esas manos,
estremecedor,
impactante,
digno de la gran escritora
que eres.

Un gran abrazo.

marta dijo...

Al final la dirección del blog no se cambia, no sé qué ha ocurrido pero se me ha arreglado, así que Retazos conserva su dirección de siempre :)

wílliam venegas dijo...

Yo echo esta red en Semana Santa:
Mis 12 'Jesús' más emblemáticos del cine:
Mi lista de los 12 'Jesús' más elocuentes del cine.
*Como en toda lista, tal vez quede la sensación de algo incompleto:
Opinen en mi blog, gracias.

Advierto: No es nada confesional ni religioso.

Mario dijo...

Me impactó lo que acabo de leer y disfrutar. Ambivalencia pura y dura, que se pueda disfrutar con algo tan ¿atroz? ¿duro?. Sea como sea lo que sí sería una locura insana es que dejaras de regar nuestras conciencias con tus verbos domados...

Me imprimo este texto, para leerlo, otra vez, otra vez, al amparo de un café. Sí.

Felicidades textualizadas.

Lisandro dijo...

Cruda verdad.. a veces escalofriante pero hasta emocionante por como lo describes!!! Tan real!! me encanto!

Mercedes dijo...

Lo negro brilla como nunca en esta historia! Es para leerla lentamente y saborearla pero....no he podido hacerlo y la he devorado!

Un abrazo, Lasosita!

Daniel Os dijo...

Fuerte el cuento… ¡intenso!
D.

sue dijo...

Dolor, última forma de amar, dijo Salinas.
Todo lo que tiene que ver con las emociones es susceptible de volvernos locos, locos,locos...

La sonrisa de Hiperión dijo...

Crudeza y realidad... tremendo.

Saludos y un abrazo enorme.

jordim dijo...

Me encanta como raspan los textos de este blog, me da ganas de ponerme a ecsribir algo verdaderamente repugnante y sordido.

rapanuy dijo...

Triste y fúnebre figura la del desmembrador repudiado. Deberías presentarle a la sirena se lo pasaría en grande. :)

Un saludo.

La viajera mas lenta. Madrid Paper Art dijo...

Que tremendo hasta dónde se puede llegar cuando la realidad y la ficción se entremezclan.

Y tu lo has hecho con ese arte que tienes haciéndome temblar, porque sentía sus manos con olor a lejía, su bisturí afilado...y esa frialdad cruda.

Es impresionante como dominas los ambientes.

Un beso grande
Tati

Juan Escribano Valero dijo...

Hola Susi: ¿Como has pasado estas fiestas yo además de haber estado pachucho, mis nietos, especialmente Nachete, me han tenido alejado del ordenador, pues a mi mujer no hay quien la saque de casa de nuestra hija, por lo que no he podido visitar a los amigos con la frecuencia que me hubiera gustado, hoy lo hago para desearte que tengas unas muy FELICES PASCUAS.
Con todo cariño un fuerte y fraternal abrazo

wílliam venegas dijo...

"Mundo, Demonio y Carne en Comunión, y yo"
Disfrute este texto en
http://lahuelladelojo.blogspot.com/
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Lucina dijo...

Un relato cautivante,
con la intensidad de cada palabra en la piel.

Que disfrutes del Fin de semana Susi.
Un beso

Carla dijo...

Que intenso! Excelente redacción!

Sophie dijo...

Muchisimo tiempo sin pasarme por aca! Como estas?

Daniel Rubio dijo...

Joooodeeeerrrrrr, esto es muy bueno Susi, y luego me dices a mí... buffff

ALBINO dijo...

Lo único positivo que tiene un médico forense es que su paciente jamás se quejará.
Pero en tu relato yo encuentro algo que va más allá de la manipulación de un cadaver para conocer las causas de su muerte. Veo la descripción de unos hechos y unos sentimientos que se encuentran envueltos en tan terrible trabajo y que suponen algo de repugnacina cuando se hace, sobre todo porque que le falta la emoción de realizarlo sobre un ser que aun respira y puede salvarse su vida, porque entonces, si se logra, todo se convierte en emoción.
De todas formas estoy con Gila que decía que un medico forense es un medico que conduce un Ford.
Enhorabuena por tu gran literatura que debería salir del blog para resucitar sobre el papel de un libro.