viernes, 9 de octubre de 2009

El botón y la cicatriz.



El botón saltó.




Fue como un suicidio.

Se arrancó a sí mismo de la tela gris a la que estaba sujeto.

El botón se había acostumbrado a formar parte de la hilera de botones de aquella camisa gris, todos compañeros idénticos, con sus cantos bien pulidos y sus cuatro agujeros centrales. El hilo que los abrazaba y los mantenía prisioneros era también de un color indefinido, entre verde sucio y negro verdoso a medio lavar. Era un hilo tenso y fuerte, nada proclive a deshilachar sus partículas en el aire.

Compacto y fuerte, como debe ser un padre.

Un cordón sólido les había mantenido unidos a la fea tela. Tela vasta e ignorante; ruda como suelen ser las camisas confeccionadas para durar, para mantener roces continuos sin apenas cambios exteriores, para sufrir con su color desvaído que nunca revela su edad. Estaban todos en fila; desde el primer botón hasta el último formaban un extenso paisaje que rompían ellos mismos.



Ese botón que estalló rompiendo la quietud del mirador, era el último en su posición. El agujero que provocó, al perder la continuidad del abotonamiento camisero, abrió al aire una realidad hasta el momento oculta. Una gran cicatriz se marcaba en el fondo. Cruzaba en diagonal una parte del pecho, formando la mitad de un rombo.



El hombre miró al chiquillo, observando su reacción. En el estremecimiento que recorría el cuerpo de niño desamparado, vio la negación y el rechazo ante los hechos que le narrara la noche anterior.

Sólo deseaba forjarle hombre, sabio en sus convicciones, crítico ante lo mostrado; seguro ante opiniones que le obligarían a posicionarse. Que dominase una opinión formada y sólida sobre el pasado.



Había sido una noche espesa en gris. Se habían creado sombras entre sus palabras, silencios entre las esquinas de los sonidos que les rodeaban, intentando escapar a su significado, logrando que el dramatismo perdiera su color oscuro, alcanzando una brillantez amarilla que soñaba con sustituir esperanzador al sol.



"Fueron ellos, ¿verdad? ", le preguntó el niño antes de que su padre comenzara la historia de su dibujo dérmico. Fueron “ellos”, aquellos que le obligaron escapar de su casa para retornar menos hombre, pero más animal.

Movió la cabeza en actitud afirmativa, con bajada de ojos ante el dolor que se colgaba de las pestañas, pesándole como el plomo con el que sobrecargaba su corazón para que no se acelerara, para no sucumbir a la emoción.



Pretendía una voz firme para enfrentar la mirada de su hijo. La respuesta era un “Sí” rotundo relleno de ecos de metrallas, de gritos nacidos de hombres que estaban a su lado. De heridas abiertas y aún sin abrir, hundidas en torsos que exponían a la muerte. Aunque en su fuero interno supiera que tenía matices que empañaban los sonidos de esa palabra no pronunciada.



Jamás diría lo que se siente matando… con el cuidado y la precaución de que no te escuche nadie.

Sabía que otros tuvieran menos suerte. Amigos y vecinos que, siendo arrancados de sus casas y negocios, hubieron de dar un paseo obligado en medio de la noche hacia un albergue incierto en su ubicación y destino.



Diferente era cómo lo contaban los libros de historia. Palabras tales como: "tropa", "reclutamiento" y "pelotón de fusilamiento" no eran imaginables en realidad, si no tienes bases para compararlas.

Una palabra como " Ejército" hubiera sido una imagen cómica si la componían cinco campesinos con ropas raídas y pies sangrantes avanzando por un bosque; igual que la palabra reclutamiento era una anécdota frente a la realidad de unos bárbaros entrando en las casas de los vecinos para llevarse a muchachos que sólo conocieran el duro trabajo del campo.

Rezar para que el tiempo dé una buena cosecha y de regalo un buen fuego para intentar calentarse.

Otros personajes o los mismos, en misión estratégica, trabajaban al atardecer para instalar a los que odiaban por cualquier razón, formada en el contexto de la guerra o no, junto a una cuneta para sacarles lágrimas o súplicas.

Se la ponían en la pechera como condecoración y volvían a su casa borrachos, celebrando su propia barbarie.

O no volvían nunca, presas de su vileza, sintiéndose viles y desconocidos cuando despertaba su razón a la luz del día.



Su hijo no tenía forma de hacer crítica ni historia personal que le narrase la cantidad de sangre que contiene el interior de un cuerpo. El desgarramiento de tener que matar, aunque fuera para salvarse uno mismo.

Trató de cerrarse la camisa, avergonzado de estar mostrando un pasado tan difícil de traducir en palabras. No eran suficientes. Pensó en remover el pelo del pequeño, al verlo con la cabecita agachada, tímido ante la cicatriz de su padre, que se le antojaba inmenso abismo. Amenazándole con caer contagiado. Pero desistió, deteniendo su mano en el aire, apartándola de la acción no llevada a cabo.



No sabía que decir… ni si debía decir algo.



El botón fue rodando, hasta llegar a una de las esquinas del cuarto. Bajo del ventanal asomaban las siluetas de los árboles frutales. Los plantara el abuelo, cuando aquella tierra era promesa de un vergel, el mismo que sintió despues las huellas de la batalla. Ellos fueron los testigos callados que dejaran a las familias quebradizas tras los fusilamientos.



Ninguno de los dos, padre e hijo, repararon en aquel botón fugitivo. No sintieron el golpeteo con el que recibió contra el suelo, también callado hasta aquel instante.

El padre ocupado en cerrar la herida de su camisa, el hijo pendiente de no morder sus labios con tanta fuerza que le hiriese en rojo.

El padre se preguntó si no habría infringido una costura en el pecho de su hijo similar a la del suyo propio, aquella que se impregnara del cardenillo verdoso de un metal dirigido a quitarle la vida. Suerte que había resbalado, rozando su piel y creando un surco no mortal.



Vió los puños apretados fuertemente, volviendo blancos los nudillos de sus pequeños dedos. Sintió el rencor avanzando en el cuerpo del chico, le pareció más joven que hacía dos días. Un sentimiento de culpa que había adoptado al pequeño, con vetas de venganza que, una vez plantadas, arraigan.



Y tuvo la certeza de que así había sido.



Fue entonces consciente de haber perdido algo más que un botón.







36 comentarios:

Deep Loving Feelings dijo...

Hola!!!
BUeno qe decirte?
Tus entradas siempre me conducen a imaginarme la situacion que se describe, a pensar y sentirme intrigado por lo que pasará. Me dejn reflexionando. Son grandes, muy grandes historias que me encantan!
Son geniales!


Y agradecerte, por pasar por mi blog, este tiempo que estuve ausente, fuiste de las primeras en darme animos, y eso es algo muy valorado :)

Me alegra que te hay gustado mi cuento ultimo, pero lamento comunicarte, que ese eraq el cuento. Es el principio y el final. Se que queda como con gusto a poco, pero sus comentarios me dan fuerza para crear otro más en cuanto pueda :)


te mando un besote grande
Gracias

Martín

La sonrisa de Hiperión dijo...

Pasé a echar un ratito de lectura y como siempre me voy encantado... Pasa un buen fin de semana...

Saludos y un besazo!

€_r_i_K dijo...

Bueno, tiene muchas lecturas, evidentemente, nadie más que quién lo escribe le dará el sentido real,
me recordó una canción de mi juventud en lo relacionado al Ejercito, redundando para muestra un botón....:

"Te cortarán el pelo,
y te lavan el cerebro,
en firmes y ordenanzas,
aprendes a matar,
pelotones de castigo,
inventores y rebeldes,
despersonalizados...."

Abrazos...

Daniel Os dijo...

El poder de la palabra y las palabras del que no puede emitirlas se cruzan a veces y nos encontramos con narraciones geniales y desgarradoras, a la que me estás malacostumbrando.

El padre que calla, que oculta, que adivina en el niño su reacción… el niño que omite, que agacha su cabeza para no poner al padre en situación de confesar. Y de nuevo el padre que no acaricia la cabeza, que da rienda suelta a oprimir sensaciones por dos generaciones.

Ya la guerra será una indefinición numérica de bajas por bando y ya el niño será padre, pero los historiadores y los niños ya han aprendido a callar… nos estamos volviendo menos hombres, pero más animales.

D.

Sir Bran dijo...

Claro que sí!
Haciendo grandes historias en el entorno de algo que debería pasar casi inadvertido.
Ese es tu gran poder, con las letras a tu servicio.
Un dilema mezclado con las generaciones.
Increible entrada.
Por momentos vuela alto, y en otros practica submarinismo humano.
Una de tus constantes maravillas.
Para muestra... un botón!!!

Moitos biquiños.

joselop44 dijo...

Me has dejado de piedra. has escrito un relato muy duro, tremendo, cruel. No tanto por las heridas que describes, que son de una gran dureza, si no por ese final.
Sin duda has sabido transmitir esas sensaciones.
Saludos guapa

merce dijo...

Historia densa, que hiere en el vértice de la cicatriz.
Desde tiempos oscuros, ocultos tras el velo de lejanos ecos...

En la pupila del niño...
el rastro queda...


Querida Susi, tus historias tienen el inmenso poder de la palabra que toca el latido.


Un abrazo.

Marisa dijo...

Una historia impregnada con tu sello,que no deja indiferente.
Hurgando en el alma humana sacas
desde lo más abrupto hasta lo
mas tierno.
Excelente,como siempre.

Un abrazo de los nuestros
y hasta pronto.

Tereza dijo...

Con los golpes y con ése botón se perdió la inocencia. Me gusta tu crueldad al escribir.
Saludos

jordim dijo...

las cosas sencilla snos condicionan..

Lasosita dijo...

Martín,

No hay nada como recibir tan buenas palabras, ante un texto que me alegra que te haya gustado. Trato de llamar a la reflexión y me alegra saber que lo he conseguido...

Puedes decidirte a crear otro cuento... porque cuentas con mis ánimos!


La Sonrisa de Hiperión,

Me encanta que hayas llegado a mi blog para leerme... y marches satisfecho!
Buen finde para tí también!!


€rik,

Es cierto que cada historia obecede unicamente a las manos e intenciones de quién lo escribe. Gracias por la letra de esa canción, que refleja la visión de la guerra, y de las emociones humanas!
Un abrazo!



Daniel Os,

Así perviven rencores pasados, presentes y futuros. Venganzas y luchas silentes, reptando entre generaciones sin que nadie ponga fin...

Tienes mucha razón,
gracias por estar!



Sir Bran,

Se me ha quedado prendida en la retina toda tu opinión...
Sin palabras! Bicos!

(oh... submarinismo humano..)
;)



Joselop44,

Espero que se te pase el tono
"pétreo"... con un abrazo que te envío con mi agradecimiento!

Lasosita dijo...

Merce,

Convirtiendo en versos la esencia de la historia. Magistral tu comentario.

Un abrazo, amiga!


Marisa,

Recibo ese abrazo nuestro con alegría... Nos vemos pronto!

Lasosita dijo...

Tereza,

La pérdida de la inocencia, sobre todo de la infantil es uno de los peores delitos que se pueden cometer. Es como forzar a abrirse a una flor que no ha alcanzado su madurez.

Un gran saludo...!!



Jordim,

Quería dejar constancia de ello, de las cosas simples y sencillas, pueden ser reflejo de universos terribles!...



Genial encontraros aquí...

josealfonsomartínez dijo...

Si es cierto que tus historias siempre me sorprenden, te confieso que hoy, la actual me ha mantenido acá un buen rato.
La he releído. Me ha dejado un tanto "tocado".
Sé bien de lo que hablas, es herencia familiar. Incluso -puedes ir a mi última actualización- en la actualidad continuo persiguiendo a mis fantasmas.
__________

Bien estuvo. Un beso.

Mercedes dijo...

Lasosita, me ha parecido una pequeña gran obra maestra! Es realmente un relato magnífico!

Un saludo lleno de admiración!

fonsilleda dijo...

Comencé a leer pensando que habías cambiado tu estilo y "se me hacía raro".
Y avancé, seguí el camino de ese botón que se asoma a una vida.
Me has dejado finalmente sin palabras con el retrato y el dolor reflejados en una historia de memoria, olvido, tristeza y venganza en una nueva mirada.
Bicos y gracias.

Robërto Loigar dijo...

Buena lectura mientras el aroma del café hace nubes en mi cuarto.

Quedé enganchado.

Saludos en lo que busco un sastre.

febade dijo...

Lasosita, lo primero que quiero decirte es que yo puedo desaparecer pero tu nunca lo hagas, eres imprescindible.

La historia del relato es muy buena, pero la manera en que utilizas las palabras para contarla es, con diferencia, de una gran escritora.

Un abrazo

TORO SALVAJE dijo...

Y tras el botón, el horror.
Mira tú lo que había escondido...

Besos.

Sofi dijo...

"No sabía que decir… ni si debía decir algo"
me encantaaaaaaaa

Domingo dijo...

Realmente sutil, terriblemente sutil. Tanto, tanto, que lo más grave y doloroso no resulta explícito sino que permanece latente, consumiéndose en su propio jugo para estallar cuando menos se espere. Y es que las heridas de cocción lenta son las que peor cicatrizan y luego, claro, existe el riesgo de que puedan abrirse en el futuro.

Alberto dijo...

Como siempre genial. Reveladora metáfora del ser humano a través de algo tan minúsculo como puede ser un botón.
Felicidades.
cuídate y feliz domingo.
Besos cariñosos.

Lasosita dijo...

Josealfonsomartínez,

He pasado por tu actualización. Increíble y emocionante encuentro.
Perseguir fantasmas es realmente dificil y duro, por lo que te admiro más desde este momento!

Gracias!


Mercedes,

Estoy agradecida por el comentario tan cariñoso que me envías.
Feliz domingo!




Fonsilleda,

Me has " pillado"... este texto ya lo tenía escrito desde hacía tiempo, pero no me parecía que llegase a gustar.

Me alegro de descubrir que sí lo ha hecho!



Roberto,


Los que somos cafeteros, en todas sus variedades posibles, tenemos la suerte de contar con distraernos con las volutas de humo!

Saludosssssss descafeinados para tí!


Febade,

Ni se te ocurra volver a desaparecer, a no ser que estés con algún proyecto...!

Me has dejado sin palabras!

Gracias.

Lasosita dijo...

Toro Salvaje,

Cuántas cosas están escondidas, cambiando el mundo cuando las descubrimos!

Un saludo.


Sofi,

;)

Tu comentario es siempre tan alegre... a mí también me ha encantado leerlo!


Domingo,

Es así... tal y como lo cuentas. Perfectamente entendible, sin restar dureza! Algo que se cría silencioso hasta que madura y estalla...gritando!


Alberto,

" tan minúsculo como un botón"
y todo lo que ha armado!

Gracias por pasarte por mi papelera. Saludos!



VUESTRAS PALABRAS SON UN TESORO PARA ESTE BLOG. DAR LAS GRACIAS A VECES NO PARECE QUE SEA SUFIENTE.

DE TODAS FORMAS...GRACIAS A TODOS DE NUEVO!!

Fernando dijo...

Un amigo mío me dijo un día: "hay dos clases de hombres, los que son capaces de matar y los que no" Desde entonces intento siempre clasificar a quien trato y créeme, es bastante fácil distinguirlos.

Juan Escribano Valero dijo...

Hola Susi: ¡Porras! Por segunda vez tendras la culpa de que yo no duerma bien, tu relato me enganchó, y no estoy seguro de poder conciliar el sueño bien.
De todos modos te animo a seguir escribiendo de forma tan estupenda esos relatos.
Un fuerte y freternal abrazo

Basurero Usurero dijo...

Si sólo te quedabas con la parte de los botones hubiera sido un post genial, luego se diluyó. Suerte.

Lasosita dijo...

Fernando,


Sabias palabras las de tu amigo.

Las personas se las ve venir, y a las violentas o conflictivas más todavía.
Yo hablaba de más allá de la capa de civilización y humanidad que nos recubre... de personas que llevadas por el miedo, por la defensa de su propia vida o de la de los suyos, las condiciones de carestía total... se ven sometidos al instinto de sobrevivir a costa de lo que sea.

Tal vez no haya muchos, aunque entonces... porqué y cómo tantas guerras y conflictos?
Son tantos, los " predispuestos" ?

Un tema complicado...


Saludiños y un abrazo!

Gracias por venir a visitarme!

Lasosita dijo...

Juan Escribano Valero,

Uy... no quiero ser yo quién te quite el sueño con mis relatos.
:)
Tu ocupación merece un sueño reparador para llevarlo a cabo!

Besiños y gracias por tu agradable comentario!



Basurero Usurero,

Sí, la parte de los botones, me agradaba mucho. Luego... ya el resto salió solo.

Otra vez será.

Suerte para tí también.

Silencios dijo...

Como cambia la vida cuando comenzamos a descubrir.
Como siempre me dejas sin palabras, niña

Un Besazo!!!! Genio

Iván dijo...

Me encanto este relato lleno de recursos visuales, donde podes ver todo lo que estas leyendo.
Muy bueno.

Mario dijo...

Gracias por tu visita a mi blog...
No pasé, por el tuyo, de puntillas. No me hago seguidor si algo no me llama la atención. Te leí y decidí que tenía que volver algún día a releerte y redescubrirte.
Por eso te sigo. Y por nada más. Y sí, tenemos un relato, unos relatos que parecen familiares.
Enhorabuena.

Lasosita dijo...

Silencios,

Cierto que nos cambia la vida, según vayamos aprendiendo a querer y a sentir, por lo menos, indiferencia. Gestionando decepciones y miedos.

Un beso afectuoso!



Iván,


Gracias por dejar tu comentario. Me alegro que hayas sido capaz de visualizar las imágenes que yo tenía en mente...
;) o por lo menos... parecidas!!


Saludos!


Mario,

Espero que no te haya ofendido lo de las puntillas... era una forma de hablar sin ninguna intención aviesa.

Bienvenido y vuelve cuando quieras, pongo mi papelera a tu servicio.

;)

Qué tengas un buen día, y mis saludos!

Angus dijo...

Sin palabras... simplemente, magistral.

VICENTE dijo...

Las letras te han conyado todos sus secretos. Sólo tu sabes transmitirselos a la gente de forma Magistral.
Un lujo tenerte a mi lado-
Haces que me sienta enormemente orgulloso de lo que haces.

UN BESAZO

Alatriste dijo...

Gracias, muchacha, por las palabras de aliento que le dedicaste a mi amiga Raquel. Fuiste muy amable. Espero que estés muy bien. Ya veo por tus textos que estás en plena forma. Je, je, je. El otro día no pude leer este texto, así que volví para agradecerte tus detalles y para ponerme al día por fin. Eres muy grande, amiga. Ojalá algún día se curen mis cicatrices. Besos. Cuídate.