lunes, 15 de junio de 2009

En la cornisa...


EN LA CORNISA…


Subo por las escaleras interiores. Mis pasos se ralentizan, presos de lastres que pugnan por detener mis pies. Mi subconsciente se hace dueño de la situación; mi consciente huye lejos. La razón, por fin, se impone.
Llego al descansillo apropiado. Nadie me espera, pero escucho un rumor sordo y grave, como si gruñera un estómago vacio en la lejanía. Ellos están abajo, mirando, con morbosidad creciente y sensatez menguante. Esperan un buen espectáculo.
Mis piernas son de gelatina a punto de disolverse. Creo que tengo grados de temperatura de más. Esfuerzo mis huesos para atravesar la ingenua puerta del hueco de los ascensores, esa que me pone en contacto con el cielo abierto, aunque no siento alivio en su franqueo.
Asomo mi cabeza y detrás, el resto de mi cuerpo se inclina, curioso, contagiado quizás por el vilo que se mantiene en el aire.
Rostros me miran, pareciéndome esferas blancas de algodón con algunas manchas.
La veo. Está acurrucada en un reborde pétreo y gris. Semeja tan pequeña! Tan frágil! Oculta la cabeza entre sus rodillas, en una posición de defensa ante una decisión que le hizo escalar hasta ese alero. Sus cabellos son una manta que la cubre. Rojos. Son rojos.
Yo sé también que su rostro está recorrido por rotuladores que cayeron alguna vez en punta sobre su nívea piel. Pecosa. Lo sé. Porque la conozco.
Nada me hizo sospechar, aquél día tomando café que su mente viajaba a mil años luz del instante en que decidí besarla. No fue premeditado, simplemente, a veces me ocurre, la miro y alcanzo su boca con la sed de un desdichado tipo al que no sirven más copas en cualquier madrugada.
Es pequeña su figura. Parece de cera. He subido hasta lo alto del edificio muy seguro de mí mismo. Soy el que mejor la conoce, improvisaré una estrategia y venceré su voluntad. No dejaré que se tire, como una paloma con alas rotas. No permitiré que se chafe contra el suelo ante toda la gente que abre la boca, hiperventilándose y utilizando los móviles para contar a sus conocidos que están a punto de ver un suicidio en directo.


Me acerco dos pasos. La llamo en voz baja. Me mira. Tiene los ojos rojos con esclerótica virada, rasgados como si perteneciera a otra raza. Fue lo que más me atrajo de ella. Es fría la expresión de los anexos: sus cejas, sus pestañas, sus ojeras amoratadas. Me rechaza. Me está empujando ahora mismo con fuerza. Decido no acercarme más. Estoy clavado en este instante indeterminado. Me pregunto que pinta tendré en los visores de las cámaras de video y tv que nos enfocan.

Decido( suave, sereno ) hablar:

“Hola, pequeña. Hace un poco de frío aquí ¿verdad?”

Esconde de nuevo sus filipinos ojos, con sus anexos enemistados.
Ha abierto una gélida brecha, en la cual yo me asiento. Tal vez la situación se alargue en el tiempo. Bien, le demostraré que tengo todo el del mundo, sin impaciencias.
Sin volver a ver sus pupilas, bajo el pelo enmarañado, siento agujas de rencor que me envía para crucificarme. Lógico que no desee hablarme; los muertos son malos conversadores. Está ensayando.


En aquel beso que yo sentí como mío, que nacía en sus labios, surgiendo provocador para mí, para mi exclusivo deleite, para que yo lo tomara sin pagar esfuerzo. Igual que el agua mana para el viajero, dadivosa, con su mejor sabor.
Siempre he encontrado diferencias entre las verdaderas líneas labiales y los trazos que torpemente dibujan en sí mismas las mujeres en tales contornos. Pero ella no. Tiene buena mano para hacer los garabatos imprescindibles y precisos.
Cuando me separé de su aliento, sus palabras me hicieron desear hundirme en la tierra. “No me vuelvas a besar. Sin promesas no hay labios. No tendrás oportunidad, a no ser que te guste hacerlo con un cadáver.”

Siempre fue un poco rara. Miento, extraña en su atracción.
Me doy cuenta de que la locura habitó con ella, apoderándose de todas y cada una de sus neuronas. He estado ciego, persiguiendo una esperanza, soñando con hacer de ella un punto constante, un muro firme al que dedicar mis virtudes y tapar mis pecados bajo su sombra. Me estiraría mostrando fachendoso lo que había construído, ocultando aquello que pudiese corroer la solidez que moría.

En aquella ocasión, yo me había echado a reír. Muy fuerte, con la cabeza hacia atrás, mostrando la parte interior del bajo cielo de mi garganta. Ella no me acompañó.

Susurro de nuevo su nombre, sin la esperanza de que sus ojos me taladren. Pero sucede. Deja su rasgo autista colgado de la cornisa y ataca de frente su nariz. Aceptación visual. De repente un chorro incontenible de palabras salen de sus labios. Al principio son como grafías inconexas y diminutas, que barren el aire sin poder sostenerse. Luego, se agigantan, al ritmo que la cadencia irregular las dota de vida y energía. Llegarán a ensordecerme si la progresión sigue la secuencia matemática, a mí a todos los que esperan bajo el chorreo que viola el silencio anterior. Me intento mantener derecho con oídos escuchantes, olvidando teorías que leí en los libros; absurdas en la vida real y ante seres respiradores de hedores escépticos.

“Tú… déjame en paz, puesto que eres el culpable, sí… no me mires así, con esa cara de hombre inocente que jamás ha dejado de juzgar la deslealtad, la honradez desviada, el juramento incierto, los valores de la traición, del hacer daño… Hipócrita juicio del que te desvistes en cuanto tienes carne esponjosa ante ti. Lucifer, al igual que tú… seguro que usaba grandes y relucientes anillos en sus manos para engatusar, impidiendo la atención sobre sus largas y sucias uñas. No mires así, conserva un poco de dignidad.”
Pienso en su dentadura. Sé que es un pensamiento fuera de lugar, pero así sucede. A veces me pierdo en divagaciones que parecen descontroladas. Quizás sea falta de atención, que se me dispersa. Vuelvo con la dentadura. La limpia con fuerza, usando el cepillo y sus cerdas rígidas con afán de demolición de obra. Semeja un peón aplicando cemento para cubrir las junturas. Le duran los tubos dentríficos apenas unos días. Rellena, después de ducharse, rellena otra vez, al terminar de comer, cenar, salir, entrar, picotear, incluso sí… besarme. Al acostarnos.



Que me fijara en otras era sólo cuestión de tiempo. Bueno para mi psique, y al decirlo sé que caigo en la indignidad. La sinceridad flota en el mar de mis pensamientos; no hay quien pueda con ella. Es un madero al que me aferro junto con las negaciones que están talladas en su cuerpo de árbol caído. Sus palabras hostigan, lapidándome con auditorio, que contiene el aliento y busca en recuerdos de catecismo, oraciones que les haga prescindir del cargador de batería para los cacharros que blanden hacia nosotros.

“…con tu cara de niño, que no ya de hombre, que lo eres poco… recurres a la inocencia para tapar los pecados que cometes en la oscuridad. Las noches que no he dormido contigo, es porque tú dormías con otras, y las que sí lo hice… también estabas revolcándote en tu mente con ésas mismas…

Asco cuando no estás.
Repulsión cuando estás y sé que no es a mi cuerpo al que te aferras, si no a todas las que, durante el pasear del día, has deseado. Lo que más me enfurece, a mi pesar, es conocer los besos que les darías, las caricias que explorarían sus huecos, las palabras de amor que les mentirías, lo que te perderías sin encontrarme jamás, en ese mundo construído para ti, egoista y con derecho de admisión. Derecho que yo no tengo adquirido pese a ser la cloaca de tus poluciones nocturnas…”

Destila amargura. Algo que escribirán mañana en los diarios, aunque esta circunstancia no me importe, puesto que de repente el alma se me ha encogido. No sabía que fuese tan evidente. En realidad, me había sentido tan inteligente, tan maquiavélicamente intrigador e íntegro por ocultación… No pensaba en remordimientos vanos ni en que sí el vecino no me saludaba, no era porque no tuviera sus gafas presbícicas a mano, acaso fuese que descubriera mis jueguecillos con los que apartaba hermosos y jóvenes muslos. Siempre cálidos y en silencio; sin desayunos eternos, sin cabellos rojos empapados por la ducha, sin horarios poéticos, sin artes amatorias pactadas a golpe de agenda y calendario, abocadas a las misma coreografía a base de posturas gimnásticas.

Eternas, bobaliconas, insulsas, frecuentadas.





Hoy no era un buen día para mi linchamiento, apenas había dormido la noche anterior. Me trepaba una serpiente voraz desde los hombros hasta recorrer el hueso temporal, en ambas partes, igual que si mordiese, creando cavernosos y tubulares resquicios susceptibles de llenarse de líquido meníngeo.
Rezumando hastío y asqueo.

“… despreciable eres, maldigo la ocasión primera en la que me besaste, en la que deseé estar muerta para no sentir tu aliento, tu calor, tu lengua apoderándose del interior de mis entrañas desde el vaho que empañaba mi visión sobre ti.
Te creerás que voy a hacerte preguntas; pues no. Sé que no posees las respuestas, todo lo más… unas mentiras magnánimas que ahora mismo eres capaz de creer, porque estás muerto de miedo, en este alto edificio, tú, con conciencia sucia ante toda esta gente”

Mira hacia abajo. Parece más serena, pero sé que es una pose, algo pergeña en la maquinaria de ruedas giratorias; quién supiera los ejes sobre los que se balancea con ángulos siempre obtusos.

“ … Sabía que era posible, ¡pero no que fuera probable! He soportado tus caprichos diarios, ésos días en los que llegabas con la piel de otra mujer colgando de tu deseo. Pendulando, la colocabas entre los dos. Me sugerías que me convirtiese en otra, en quién no soy ni deseo parecerme en absoluto; tíñe tus cabellos de rubio, de moreno, de castaño, córtate el pelo, déjatelo largo, compra tal o cual ropa, baila para mí,… y porqué no te transformas en alguien más seguro, que ría más, que juguemos a ser desconocidos que se encuentran de repente, a ser más sexy, más divertida, menos oscurecida ¿ porque no me muestras más de otras mujeres que de ti misma? Nada de disimulos… más de todo, menos de lo que eres conmigo, ¿acaso no lo merezco?”

No recuerdo nada de lo que dice. Claro que a lo mejor no le entiendo bien, he dejado de pensar y hasta de escucharla. Mi cabeza levita en un globo de morfina, volando sobre mis hombros; el dolor, el dolor grave, presente, insoportable. Deseo encontrarme con Hypnos y que me cubra de adormideras. Miles de ellas.

“… y no. Jamás lo has merecido. Tu amor no vale tanto…”

Sonríe y me dan escalofríos. Entonces… ¿qué demonios hacemos allí, insectos observados y descubiertos en una cumbre? Oigo el sonido de una ambulancia; del equipo de rescate.
¿Querrán rescatarla a ella de mí?
Desvarío.

“Entonces era cuando me hacías el amor, o mejor dicho, cuando les amabas, sobre mi cuerpo, repitiendo lo que ellas te daban a otras horas, en otros días, en otros parajes. A la morena, la palmearías fuertemente en los glúteos, a otra la inundarías de pesados abrazos y pellizcos… recuerdas cuando me ricé el pelo, sí, a ésa… a ésa deseabas levantarla en volandas con una agresividad indigna, con una violencia monstruosa que se apodera de una muñeca probando su resistencia a los golpes… y decirme, maldito; … dí que te gusta, dilo, dilo, dilo!


Me aproximo hacia su posición fetal. Semeja un animal herido que abandonara la tarea de lamerse sus heridas. Su cabeza parlotea hasta que mi movimiento la sume en una rigidez taciturnamente tirante.

Su cara se enrojece. No distingo los confetis sanguinolentos en el fondo de su epidermis. Han huído sobre el lomo vengativo y reconcomido en su tono de voz. Sí, había sido cuestión de inquietudes que yo me decidiera a dejarla en el sofá del salón rumiando sus neuróticas pasteladas. En idéntica posición en la que la contemplo en estos momentos. Querrá morirse o será una llamada de atención, algo para que el mundo conozca (yo, por supuesto) que luce lastimada, lesionada su entraña más íntima.
Estoy cansado y mi cabeza parece una bomba sin espita. Robando milésimas al segundero antes de estallar.


Sigo impaciéntandome, esta tontería suya es un acto de autocomplaciencia insoportable para el equilibrado balanceo de mi existencia. Una vez cercano a su pequeño contorno, me siento junto a ella tratando de actuar con aplomo, ése que estoy lejos de sentir. No sé a quién escuché que era la mejor manera de actuar ante el recelo a que los pies te trasteen; el suelo se acaba dos metros más allá. Cae en picado hasta una mezcolanza de techos de vehículos, de susurro crepitante de vocalizaciones fogosas. No son capaces de callarse, ni para escuchar lo que podemos decir. Cae en un abismo de figuras geométricas, círculos y rectángulos blanquecinos. No necesito imaginármelos desnudos para sentirme mejor. Ahora mismo somos dos animalitos sometidos a la curiosa mirada de científicos diseccionantes de gestos y sonidos.

“Tener la evidencia de que mi voz no llega a tus oídos, si no la de otra mujer, con otras inflexiones, con otros registros, con otro vocabulario. Cuando te contesto: sí, sí, sí… es otra la que llega a tus oídos, más sensual, menos doméstica, menos acostumbrada a lavarte las camisas y limpiar tus miserias…”


Su aliento es un vaho que me agrede con gotitas de saliva, que dudo en limpiar. El odio reside en ellas. Acidas y agrias. Se cuelan en mis poros cutáneos, queriendo alcanzar mi torrente sanguíneo y inundar todo mi organismo con miles de preguntas.

“… déjame en paz.”

Lo ha convertido en agudo grito. Escandaloso. Quedará bien de fondo a las imágenes.

“vale, está bien. Te dejo en paz, me callaré… pero cuando me contestes a una pregunta. Una solamente.” Le miro inclinando la cabeza como un navío a punto de zozobrar, mostrando mi perfil más favorecedor a los vídeos de bajas baterías. Me olvido de las televisiones locales, de los noticieros… ¿tendremos tanta audiencia?



Un leve asentimiento de su barbilla, alineada con su nariz respingona, con una ligera hinchazón en sus ventanillas altivas. Pienso en la mentira o el ardid que está sopesando, porque también sabe mentir y maquinar; me consta.
“¿De verdad quieres suicidarte? ¿Crees que esa es la solución?”

Burla que nace de su cuello y le alcanza el borde de las pelirrojas pestañas. Me vuelve la serpiente a tunelizar los sesos, debería dormir. Cuando todo acabe, me digo. Intento mantener mis párpados abiertos.
Ella no me responde lo obvio, por partida doble: son dos preguntas y si ha subido hasta ese repecho de arquitecto fallecido, será por algo (desde luego, nunca admitiría duda al respecto).

“Pues mira, he estado pensando en ello. He valorado que tengo un desapego total a la vida contigo, no me apetece seguir con la mía. Se me haría pesada e incómoda. No sé continuar sola si te echo de mi lado. Cosa que te mereces…”

(Respira tan fuerte que temo que se desmaye y se prive allí mismo, miro con preocupación el ancho cutre evaluando las posibilidades de hacerle el boca a boca o levantarle las piernas antes de que se lance sin querer o queriendo al vacío)

“Me gustaría irme para otro mundo sabiéndote lleno de arrepentimientos, atormentado por llevar el recuerdo de mi cuerpo despanzurrado en el suelo ¡delante de toda esa gente! ¡Sí! Sería glorioso ver luego los vídeos en la televisión, muriendo una y otra vez,… mil veces… dos mil… siempre sin poder olvidarme, desenredando cada fotograma, cada gesto de mi cara mientras caigo. Créeme, amor… ¡sería glorioso!!”

(Está loca, se pone de pie en esta tacaña cornisa, balanceándose peligrosamente, llevando mi miedo de un lado a otro).
Me levanto, tal vez debería alargar mi mano para asirla por la ropa, por lo menos, pero temo precipitar un final demasiado obvio. Ahora me doy cuenta de que no tiene alas, jamás sobreviviría a una caída semejante. Jamás ha sido un pájaro. Deliro, sin duda por la situación, por los agujeros en el interior de mi cabeza, por la falta de sueño, por todo.

Seguro que parecemos dos locos en lo alto de la cornisa.
Lo somos.
“No te atrevas a tocarme. No compartiré una piel que no es mía. Piel que ha conocido otras salivas y otros gemidos. Que ha sudado encima de mis latidos dedicando sus gotas a cercanas presencias subcúbos bajo tu vientre… Aguarda. Necesito sentir el alivio de no verte, pero tener la certeza de que eres mío… Espera…Estoy pensando en otra solución. Puede que la muerte sea peor que la vida, nadie ha venido del suicidio y nos ha dicho que estaba contento de cambiar de ubicación dimensional. Puede que elija la opción más patética, lo que no me consolaría al verte retórciendote con mala conciencia, o…también es posible que….estoy pensando en otra cosa…”

(Me mira fijamente… demasiado para la fuerza de cualquier ojo; llamando a terroríficos presentimientos. Odio, rencor y cólera se arremolinan a mis pies, enredándose entre las piernas, inmovilizándolas como si se tratasen de fuertes cadenas. Trago saliva.)

Da un giro inesperado, agarrándome un brazo y tirando de mí hacia el vacío.
“que seas tú el que se mate, eliminando mi problema…”

Mientras caigo, entre flashes, pienso que tampoco tengo alas, visualizándome en las mil caidas que verá ella los días que le restan. En nuestra casa, en nuestro sofá, mientras se cementa los dientes

¡Maldita sea! Al fin podré dormir.

40 comentarios:

Paladín Sombrío dijo...

Es muy duro, y también muy hermoso. La espera por un nuevo texto valió la pena!
Gracias Susi!

Galileo dijo...

¡Maravilloso!, me encanta tu forma de escribir. Destila talento a borbotones. Gracias por compartir tus relatos.

josealfonsomartínez dijo...

Trágico como una cabal de Molina,
-términos flamencos- en el relato que riza el rizo, confluyen el amor y la muerte desde el "yo". Permítemelo: tal vez no lo sepas; tu prosa es muy flamenca -te hablo desde otros lares- y profunda.
Un abrazo.

Marisa dijo...

Una narración soberbia,
de principio a fin.
Un lujo poder compartir
tus maravillosos relatos.

Biquiños.

Elen dijo...

Este texto me trae a la mente montones de excusas y mentiras que escuchamos a diario en cualquier esquina...excusas para intentar ocultar el daño que, a sabiendas se provoca.
Me he quedado prendada de "la piel que suda en sus latidos"... preciosa forma de contarlo, Susi.

Un beso grande para una grandísima escritora.

Lady Hefziba dijo...

Que suspenso! Suspenso de principio a fin! Que manera de volar la imaginacion, de entrelazar ideas y letras.
Un abrazo amiga!

febade dijo...

Hola Susi Romero de la Torre.

Es un relato perfecto, la forma de individualizar a los personajes, de hacerlos únicos, distintos. la amrgura, la venganza, el desinterés...

En verdad te digo que ha sido un relato que he desgustado con impaciencia y sabor, mucho sabor.

Gracias por ser tan buena anfitriona con las palabras que nos muestras.


Un saludo

merce dijo...

Susi tu forma de expresar y transmitir sensaciones es increible, sobre todo en un relato tan extenso, consigues mantener total atención de principio a fin.
Enhorabuena.!

Un beso.

Lasosita dijo...

Las esperas también son parte del camino, Paladín. Se pueden ver como descansos...

Gracias a tí!




Galileo, me emociona que hayas leído mi texto, ( me he pasado un poquito con la extensión, pero no tuve manera de cortarlo )

Gracias por llegar al fin.

Un abrazo!

Lasosita dijo...

Josealfonsomtez...

Trágico ( vale )

Flamenco: toda una revelación para esta gallega, que adora Andalucía pero que lo más que hace es ocupar sus tierras entre estaciones!

;)

Me encanta, y te devuelvo el abrazo!

Lasosita dijo...

Mi Marisa;
un lujo es conocerte y que podamos escucharnos.
Creo que hay amistades que nacen
haciéndose tan presentes que parece que han estado ahí, con nosotros a través del tiempo...


Biquiños!!

Lasosita dijo...

El relato tiene algunos sustratos y abonos de la vida. Inevitable.

" Préndete" a todas las frases que te gusten, Elen.

Nada me halagaría más!

Un gran abrazo, un beso y estamos!!

Lasosita dijo...

Tú siempre tan amable, recordándome la inmensidad del océano que nos separa y la cercanía que sentimos con las letras.

Lady, otro abrazo para tí.

Lasosita dijo...

Pues he sentido una mariposa en el estómago al comenzar a leer tu comentario.
Ese saludo tan... nominativo y rotundo!

Gracias por leerme, Febade!

Saludos cercanos.

Lasosita dijo...

Un relato extenso, sí. Pero exigía su tiempo y su espacio; sus explicación y la definición de los personajes, la escena...

En fin, sí, Merce, espero verte pronto y compensarlo...!!

Un Besote Grande, amiga!

vicente dijo...

Tus lectores te definen a la perfección. Aprecian tu talento, y disfrutan con cada palabra.
Yo, sólo puedo felicitarte una vez más.

A mi ESCRITORA, un beso grande

Albino dijo...

Al leer estas resupuestas me entero que te llamas Susi, asi que para mi no seras Lasosita mas que para encontrarte.
Has escrito una bonita narración, larga por lo que, pare leerla con mas detenimiento, la imprimi.
Hay en tu una buena escritora que no debe desaprovecharse.
De lo que has dejadso escrito a la novela, hay solo un paso. Si no lo diste aún, te animo a que lo hagas.
Un beso

anna dijo...

Me encanta tu forma de escribir ya solo espero al proximo texto.

Un abrazo grande.

Sensaciones Encontradas dijo...

Me acabo de quedar de piedra... no podia dejar de leer, no podia dejar de ser espectador de esta historia...
Sentia su dolor, llegue a odiar a ese hombre que la engañaba para luego apiadarme de el mientras caia al vacio...
Realmente increible!!!!

josealfonsomartínez dijo...

¡Jé...!, de nuevo por aquí. Estoy seguro de que Paula habrá tomado nota de tu comentario. Ella en Córdoba, yo en Valencia, unidos en la distancia, telegrama de agradecimiento para tí.
Un beso.

pasaxeira dijo...

me ha dejado muy mal sabor...

cuando etiquetas "nubarrones" te refieres a esta sensación que me ha quedado?
te lo pregunto más q nada para elegir el día en que leer estos textos, que tengo que estar preparada para digerirlo bien.

Tienes una forma de expresar que a mí me penetra demasiado.

Un gran abrazo.

Lasosita dijo...

Vicente, eres el que ha
" soportado " su primera lectura. Sin tu opinión, no hubiera visto la luz de este blog. Mis agradecimientos!

Susurro post* perdona por el engaño... no era tan corto como te dije... ;)

Lasosita dijo...

Me agrada ser ya Susi para tí,
al igual que me anima saber que me has leido, con la molestia añadida de imprimir mis letras.

Lo otro... ( en estudio )

Un gran abrazo, Albino!

Lasosita dijo...

El próximo texto...

huy! ni idea...

Me gusta recibir tus comentarios, pues echo un poco de menos los de tu blog, aunque reconozco que es una buena medida para su gestión.
El tiempo no da tregua!

Un gran abrazo de vuelta, Anna!

Lasosita dijo...

Sensaciones Encontradas,

gracias por visitar esta papelera, en la que se amontonan folios y notas surgidas en cualquier lugar y hora.

Solamente puedo decir que éstos son mis textos, mi presentación y lo que escribo.

Pasaré por tu blog para devolver la visita y las maravillosas sensaciones que has dejado aquí con tu comentario.

Un saludo!

Lasosita dijo...

Recibido tu telegrama.

josealfonsomtez,

y aún lo pienso...
" prosa flamenca? "
;)

Un beso y una sonrisa para ambos!

marta dijo...

¡GUAU! Chica no tengo adjetivos suficientes, me he puesto al día en tu blog (¡al fin!) y tanto este relato como los otros tres me han dejado sin habla.
Un fragmento de éste me ha encantado:
"Al principio son como grafías inconexas y diminutas, que barren el aire sin poder sostenerse. Luego, se agigantan, al ritmo que la cadencia irregular las dota de vida y energía."
¡Qué forma tan soberbia de describir!
Un beso MUYGRANDE :)

Lasosita dijo...

En realidad, Pasajera, es que las etiquetas tienen muchísimo de subjetividad. Puedes interpretarlo así, o darle el significado de porción de gente " distinta ".

Seguro que no todos mis posts, te alcanzan de esa forma,
mientras, recibe un gigante abrazo!

Lasosita dijo...

Marta, gracias por hacerme un hueco entre las ocupaciones de final del curso.

Honradísima de contar con tus adjetivos!

Biquiños de finde!

TORO SALVAJE dijo...

Escribes realmente bien.
Muy bien.
Un relato bien llevado y bien acabado.

Engancha.

Besos.

Alatriste dijo...

Mucha gente con muchísimo menos talento que tú para narrar, tienen la osadía de escribir libros. La verdad es que cada nueva historia que nos ofreces, nos deja más y más enganchados. Me he tomado el atrevimiento de leer también los comentarios de tus amigos y todos coincidimos. Eres extraordinaria cuando te enfrentas al reto de un espacio en blanco. Vivir intentando no hacerle daño a los demás. Creo que es la única manera de vivir. Te dejo mi aplauso y mi abrazo. Feliz fin de semana, escritora.

el mercader dijo...

Un escrito muy bello, duro, durisimo, lleno de matices,que discurre inexorable. Te escribiria mil cosas. Es tanto lo que me sugiere.... Te escribiria que me preocupan todos esos suicidios en vida, todas esas cornisas a las que nos asomamos. Te escribiria tantas cosas.....

Shunyata dijo...

Como siempre niña, un placer perderse en tus letras...
un abrazo

Lasosita dijo...

Toro Salvaje, me alegro de saludarte ... y perdona por el retraso!

Estoy pendiente de aquello,
un abrazo!

Lasosita dijo...

Mi capitán Alatriste...
te prometo que he pasado un fin de semana estupendo, sin duda por tu buen deseo...

Un abrazo, de veras!

Lasosita dijo...

Feliz al leer tu mensaje,
puedes escribirme mil cosas...

Las leeré siempre con agrado, Mercader!!

Un abrazo y buena semana para tí, llena de esperanza y buenos momentos!

Anónimo dijo...

Me pasé!!!!!!!!

alex

Lasosita dijo...

Jajajajaja!!

Alex!!!! Gracias!!!!

Daniel Rubio dijo...

Este relato no solo me ha sorprendido, es más, me ha hecho sufrir en incluso ha aparentado ser real, y eso,quiere decir que has hecho bien tu trabajo.

La atalaya de la bruja dijo...

Eres dueña de la palabra, de las descripciones y de la transmisión de sentimientos. Me encanta como escribes.