jueves, 28 de enero de 2010

Olor humano mortal.



El olor de asado, igual que el frío viento del norte, desde la parrilla trae malos presagios. Ambos se enredan, agradando un soplo que me desasosiega. Lo respiro; permanece en mi pituitaria, adheriéndose al interior de mis fosas nasales y al hueso delimitante.



Huelo la carne chamuscada. Para cualquier persona, recordatorio de apertura del cardias ante una feliz barbacoa; para mí toma un significado totalmente diferente.
Aquella fragancia que remuevo junto a las brasas, inundó mis primeras anotaciones. Están candentes en el bloc de notas, fronterizas a mi estilográfica, mezclándose con un recién estrenado cartucho de tinta. Soy animal humano escéptico, maniático y supersticioso por repetición. Por necesidad. Será ella la que escriba los hechos que allí ocurran.


Espero de su cuerpo plateado con punzón femenino, al que le agrada frotarse contra papel verjurado, eterna compañera sibarita de palabras y cultismos, que obvie mis estremecimientos y sensiblerías si acaso se presentasen. Que muestre una firme trazada prescindiendo del temblor que flaquee mi mano. Mañana… me digo, exhalando humo del cigarro con insoportable agobio. Sí, gran día para olvidar. Porque tengo la premonición de un después, ignorando si retornaré a un antes. Temo transformarme. A pesar del supuesto beneficio de vivir la experiencia. Ignoro si deseo tal instrucción.


No fue buena idea continuar con esta invitación vecinal. Orgía carnívora que arrastra hacia tiempos remotos. De supuestos mundos incivilizados. No quiero relacionar los sacrificios humanos con la posibilidad de jugar a ser dios castigador o adquirir la fuerza guerrera del asesinado.


Mientras doy vuelta al cadáver que será nuestra comida, con inútil sagacidad de primitivo cazador, medito sobre las ejecuciones públicas, a cuyos preparativos he asistido hoy. La de mañana está programada. Un ensayo necesario para que la muerte resulte perfecta y “limpia”. Algo necesario para el espectáculo. Para su justificación y permanencia.


Llamaran desde la redacción unos días antes. Aunque no era un buen momento. Quizás por eso. La oportunidad de mi vida, dijeron. Todos al tanto de aquellas circunstancias adversas que me habían arrastrado al ostracismo en la profesión.
“Deberías dejarte llevar”…susurraron unas esmaltadas uñas, que alguna vez soñara clavadas en mi espalda. El personal rastreaba el suelo, en fregado incómodo, mientras la puerta del despacho se abanicaba entre pestañas y diagonales cejos.
Tan pronto mi nuevo destino me fue revelado, el recordatorio de la barbacoa con aroma a despojo abrasado, ambicionó levantarme un gran dolor de cabeza y bajarme la moral a los talones.

Consiguiendo las dos cosas con prontitud e intensidad.

Después todo se mezcló. Igual cuando uno sale al exterior después de un largo periodo de convalecencia. El sol aturde, junto con las voces, el ruido del tráfico, el simple gesto de andar por ti mismo, brotando de tus piernas pasos cada vez más fuertes y seguros. La esencia amatoria de ella, con su felicitación lasciva, nubló toda reflexión. Cuando marchó, dejando tras de sí fracciones de huracanados enredos de diversos miembros; tuve que admitir que era un cobarde. Razoné que el periodismo es así, global y líquido, anegando rincones y sentires del ser humano. Vida, muerte, tortura. Injusticia, justicia. Culpable, inocente. Todo lo palpa el derecho a la comunicación, dejándose también llevar por curiosidad insana, puntal removedor del basurero oportunista. Demanda incesante de morbos a diversos grados.
Fuerza y método de rudimentario matarife.

Presenciar una ejecución no es algo que deje indiferente a nadie, supongo. Al menos la primera vez. Será equivalente al momento cuando se rompe la inocencia infantil. Un desflorecimiento violento. O encajar un puñetazo inesperado de un padre, antes siempre atento y cariñoso. Algo no natural, provocado con frialdad, hilado desde años desde un territorio de permanente abrillantado. Su horizonte: la muerte. Un fin trágico al que nombran adecuado y merecido.


Me han recomendado que mi opinión permanezca en la oscuridad. Parece un consejo muy razonable; si me pronuncio a favor de la pena de muerte, los abogados de los otros presos no me darán información. Ni veraz ni suficiente. Formando parte del trabajo mostrar el proceso de los reos, podía ser una grave complicación. Si lo hago en contra, me expongo a perder la confianza que deposita en mí el entramado policial y judicial.
Callado igual que hoy, cuando la manivela se accionó y la muerte apareció como en broma, vistiendo el ensayo de mentira con harapos de verdad.


Ya poseo un asiento a mi nombre; es un dudoso honor. En primera fila, con privilegiadas vistas a la silla eléctrica. Es más pequeña de lo que pensé. Pero más repulsiva.


Silenciaré miedos y recelos. Estoy harto de cubrir noticias de calle, que podría redactar cualquiera. No pierdo nada con intentar levantar la cabeza y restablecerme. Librarme del que un día empecé a ser.

Creo que he carbonizado la carne. Me pregunto si olerá igual al pellejo de un hombre. Una asadura humana, tipo Chanel número cinco, tal vez posea sutilezas que diferencian un buen perfume de su imitación, por mucho empeño que se haya concedido el falsificador….







23 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

A qué deber oler un hombre frito?
Seguro que en USA lo saben.
Aunque igual es parecido al pollo frito o a un asado de ternera.
Total somos diferentes ramas del mismo misterio.
Quizás mejor guisado, sin uñas y con una salsa boloñesa.
Hay quien lo ha probado (sin salsa seguramente)
Ya paro.

Besos.

Lasosita dijo...

Un saludiño!

Cierto,
en USA, en 35 estados de 50, todavía existe la pena capital con apoyo popular abrumador.

Resaltar el hecho de que ha menguado la cantidad de ejecuciones, pues al menos ocho inocentes han sido ejecutados desde 1975, el último hace seis años...

!Gracias por tu comentario, Toro!

merce dijo...

...sibarita de palabras...
...ahí estás tu.

Sensaciones extremas y extrañas,
que arrastran hacia un mal presagio, deslizándose por el tobogan de la mente humana.


Susi, besos y un abraziño intenso.

Marisa dijo...

Si pensamos todo eso
cuando hacemos la
barbacoa seguro que
ya no comemos, me imagino
que todos fuésemos
vegetarianos, adios a los matarifes. No estaría del
todo mal.
Bromas a parte creo que va siendo hora de que se elimine
la pena de muerte.
Horripila saber de la inocencia del reo
cuando ya ha sido
ejecutado.

Excelentemente narrado
pero en tí esto ya no es novedad.

Besiños y un abrazo muy grande.

Carla dijo...

Un texto intenso, muy interesante...

fonsilleda dijo...

¡Qué experiencia!, no quiero ni planteármelo. Terrorífica.
Ni me pone una sonrisa el comentario de nuestro Toro particular, por muy toro que sea.
Terrible tu relato, como siempre estupendo. No sé si yo sería capaz de describir tales sensaciones.
La pena de muerte no es una pena es una atrocidad.
Algún día, espero, aprenderemos.
Me agarro como una imbécil a ese optimismo que no sé de dónde sale.
Entretanto podremos seguir, por lo menos, leyéndote.
Bicos.

La sonrisa de Hiperión dijo...

La imagen del gatito es impactante... jajajaj


Saludos y un abrazo enorme.

rapanuy dijo...

¿Por qué nos empeñamos tanto en intentar humanizarnos? si realmente nuestro estado natural es ser salvajes. La especie humana es un experimento fallido de la naturaleza, que ella misma se encargara de corregir, eliminándonos de la faz de la tierra sin dejar rastro, y dándole la oportunidad a otras especies para poder evolucionar hacia algo mejor.
Quizás sean la ranas, o los canguros, pero desde luego los primates no.

Hoy estoy de un pesimismo brutal.
Un saludo antes de la extinción.

FAIL dijo...

Uau !!! macabro y delicioso...como a mi me gusta. La foto genial...IMaginación la tuya, me gusta.

Besitos

Mercedes dijo...

Qué bien has plasmado ese pensamiento, tan traidor y rebelde, en busca de dolorosas asociaciones de ideas interiores!

Buen fin de semana! Un abrazo!

Sir Bran dijo...

Ni conociendo los peores actos de un ser humano en concreto, se podría presenciar algo así sin sentir pena por el resto de la humanidad.
Esa forma de solucionar los problemas huele a pobreza.
Porque es bien sabido que a la pena de muerte se le escapan los dueños del dinero.
En todo caso, es excelente el relato.
Visto desde unos ojos ajenos y que pretendían no implicarse.
Pero la magnitud de lo que iba a presenciar el reportero no permite esas cosas.
Crudísimo asunto.
Pero excelente relato.
Un besiño.

Daniel Os dijo...

Es inevitable caer en las metáforas del sabor que tendría la carne humana si nos obligáramos a comerla luego de oler su cocción. Para mitigar la perturbación es necesario, a veces, digerir ese plato con un trago de humor negro… como se lee en el primer comentario. No con ánimo de aguar el chiste, dejaré apenas asomar que la (aberrante) silla eléctrica ha sido casi en su totalidad reemplazada por la (aberrante) inyección letal. Como si se tratara de inyectarle carácter piadoso al verdugo con una muerte menos dolorosa.

La (no menos aberrante) justicia iraquí apuesta a la horca, una de las torturas seguidas de muerte más antiguas que aún siguen vigentes en algunas culturas. Y sin desviarnos demasiado del tema, sólo apuntaré que cerca de ahí, en Irán, esa muerte y la infligida por apedreo no se reservan para derrocar dictadores y asesinos masivos sino para castigar conductas domésticas que en otras partes ni siquiera se consideran delito (homosexualidad, adulterio no comprobado, etc.). Curiosos métodos de impartir justicia en occidente son hoy el tema de aquí, por lo que dejo a los asiáticos en manos de otros especialistas.

No sólo no deseo, tampoco puedo defender la pena capital. Pero por matemática sencilla, si a un violador serial le corresponde la prisión perpetua, a un secuestrador, torturador y asesino le corresponde algo más.

Convivimos con la muerte, la maldad y la injusticia, de modo que queriendo impartir justicia solemos caer en aquellos tres vicios. No me sorprende que la humanidad aún no haya erigido un juez capaz de elaborar una nueva forma de castigo que no le ensangriente su reputación.

Ya que me excedí en mi comentario, abusaré un poco más y traigo a este foro la experiencia de James Nachtwey, uno de los fotógrafos que con menos pudor ha publicado las bajezas humanas y que a través de un documental intenta no ser reconocido como un insensible.

Película perturbadora, pero si el arte consigue despertar emociones debe ser aplaudido más que condenado. El arte que se percibe en este blog también ha perturbado este día.

Deseando no pecar de insensible, felicitaciones.
D.

La viajera mas lenta. Madrid Paper Art dijo...

Que bien sabes viajar al lado oscuro de la humanidad.

Coincido con Sir Bran, siento pena por la humanidad y entiendo que es una forma muy pobre y mezquina de resolver los problemas.

Sabes tocar en lo mas hondo del ser humano.

Un relato estupendo
Un besiño
Tati

Albino dijo...

¡Y pensar que en los Estados Unidos hay personas, no involucrados, que van voluntariamente a presencias ejecuciones!
Solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.
Por cierto, si quieres ver, en plan museistico, el último garrote vil que se usó en España lo tienes en la Fundacion Cela de Iria Flavia, en recuerdo de su novela "La familia de Pascual Duarte".
Es repugnante.
Besos

Silencios dijo...

Ufffff, el olor de un hombre quemado en esté caso frito o chamuscado, es un olor que se tarda en olvidar.
Eres increíblemente intensa en todos tus relatos, como disfruto de ellos mi niña

Besos cielo siempre

Juan Escribano Valero dijo...

Hola Susi: ¡Porras! para el proximo fin de semana tienen mis hijos programada una barbacoa, les diré que para mi sardinas,que estan muy buenas.
Un fuerte abrazo Susi

sara dijo...

Cada día me gusta más como escribes LaSosita, eres increíble...

Te fluyen las palabras del alma,
precioso!!!

besoss y abrazos

sara

Lisandro dijo...

Es un texto interesante a lo que he venido leyendo hoy... no por despretigiar a los demas, pero es distinto!!1 me ha encantado!!

Domingo dijo...

Es una aproximación sumamente lúcida e interesante ésta que haces a la pena de muerte, una medida que no se ha demostrado sea disuasoria para delincuentes potenciales. Habría mucho que debatir, pero aquí vengo a deleitarme con tu inmenso talento literario y salgo, como siempre, más que satisfecho. :)

Deep Loving Feelings dijo...

Totalmente distinto a todo este relato.
De veras tienes una manera de escribir unica, genial.
Gracias por todo este tiempo, que se que estoy un poco bastante desaparecido por darme tu animo para continuar y ayudarme con tus palabras. Gracias
te mando un besote grande

martín

RMC dijo...

Tu extenso texto me parece interesante, pero oler a un hombre quemado me quedo sin palabras.
que disfrutes el fin de semana
un abrazo.

uly dijo...

hola, muy bueno yo tengo algo parecido esntra!
123manitosverdes.blogspot.com

Meiguiña dijo...

Como siempre tus letras no me dejan impasible: impactante, terrofico y escalofriante.

No pierdas jamas esa magia que posees querida amiga.

Bicos meigos