sábado, 19 de diciembre de 2009

El niño que callaba.



El niño que callaba era una de tantas personas que, en aquella hora, dibujaban una fila perturbada con codazos desconfiados. Era pequeño de cuerpo, como un pececillo capaz de mimetizarse entre las manchas sucias de la pared en la que se apoyaba, cuando su cansancio era mayor del envoltorio que le albergaba.



Su color de piel lo hacía invisible. Lo sabía, al igual que conocía todas y cada una de las muecas que podría llegar a suscitar en cada faz que le negase ser visto.


Era más joven de lo que creían, incluso de lo que él se creía. Dejaba vagar su pasado infantil en la cicatriz interior, adulta, que construyera tras horas perfiladas entre su llegada al paraíso prometido de los mayores y la huida hasta la mentira que había descubierto.


También habían mentido sobre su edad, sobre su pasado, sobre su facilidad de subsistir debajo de los puentes de neones, encima de las desangeladas aceras jamás rectas, siempre curvas para la mayoría de los que engrosaban la hilera de desiguales puntadas que esperaban la apertura de la puerta del comedor social. Allí los puños eran mostrados con sonrisas salvajes, las civilizadas tornas de la amenaza rugiente de los animales involutivos con cráneos límbicos. Esos que tomaran posesión de los cuerpos de algunos ciudadanos con condiciones ideales para ello.

El niño se escondiera, recubriéndose en pequeñez eterna, porque tenía una gran ventaja. Ya venía del infierno. Conocía el color del diablo, sus jugarretas y su forma de aniquilar carnes tiernas. Que mejor ejemplo de infierno que la carencia de todo. Que la esperanza de nada.

El pequeño silencioso, con oscuros ojos se sentaba junto a la ventana. Buscaba un sol que perdiera.


Cada día caminaba hasta el comedor. Tenía su sitio apartado de los hombres y mujeres que despojaban flores del hule de las diferentes mesas. Las rasgaban con sus uñas sucias, mientras se lamentaban de sus vidas, de la falta de solidaridad ajena, de sus desgracias, de sus familias, de ellos mismos. De sus voces airadas a veces y otras llenas de vacíos silenciosos. De sus alientos desalentados y desdentados. Le sorprendía ver como, a pesar de todo, las flores resistían. Sospechaba que las pintaban de nuevo cada noche.


El calor amarillo que traspasaba el vidrio, le recordaba otro más cálido que perdiera aquel día, cuando su padre se empeñó en hablarle de viajar al paraíso que le prometiera ya a su hermano mayor.


Aquél que no llegó a conocer.

Lo que ocurrió después existía nebuloso en su mente, como un sueño de los infernales, despertar en sudor, sabiendo que a un grito su madre iría a refugiarlo en sus brazos, de bella estatua de azabache. Aguantaría el tiempo necesario para acunarlo y que su corazón volviese al paso tranquilo y calmado de las aguas otoñales.


Reververaciones. Duermevela obligado. Sed. Hambre. Gemidos de hombres, de mujeres, de niños. De él, aunque apenas se oiga a sí mismo. Intenta abrir los párpados para enfocar la figura de su padre, doblado en una angulación extraña.


“Se ha quedado dormido” pensó mientras se mojaba los labios con saliva seca y una lengua arenosa. Padre se ha dormido, pero esta vez no emite el ruido que llenaba la choza, está en silencio. Todo está en silencio, menos el sonido del chapoteo de esta agua imbebible, que deja costras de sal en la piel, desecándola. Cuando llegaron a la costa, lo recogieron y se lo llevaron hombres extranjeros. Rasgos desconocidos, lenguajes desconocidos.


No había vuelto a verlo pese a llorar imparable por dentro. No se atrevió a gritar, ni con un sonido gutural simple. Cómo decir que tenía algo que ver con aquel negro delgado que abandonaba sus miembros laxos en brazos de aquellas personas.


“Quizás esté muerto, Padre, y me quieran enterrar con él.


Pero me hizo prometer ser hombre y cumpliré mi juramento…


Me tragaré las lágrimas de niño y escupiré mi rabia de hombre”






El pequeño silencioso escucha. No habla. Quizás no quiera decir nada. Sus ojos oscuros y grandes, demasiado grandes, demasiado fríos son los que dicen cosas.


El niño que callaba, ocupa su silla al lado de la ventana. El sol le reconoce mientras  trata de calentar su mirada.

47 comentarios:

Enrique R (Poeta frustrado) dijo...

HOla!
Muy buen relato, el final te deja sorprendido :)
Abrazos

Fernando dijo...

Maravilloso relato. Me has hecho sufrir largo tiempo y me has obligado a releerlo para apreciar los bellos pensamientos que encierra. Hace tiempo que no leía un relato de tan enorme hondura y sensibilidad. ¡Enhorabuena!. Feliz Navidad y año 2010. Un abrazo.

Sir Bran dijo...

Tu relato me ha entrado por las ganas de leer, y me ha recorrido venas, ligamentos, órganos y huesos.
Lo ha hecho para reunir la tristeza que no sabía que tenía, y la ha ido drenando como si fuese una linfa nueva y desordenada.
Ese niño que callaba mira ahora al futuro, atreviéndose a retarlo desde la nada que lo rodea tan crudamente.
Y se me hace ejemplo.
Todos deberíamos creer algo más en el futuro, y en la parte que nos pertenece. Y podemos hacerlo desde una situación (sospecho) más estable que la de ese niño, y algunos incluso podemos contar con un padre vivo.
Tu relatar abriga un contenido de función social... que consigue explicar (con preciosas letras) alguna fealdad del mundo que nos acoge.
Estupendo poder leerte.
Besiños.

TORO SALVAJE dijo...

Cómo va a hablar?
Que duro me ha resultado.
Muy duro.

Besos.

€_r_i_K dijo...

Emocionante hasta el final....


ABrazos...

Alberto dijo...

Así es, en medio de esta época una llamada de atención para que escuchemos a los que no tienen voz.
Feliz día de sábado y lo dicho en Tiflohomero.
Cuídate y gracias sinceras por tus visitas y aliento.
Besos cariñosos.
Felices fiestas.

Lasosita dijo...

" El niño que callaba "

Trata de ser una llamada de atención sobre la infancia perdida, sobre el mirar de un niño hacia una realidad incomprensible en sus diferencias, sobre las oportunidades perdidas, sobre el desamparo.

Se está poniendo la mirada en una nueva emigración que estaba invisible y que ahora necesita más atención que nunca: el caso de mujeres y niños solos.

En éstas vidas, los finales son poco predecibles...

Gracias, Poeta Frustado.
Enrique...¡¡ Buena Navidad!!

Lasosita dijo...

Amigo Fernando,

Siento tus palabras, tan hermosas,
igual que una pomada reparadora.
Mis más hondas y sinceras felicitaciones para esta temporada brillante que acaba y comienza!

Abrazos!

Lasosita dijo...

Sir...

Ante tu comentario, me despojo de mis letras para dejar espacio a las tuyas. Un poeta es un poeta.

Besiños.

Lasosita dijo...

Toro Salvaje,

Una infancia con esas premisas... tendrá siempre durezas en la base.

Y hay tantas cosas que se nos escapan cotidianamente. En ellos, el " estrés límite " repercute tanto a nivel físico, como mental y emocional. Supera la capacidad de adaptación de las personas.

Se presta demasiada poca atención a los inmigrantes, que viven un verdadero duelo.

Gracias por venir, espero que no desanimarte a ello, a pesar de la dureza.

Feliz Navidad ... y besos!

Lasosita dijo...

€rik, que bueno encontrarte!

Espero que estés bien, porque se te echaba de menos, Viento Mistral.

Felices...( añade lo que desees) y brillantes días venideros!

Manuel Maria Torres Rojas dijo...

¡POBRE NIÑO OSCURO! ME APETECE CORONAR SU FRENTE CON UNA CORONA TRISTE DE NEVADAS DALIAS...
UN BESO DOLIENTE PARA LA AUTORA...

Lasosita dijo...

Alberto,

Es y ha sido siempre, un verdadero deleite conocer, leer y visitar tu blog.

Gracias por estar!

Tereza dijo...

Increible. Siempre he tenido conflicto con la inocencia de los pequeños.
Saludos

Lasosita dijo...

Manuel M.

Me recuerda el comentario,
a tus fotografías...
flores blancas, captadas con mirada de escritor. Haciéndolas resaltar en su belleza.

Saludos "alados" para tí.

Lasosita dijo...

La inocencia rota es un crimen. Quizás el más abyecto y horroroso.

Tereza, es infringir heridas en el alma, sin poder curarlas ni comprenderlas jamás!


Un beso, un abrazo, un deseo de buenos días de Navidad, con los tuyos...

merce dijo...

Este terrible territorio, doloroso Y cruél: el abandono y el desamparo.
Tu has sabido transmitir lo que a veces uno se resiste a reconocer y a sentir en profundidad, porque la magnitudd de la herida es tan grande que uno tiene miedo de ponerse a sangrar en plena calle.

....


Susi como siempre moviendo emociones intensas.

El abrazo prometido pronto querida escritora.

Lasosita dijo...

Amiga Merce, sí que duele.

En esta ciudad en la que me encuentro hoy, a lo largo de este año han aparecido muertos en la calle una veintena de personas, cuyos cadáveres NADIE reclamó.

*****

Un abrazo prometido para tí, poetisa de la calma!!

sue dijo...

Si callaba era porque tenía mucho que decir...

Lasosita dijo...

Sue,

Callar, en ocasiones, es gritar en silencio.

Abrazos navideños para tí.
Gracias!

fonsilleda dijo...

Inquietante relato porque tal es la realidad de esos seres que llegan solos y así permanecen hasta aprender de nuevo.
Bien relatado, para que no olvidemos y más durante estas fiestas en las que todo es despilfarro.
Bicos.

jordim dijo...

es esquinoso (sí esquinoso) y potente, poco más que añadir..

La sonrisa de Hiperión dijo...

Yo que siempre escucho... nunca se me escuchará la voz....

Saludos y un abrazo enorme.

Maria Jose Mallo dijo...

Me ha enganchado el relato y el final me sorprendió.... Es cierto, no hay mayor infierno que la esperanza de nada.
Me alegra haberte encontrado por la Blogsfera.
Un abrazo.

Lasosita dijo...

Fonsilleda,

Hay seres que ven achicado su futuro; no es un horizonte muy esperanzador, desde luego.


Abrazos y saludiños afectuosos!


Si siempre escuchas...

Gracias, Sonrisa de Hiperión por tus saludos, tus abrazos y la posibilidad de hacer lo mismo contigo ( doblemente ).

Lasosita dijo...

María José Mayo,

Hay infiernos en este mundo, muchos...

Saludiños blogosféricos para tí!

Lasosita dijo...

JORDIM,

(Disculpas por el orden alterado de la contestación)

"Esquinado y potente", me dices. Es un honor merecer esas palabras de tí; era lo que deseaba con esta historia: una esquina que doblar y fuerza.

Abrazos y saludos desde Galicia.

Marisa dijo...

Ya sabes que tus relatos
me llegan muy hondo porque
están escritos desde dentro
del personaje,éste en especial
me conmueve,ese niño que
callaba ha encontrado su voz en tí,que escribes con suma sensibilidad el desamparo
que sufre la infancia que viene de la emigración, sin atención y sin oportunidades.
Es necesario remover
conciencias como tú lo haces.

Besiños y que disfrutes
estos días navideños con tu
gente.

Meiguiña dijo...

¡Maravilloso relato!¡Cuantas veces ni escuchamos ni oimos y deberiamos hacerlo!

Tus letras me enganchan como siempre hasta el final.

Pasa por mi rincon, he dejado algo para ti.

Biquiños meigos

Silencios dijo...

Ufffff, increíble el relato corazón, te felicito.
Pensé que estabas de vacaciones hasta que me he dado cuenta que no estaba agregada con el nuevo link, ainsss, la edad no perdona.

Besos corazón Felices fiestas

Mercedes dijo...

Siempre sacudiéndonos el alma con tus relatos, Lasosita!

Aprovecho para desearte unas felices fiestas, y un año lleno de alegría! Sigue deleitándonos con tus historias en el 2010!

Un abrazo!

Alatriste dijo...

¡Cómo te gusta sorprender con tus finales! Je, je, je. Un fuerte abrazo. Me gustó mucho, artista. Hasta pronto.

Daniel Os dijo...

"Qué mejor ejemplo de infierno que la carencia de todo. Que la esperanza de nada."

Y qué mejor paraíso que la carencia de todo, la armonía de no necesitar nada… ¿no será que los acostumbrados al despojo tienen las llaves de la eternidad?

Qué enorme relato, ya es tradición visitar este espacio y salir sorprendido.
D.

Alatriste dijo...

Creo que yo soy un niño callado, cuyas palabras son silenciadas por un mundo en el que cada vez me cuesta más creer. Tuve que volver y decírtelo. Sabes que tus palabras me inspiran. Un fuerte abrazo, amiga. Cuídate.

Mario dijo...

Lo peor de lo peor; esos niños que no conocen la infancia. Que crecen mientras decrecen.

Lo mejor, aun siendo durísimo, tu relato.

Gracias.

Lasosita dijo...

Siempre agradezco tus palabras, amiga MARISA, eres una persona que ilumina las letras que crea, y las mías... se contagian!



Eres maravillosa, Meiguiña, te deseo unas Buenas Fiestas!
Gracias ( muchas )!

Lasosita dijo...

Vacaciones...
Hermosa palabra, pero depende... si te referías al blog, ufffffff
demasiado adictivo. Por aquí estaré sin remedio alguno!
Verificaré si a mí me sucede lo mismo con tu espacio!
No quisiera perderme la belleza de tus SILENCIOS.

Lasosita dijo...

Mercedes,
en el año que viene, también leeré tus cuentos, los lo que son... los que te inventas y los que muestras!

Un abrazo y lo mismo para tí!




Alatriste,

Nadie como tú para sorprender, ya formas parte de esta papelera y de mis historias.

Abrazoa!

Lasosita dijo...

Daniel Os,

Entiendo lo que dices, hay diferentes clases de "no necesitar"

Besiños,
¡me alegro de sorprenderte!



El niño callado que llevas dentro, ALATRISTE, sabe que debe de creer.
Oh, otra vez tú!
Otra vez... abrazo FUERTE!

Lasosita dijo...

Mario,
Buenísmo comentario!

Niños...
"Que crecen mientras decrecen"


Gracias a tí.

María dijo...

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(♥)............Feliz Navidad.........

Que tus navidades estén llenas de luz y de color, de amor y de paz.

Te deseo unas felices fiestas y que el nuevo año venga lleno de deseos cumplidos.

Un beso.

Chousa da Alcandra dijo...

Xa que axiña se vai abrir a porta Santa, quería desexar que neste 2010 que se albisca, se abran todas as portas que ti desexes...(sen que faga moita friaxe eh, que tampouco é cousa de resfriarse!).

Os meus mellores desexos. Con bicos incluidos (de Antas!)

Jose Joel Rios dijo...

Es irónica la verdad, estar a la vista del ojo inquicidor y así mismo pasar desapercibido. La última palabra la tiene el tiempo.

Que tengas muy Feliz Navidad y próspero Año nuevo hoy y siempre. Feliz 2010 un gusto leerte.

Alatriste dijo...

Espero que tuvieras una Nochebuena estupenda y que todavía te dure la sonrisa en los labios. Je, je, je. ¡Feliz Navidad, guapa! Te deseo lo mejor. Un besazo y confío en leerte pronto. Cuídate y pásalo bien.

Agua dijo...

Niña siempre consigues que se me erize la piel con tus historias... historias tan reales que parece que las cuentes en primera persona, que te metas en la piel y en el sufrimiento o la alegria de cada uno de tus personajes. Tus ojos ven la realidad como nadie y tus dedos la plasman en las mas bellas palabras que existen... realmente un relato impresionante, y no se si sera porque es navidad, pero aun duele mas sabiendo que el pobre niño no puede ya hablar. Un beso enorme!

Domingo dijo...

Ningún niño, como símbolo de futuro que es, se merece eso. Todo lo malo que le pase a un niño repercute en el futuro, que queda hipotecado, lastrado, distorsionado y con cicatrices. La infancia es un tesoro, un paraíso que nadie debería violar y profanar con sus zarpas homínidas. A lo puro, a lo bello, a lo verdadero, hay que respetarlo siempre. Marchitar la semilla antes de que germine es una bellaquería que no debemos tolerar.

Lasosita dijo...

Precioso árbol, María.

Gracias por hacerlo crecer en este espacio!

¡Luces y colores también para tí y para tu nuevo año!

¡Saludos cordiales!