sábado, 4 de abril de 2009

Circe.
















Un día… hace mucho tiempo, o tal vez hace unas pocas horas…

Cuentan… dicen…


… que una hechicera anciana y alcohólica Circe armó un gran lío en el bar.
Fue su preludio un sábado nuboso al que siguió una anochecida oscura y tétrica,
reflejada en brillos por una luna pálida y curiosa,
que se acercó por el barrio escondido de callejones laberínticos.

Aconteció el suceso de madrugada, cuando los vampiros hastiados de sueño anónimo se desperezan para mostrarse adheridos con las sombras.Cuando sólo con sus manos ordenaban apagarse la mortecina luz de los faroles.

Llegó al local sobre la hora acostumbrada, llena toda ella de soles apagados y de lunas
de ocultas caras.
Sus ropas flotando alrededor, marcándole un aura de decadente belleza rubia, alguna vez hermosa, ahora vencida.
Los tules de su túnica son jirones descoloridos, ajados y deshechos, colgando de sus huesos como lo harían de un palo vestido para asistir a un baile.


Circe tiene muñones por pies

de tanto caminar arrastrando tiempo y soledades, clamando al cielo que enfriaba el calor diurno con las arenas que limaban sus penas a la altura de los tobillos.
Camina con lentitud exasperante,

igual que Atlas lo haría si se desplazase con todo el peso del universo. Quizás sean los desengaños o los pecados aquellos que se desplazan hasta el alto taburete, tomando asiento frente a la pared embotellada, venenosa,

con geriátrica torpeza.

Sus capilares transparentan tras su lechosa piel,

empujados y engrosados como serpientes rojizas
que en su caudal empujan en huellas horas dedicadas a la desesperanza.
Su melena desgreñada tapaba la totalidad de su mandíbula, dejando apenas adivinar una dentadura negruzca que recordaba a las simas oscuras del averno.
Antes, las estrellas brillaban entre las hebras claras compitiendo las unas con las otras,
presas de sonrisas.


O eso dicen.


Muchos no lo creen.



Fue agriando con acritud melancólica el aire inmóvil, mantecoso,

que dividía los límites de la razón y el sueño con lentitud,
carraspeando con voz ronca pero segura, un batiburrillo de frases
que no fueron escuchadas al principio del monólogo etílico,
pero sí entendidas poco tiempo después, cuando la gente de su alrededor llegó a visualizar el fondo de sus vasos de tubo, sin dar tiempo a los hielos
a tomar la forma líquida de los manantiales de los cuales provenían.


Para ese momento, ya los ácidos comentarios de la nada sobria vieja, a quién veían caerse sobre la barra a cada punto y enfelpar su lengua en cada coma pronunciada, creaban mares y océanos de bilis verdosamente horrendas.

“… pues allí lo tengo. Encerrado. Solitario. Oscurecido. Infierno en sus alas y en su cuerpo.

Fue mi asidero, mi agarre, mi salvación.

Era tan hermoso…”


Las orejas que tenían los desechados e involutivos músculos auriculares,
se dirigieron hacia la voz, intentando discriminar entre el sonido gutural y la coherencia que existía en la vocalización en labios y dientes disgregados por aquella boca.

Continuaba bebiendo, entre trago y trago,
su garganta se extendía rasgando la consciencia por el deslumbramiento sin apenas esfuerzo.

Un delirio le mezclaba con los mareos y la falta de visión.

Asemeja tener mil años, que se queman en el cigarro que sostiene como un milagro entre sus dedos. Las cenizas caen descuidadas sobre las inmediatas lejanías del cenicero.

Su mirada hacía años que huyera de sus pupilas.
Las quemara escrutando el horizonte. Los amaneceres, el estío naciente, los ocasos, crepúsculos abocados a matar su esperanza.
Él jamás volvió…


Y de tanto sollozar, de tal cantidad de agua derramada…
cataratas tornaran sus castaños ojos en enfermizas piedras aquietadas y azuladas en sus bordes.




Los carroñeros no cesan de acercarse a ella, palmo a palmo, trasladados por la codiciosa curiosidad, sumado al deseo de no perder detalle de sus incoherencias, para darles una interpretación, aunque fuese falsa.

No todas las noches, bajo una luna llena,
se cuenta con una diosa decrépita contando historias
apenas inteligibles…


“… estaba cansada mi joven piel de recorrer los muelles y rocas escarpadas de las costas.

De escrutar bajo cada reflejo que el sol inventaba en estelas de luz cegadora en el mar que me rodeaba.

De levantar irisadas caracolas bañadas por la sal, para encontrar la nada, la distancia, su eterno olvido, mi eterno recuerdo.


Por eso fue él, un arcángel quien me otorgó un respiro a mi fiebre…

sus alas fueron mi lecho y mi bálsamo.

Me hundí entre sus plumas blanquísimas, notando su suavidad etérea.

Estaba confortada.

A salvo.

En una guarida a mi medida.

En casa.”

¿De quién hablas, Circe? ¿Acaso deliras? ¿Qué has hecho?


Ella acierta a llevarse el artrítico dedo, con un grueso anillo grabado en oro,

a los desdibujados labios, pidiendo silencio.

Semeja un cuentacuentos milenario con un hatillo repleto de historias rotas.

“¡No comprendeis! Nada… Nadie…”

Calla y parece concentrarse en su consumición, olvidándose del resto del bar que,
ya posados sus vasos, comienzan uno a uno a pedir otras rondas mientras empujan sus asientos un poco más hacia la mujer esquelética que licua su sangre a cada sorbo.
Sus mejillas descarnadas sugieren a gritos alguna adicción oculta,

oscura, huidiza ante sí misma y ante los demás.



Quizás al amor.


Aguardan en el silencio, con respiraciones suaves para no romper el hechizo.
Ojeadas se dirigen, ora a ella, ora a los demás, sintiéndose partícipes del interrogatorio mudo, deseosos todos porque la bruja Hechicera hable de nuevo, otra vez.

“… lo malo de los ángeles es que se creen muy listos. Demasiado.
Claro que tienen alas, supongo que es más fuerte que ellos la necesidad de volar,
y éste ser divino, dotado de vida mediante aladas fantasías mías, deseaba hacerlo.
No pude permitírselo.

¡Era mío! ¡No le dejaría marchar de mi lado!


Dejé que Ulises se perdiera para siempre en el mar de mi memoria,
sin desaparecer, dando vueltas y girando en remolinos nocturnos, en sueños intranquilos… atormentando mis tristezas y envenenando mis alegrías… con mi ángel eso no lo permitiría jamás.

El me quería y debía quedarse.

Me dijo: Te Quiero.

Se arremolinó entre mis piernas y me mantuvo presa con la ensoñación del que navegaba lejos de mí. Rumbo a otras islas.


Te amo: susurraba mientras me abrazaba con ternura de tacto alado.


Pero planeaba caminar entre las estrellas, saludando a las más brillantes,

a las que le llamasen, a las que quisieran acurrucarse entre los huecos de sus plumas y su cuello.

Rodearle con sus cabellos hasta confundirse con sus extremidades.



Por eso, cuando observé que oteaba el espacio entre la brisa y el viento…”


Su cabeza incapaz de mantener la verticalidad cae sobre la madera.

El sonido sobresalta a los escuchantes, que no pueden reprimir un rápido gesto inútil,
ninguno se levanta.
No parece que continúa respirando la mujer, pero ellos aguardan su voz,

resonante y chirriosa de nuevo.

Sus manos tiemblan con sombrías livideces.

Suceden interminables minutos hasta que entre el humo del tabaco
se abre paso otra frase intuída, que no esperada.

“ … Él se marchó, hacia tierras que eran suyas, hacia amores que eran suyos, hacia futuros que eran suyos.

A su mundo perfecto.

Déjome aquí, sola, con el poder de no olvidarlo, de sufrir los remordimientos más cargados de culpa, de arrepentimientos por no ser capaz de retenerlo,
de morir en cada recuerdo.”

Ulises. Repiten todos en sus mentes. Habla de Ulises…

“Ahora, está encadenado. Preso. Humillante y derrotado, con argollas en la pared…”


Ángel, habla del Ángel…

Comienza a reírse de forma histérica, subiendo el tono hacia los agudos más incómodos.
Algunos se tapan los oídos, pero a medias, para continuar su escucha.


“Sí. Ha aprendido que huir de mí no es fácil.


He colocado, hace muchos años ya, hierros a sus alas.

He tapiado las ventanas,
he cegado sus ojos al igual que los míos,
y ha dejado de tratar de escapar de mí, que soy su destino.
Cepos enormes, negros, herrumbrosos, inmisericordes, justicieros cepos rodeando su bien más preciado, su esencia, su alma.

Su libertad.

Su masculina belleza.
En sus blanquísimas y bellas alas. En ésas que me dio para que enjuagara mis lágrimas.

Hace días que no siento su calor. No se mueve. Quiere castigarme por tantas horas privado de la luz del sol.

Me odia desde el instante en que comencé a quererlo…

Tan inocente y bello… tan mío… para siempre” farfulló la vieja antes de caer al suelo moribunda.


El ruido de una alarma atenuó su parloteo.
Alguien llamara a la autoridad.

Los periódicos no dejaron de publicar la noticia del cadáver que encontraron los agentes, tras revisar uno de los grandes y ruinosos torreones en los que todavía vivía, después de tantas penurias, la arcaica mujer de descuidado jardín y barrotes apuntalando los antaño puntiagudos tejados. Después llegó más gente uniformada con grandes aspamientos y órdenes en griterío confuso, pero eficaz.

Un cuerpo bajo el bisturí.
Otro rodeado de indiferencia.


Dicen, cuentan… que otra madrugada, alguien creyó ver,
en un solitario recién llegado de otras tierras,
a un anciano Ulises llorando ante un cordón policial.







18 comentarios:

MARISA dijo...

¡Susi!. Me estremecí después de leer de un tirón a la malvada Circe.Pero cuando tenemos un ángel cerca, en cuyas alas nos podemos acurrucar, no hay nada que temer.
Una fantástica historia.

Un cálido abrazo que espante todas
esas tinieblas.

Agua dijo...

Guau! que historia tan fascinante, me ha encantado la historia y la forma de narrarla...eres una artista!!! Besos!

Lasosita dijo...

Un GRAN SALUDO a tí, Marisa, y espero que tu Semana Santa sea llena de vivencias estupendas y cálidos abrazos!



Agua, fascinada que me dejas tú, con estos ánimos.

El ( guau ) me ha gustado!!

Besos!!

merce dijo...

Susi, el primer texto que leí tuyo, fué " En el distrito número 6", publicado en el blog de caixanova, me habia parecido buenísimo, es un estilo muy personal. En este relato, que me invade, por todo lo que eres capaz de transmitir, me lo recuerda.

Me gustaría saber mas de esos personajes...

Quizá me cuentes, en esas reuniones nuestras...

Me encantó.

Feliz semana y besitos.

Elen dijo...

Querida Susi:
En primer lugar, disculpa mi ausencia: he estado todo el fin de semana fuera y hoy no tuve ni un segundito a lo largo del día. De todos modos, he de confesar que tus palabras me gusta paladearlas una a una.
Desde el primer post tuyo que leí, me ha enganchado esa manera tan especial que tienes de narrar... Haces que me sienta en piel de tus personajes, incluso en la de la atormentada Circe.
Un biquiño

Ni del viento.. dijo...

¡Maravilloso!

Tengo que pasarme con más calma por aquí, me ha encantado tu ´blog!

Lasosita dijo...

Te contaré, Merce, cómo nacieron esos personajes, aunque Circe y Ulises... creo que ya estaban inventados, ;)

Un biquiño cariñoso.

Elen, jamás pidas disculpas por tus ausencias cuando son los escapes que todos necesitamos. La vida es tan absorvente que no nos deja un minuto para respirar.
Sobre todo, cuando vuelves y eres de esta forma, tan cómplice y agradable en tus comentarios!!

Un gran abrazo!

Lasosita dijo...

Gracias por pasar por mi papelera y dejar tu señal, NI EL VIENTO.
Y por querer quedarte!


Sé bienvenida y recibe un gran abrazo!

Angel dijo...

Me confunde el saber si estoy con verso o con prosa. Es una sensación curiosa. Pero en cualquier caso el remate de laa historia es fascinante.


Un saludo Susi

VICENTE dijo...

Nunca dejaras de sorprenderme , a mi y creo que a todos los que te siguen.
Fantastica historia, fantastica tu que eres capaz de todo.
FELICIDADES

marta dijo...

Aish, me ha gustado muchísimo la historia de Circe. Escribes de una forma especial, me encanta :)

Un beso MUYGRANDE.

Lucina dijo...

Es un escrito verdaderamente mágico.
Te agrego a mis rcomendados, con tu permiso.
Un beso y gracias por la complicidad

Lasosita dijo...

Despista el formato del párrafo, aunque no puedo más que celebrar tus dudas, Ángel.
No me considero poetisa, en todo caso es prosa, quizás con toques que desean ser realzados.

Muchas gracias por leer mi texto hasta el final, y me alegro que te haya gustado.

Un gran abrazo!! ( por cierto, me encanta tu foto nueva del perfil, tanto tú como Xoco estais guapísimos...)

Lasosita dijo...

Vicente, tú sí que consigues sorprenderme siempre!

Gracias por todo,
y por protegerme de relámpagos
y truenos...

Mil y un besos y algún abrazo...!!!

Lasosita dijo...

Marta, eres una de las personas que más me gusta que pase por aquí!

Un besazo, guapa!

Lasosita dijo...

Muchísimas gracias por agregarme,en tus bellos momentos,
Lucina, y a tus recomendados!

Te sigo con esa complicidad!!

Alatriste dijo...

Una historia alucinante. Tienes una imaginación portentosa, amiga. Me ha encantado. Creas los personajes con una facilidad que abruma y los dotas de vida propia, con lo difícil que es eso. Claro que acudo a tu papelera. Me encanta. Fue una gran suerte conocerte y espero ser tu amigo para siempre. Conmigo puedes contar. Hasta pronto. Besitos.

Lasosita dijo...

Poeta, me has alegrado ya el finde, aunque toque trabajar.
Y por todo lo demás:

GRACIAS

y MUCHO DE LO MISMO...

ya sabes dónde estoy.

Un besazo, correspondiendo a los tuyos ( qué suerte! )