Día de Reyes...(2)


Día de Reyes.
Eran las doce y media. Mediodía. La cita, a la una y media. Una hora por delante para librarme de este recado que tantos problemas domésticos y labiales me estaba acarreando.

El cliente, el comprador del coche, había insistido mucho en la fecha y en ese horario. Estricto. Tajante.
¡Una entrega de un coche en un día de fiesta como el Día de Reyes! Lo pensaba mientras cambiaba de marcha, intentando no rozar sus piernas, (un enfado es un enfado); debía de estar loco para haber accedido sin rechistar. No era normal en mí hacer estos “trabajitos” al margen de mi horario habitual. Yo tenía familia y para mí era lo primero, sobre todo por los niños, ya sabes… pero el tipo aquél me había convencido. No con palabras. Con su actitud. Con sus ojos al pedírmelo.

Dije un sí, cuando se inclinó sobre la mesa, haciéndome ver y escuchar mejor su voz. Acortó distancias sabiamente y yo, que soy buena persona la mayoría del tiempo, permití sacar una afirmación de mis adentros, o. k., afirmativo, correcto, comprendido, acepto, amén. No lo pensé demasiado. Tengo alma de buen samaritano. ¿A qué sí?

Al salir del trabajo, mi mayor preocupación era decirlo en casa. Bueno, a ella.

¡Menuda se lió! Siempre era así, ¿entiendes? Apenas me dejaba explicarme.
Ya empezaba a despotricar. Fuimos a dormir como quién fabrica trincheras. Yo en el sofá. Como de costumbre en estos casos. Ya hasta me gustaba. Más acogedor y más mío que la gran cama de la señora, un territorio privado a dónde iba desterrado, sin armas, a descansar como un guerrero agotado de batallas dialécticas o psicológicas. Igual que quien posee un apartamento de fin de semana, después de convivir todos los laborables en una comuna.


¡No te rías, bandida! Yo sé que esto te suena a antiguo, a siglo pasado, a fortalezas y murallas de matrimonios medievales, pero hay mujeres que hacen esas cosas. Castigar al sofá al marido, como lo hacen con los niños desobedientes, pequeños. Por eso te quiero, por ser tan distinta sin proponértelo y colocarte en mi camino consiguiendo abrirme otro cielo.


Sigo….
Otra rotonda. En la radio suenan los cuarenta principales. La música llena todo el espacio del habitáculo interior del vehículo, que no es nuestro. No nos pertenece nada de lo que llevamos aquí. Pero me gusta conducirlo un día como hoy. Es un buen coche. El cliente tiene también buen gusto. Pongo cuidado al maniobrar.
Tiene que llegar intacto ante la casa, cuya dirección ya sé de memoria.

Comentarios

Cesc ha dicho que…
Se lo que és dormir en un sofà... La historia, evidentemente, no terminó muy bien...

Me encantan tus historias de reyes!
Lasosita ha dicho que…
Creo que se fue amoldando, los sofás son así...

Gracias por pasar estos reyes por aquí, Cesc.

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