jueves, 29 de enero de 2009

No sientas...( parte III)



La tienda, algunos días, es un hervidero de gente. Desde primera hora. Vino por aquí, después de mirarme detrás del cristal, la chica de la zapatería. Se quedó prendada de mi bolso, ese que yo lucía desde hacía dos días, vacío, como un anexo del mío propio. Me colocaron otro, pero me resultó extraño verla alejarse, con algo que suponía mi pertenencia, colgado de su hombro.

Pero los que más llenan el local, como insectos atraídos por las luces brillantes, son los adolescentes.
En la evolución de los humanos, forman un submundo aparte. Todos tienen la misma forma de hablar, entre siseos las chicas y duras vocalizaciones ensordecedoras de los chicos. Utilizan gestos braceantes, con frases cortas y rápidas, como si tuvieran muchísima prisa, con el máximo de diez palabras, construyen todo un vocabulario basado, no en lo que significa cada una de ellas, sino en las emociones con que las cargan.

Así, alguna palabra, les vale para todo, para expresar sorpresa, por lo barato, contento por lo que les gusta, por la decisión de comprarlo y hasta por llevarlo puesto. Y ellos son los que, si entran muchos y desbordan a la dependienta, me llegan a manosear, tocándome la ropa y lo que no es ropa.

Un tacto desagradable, como un pellizco de realidad que me incomoda. No me gusta que lo hagan, me dan tirones todo el tiempo; no es como imaginaba que sería el sentirse rozada por otra persona. Piel, contra otra, debe dar una suma total, una maravillosa sensación. Una capa porosa, viva, surcada de sensores conectados a multitud de reacciones químicas, cazadores de emociones que pueden llegar a nublar el entendimiento y os hace amar, sonreír, o llorar, ya sea de tristeza o de completa alegría.
Me desagrada el contacto de sus manos, no me transmiten nada.

Pero él no. Creo que sería de otra forma con él. Un día llegó ante mí sin ser lo habitual, sin que contase verlo ante mí, pues era fin de semana, un día perezoso, acallado, sin novedad en el patio del colegio, sin rutina semanal, sin nada especial; estaba sin niños, sin afeitarse, sin corbata, sin alianza en su mano.
Su mirada estaba un poco extraviada, un poco ida, fruto quizás de adormecer sus sentidos con algún fermentado exceso, como si me viese sin querer, dejándola resbalar sobre mí, a su pesar, como si fuera un pecado del que era totalmente consciente.
Me decidí a hablarle, ofreciéndole tanta intensidad en mis palabras, que creo que me escuchó. Me tuvo que escuchar. Le dije que pensaba en él, y que, sin pedir nada a cambio, yo le podía dar todo lo que quisiera.
Mejor dicho, le podía dar todo lo que no quisiera.

No le pediría jamás un anillo, ni promesas de un futuro, ni que recordase una fecha de aniversario ni dos, ni un teléfono al que llamarme. No necesitaba de él, que sonriese sin gana, que soportara mis dolores de cabeza, que se vistiera adecuadamente, según mi gusto, ante un acontecimiento familiar. No me vería jamás envejecer, sufrir, ni acometer una lucha inútil, estéril, por lograrlo. Nunca le exigiría fidelidad eterna, ni explicaciones minuciosas, ni excusas absurdas inventadas entre el ascensor y la cerradura de la puerta, ni que hiciera bricolaje en su único día libre, ni que bajara la basura, ni tampoco flores cubriendo la tumba de la culpa, ni le agobiaría con preguntas : En qué piensas? Me quieres?... Cuánto? Ahora? Dímelo...!!
Todo lo que no quisiera para su vida.

El protagonista de esta calle. De todas las películas, que oigo provenientes de la trastienda, sería el héroe o el villano de todos los libros que veía leer, la dedicatoria de todas las artes, y de sus hijas, las musas de los poemas que forman el tedio de la vida cotidiana, y sólo unos pocos saben adivinar; el destinatario de todas las canciones. Sería su cara la que apareciera en las portadas de las revistas, impresa a todo color, definiendo el brillo que da a la madurez su característica calma.

Siempre él, sólo él!
No sé si me entendió.
Pero dio un paso atrás, como para observarme mejor.
Sonrió.


El barrio, en las semanas que pasaron, poco había cambiado. Las mismas agujas de los relojes, acuciaban el tiempo, persiguiéndolo implacables. El claxon de los conductores perezosos, rompiendo el aire ciudadano, el despertador con ducha y loción incorporados, las mujeres que pasaban, rápidas y certeras como flechas, con el carro de la compra tras de sí, hacia el mercado, para coger fresco el pescado, con agallas palpitantes, dando bocanadas todavía. Recién cortadas las hortalizas, del color más vivo la fruta.
Las madres, y sus citas diarias de maquillaje fresco, eran menos. Preparaban el verano, equipajes, compras, y trataban de apropiarse un tono en sus melaninas, para no parecer fantasmas en bañador a la orilla de las piscinas, afanándose por parecer más ocupadas que las vecinas. El colegio, abría su boca bostezando como siempre, dejando entrar a unos niños, ya en camiseta y pantalones cortos, más prestos con la pelota que con las libretas. El curso iba tocando a su fin.


En la noche, tras el cristal oscuro, una luz hace reflejarse todo el escaparate, proyectándose hacia fuera. Por eso, yo me veo a mí misma, y sobre la pátina coloreada, soy capaz de soñar. Como todas las figuras femeninas que veo cada amanecer, como todos los hombres que recorren mi acera, como los niños que acuden a sus últimas clases cada día.
De qué material están hechos los sueños?

Sueño con la movilidad necesaria, para deslizarme frente a él. Colgar mis ojos y mis pupilas brillantes en las suyas. Coger su mano y entrelazar nuestros dedos, no dejando espacios entre ellos, fundidos, sin importarme un anillo, porque en esta realidad, no existe.
Remover con cuidado su largo pelo acariciándolo desde su nacimiento hasta su fin. Sentir su abrazo cálido, que hará realidad mi creciente tibieza corporal que inicia su hervor callado. Dejar caer mi mano sobre su pecho, desabrochándole la camisa mientras hundo mi rostro en el hueco de su cuello. Rodearlo de besos, urgentes unos y sosegados otros. Sentirme desnuda con un golpe de lazada, haciendo caer entre nuestras piernas, este vestido que me han puesto en este caluroso mes de calor.
Derramar palabras en sus oídos, hacer que las confunda con caricias atrevidas, con poemas musitados. Desparramar sobre los teclados más sensibles de su cuerpo, sensaciones que compongan mil intensas melodías. Y después de esparcir notas y letras dentro de nosotros, volver a recogerlas para construir otras diferentes, otros tonos, otros gemidos, otras nuevas músicas, otras inéditas poesías, otras palabras...

Dibujar con mis yemas, las líneas necesarias para unir todos sus lunares, como constelaciones maravillosas de un espacio exterior. Surcar, como surcan los veleros los océanos inmensos, su espalda, dejando una estela de sentimientos en cada poro que conquiste la palma suave de mi mano. Y dejarlo ser... Dejarlo sentir... Dejarme llevar...
Saber por una vez, cómo es el peso de otro cuerpo, cubriéndote, oprimiéndote sin dejarte apenas espacio para respirar. Ver en sus ojos el deseo y poder recorrer con mi boca cada línea formada por la carne y los huesos, mirándolo desde arriba. Descubriendo como un explorador con suerte, la plateada sien, el oído atento, la desaparición en el gemido de las huellas del tiempo, almacenadas bajo sus ojos. Y sentirlo vital, moverse llevándome hacia el sudor, llevando a este cuerpo, creado perfecto para él, hacia el rojo roce, hacia el momento cuya duración es tiempo que nadie sabe definir en sí mismo. Y sentir, sentir, sentir...

Esa carne que quema como si de fuera a desprender, ese punteo sostenido de guitarra eléctrica, ese alimento vital para el hambriento, esa escalera hacia no se sabe dónde, pero por la cual queremos subir, esa inmovilidad obligada por todo lo contrario, fuente dónde te sumergirías eternamente.
Que bajo mis estratos de apariencia, encuentre el calor que da la piel deseada. Bajo lo que toca y mira sin mirar, intuya y encuentre, agachada, escondida, la mujer que he podido ser.
Esa mujer creada a imagen y semejanza de las demás, pero con el molde que él había imaginado. Acaso no soy perfecta? No han querido hacerme perfecta?
Quiero que vea mi yo, mi esencia más pura, mi vida que haré suya cuando se agarre con sus grandes manos fuertemente a mis caderas, para llevarme con él, para darme alas, para aprovechar el viento, el sol, la lluvia, y el mar y las olas...

Hasta no poder sentir más, hasta no querer sentir más.

Y poder cerrar mis ojos y descansar a su lado, relajando las pulsaciones , acompasando nuestras respiraciones, volviendo poco a poco a la sabiduría viva recién adquirida, con un saber nuevo y mágico, y con él, con este nuevo conocimiento de nosotros mismos, vestirnos de nuevo.
Y seguir sintiendo, irremediablemente.


Despierto, sin haber cerrado los ojos un solo segundo.
Veo las palabras en los iris pintados en mi rostro.

No hables, no digas, no pienses, no sientas.

12 comentarios:

Marisa dijo...

Una verdadera explosión de amor.
Un volcán contenido de emociones,
que desea con todas sus fuerzas
poder expresarlas.
No podrán decir que no piensa, no dice, no siente.
Me encantó.
Un abrazo

Lasosita dijo...

Tus palabras, siempre tan queridas por esta que escribe, Marisa!

Espero que no, que nadie dude que siente...

Otro abrazo para tí!!

Anónimo dijo...

Que decirte ?
Simplemente FELICIDADES

Lasosita dijo...

Gracias, Anónimo...me tomo la libertad de aceptarlas y suscribirlas a mi cumpleaños, que está en la esquina próxima!

Agua dijo...

Hola! es la primera vez que entro a tu blog y te he de decir que me he quedado impresionada con este relato! (he leido las tres partes :-) ) y me ha parecido fascinante, intenso,...felicidades! me iré pasando por aqui ;-)

Lasosita dijo...

Bienvenida doblemente, Agua, por tus palabras tan fantásticas y por la promesa de visitarme!!

Un saludo!!

Elen dijo...

Como siempre fascinante!!
Quizá algún día el milagro se produzca...
...Algún día..
Besitos

merce dijo...

Primero, pensé en ir cogiendo,palabras del texto, frases, para decirte ...!que preciosidad...!pero me gustó todo...tanto... Felicidades!!!y tambien por el cumpleaños!!!

pasajera dijo...

no sé que comentar, mucha sustancia este tri-relato, de la que a mi me gusta, para pasarme un laaargo rato dialogando.
desde mi escaparate... va un beso

Lasosita dijo...

Elen, nunca se sabe, pero creo que ... sería un poco raro. Y por otra parte, los amores platónicos, no consumados, a veces, dan más satisfacción imaginándolos que haciéndolos realidad y viendo como revientan...

Un beso!

Lasosita dijo...

Merce, ay!! un cumple más ! Qué suerte la mía!!

La alternativa es peor, verdad?;)
Os debo una invitación...

Besos de esta + viejales!!

Lasosita dijo...

Encantada de darte ideas, ya lo sabes, pasajera+

Un abrazo enorme!!