jueves, 18 de diciembre de 2008

No.




-No- le dijo ella, mirándole a los ojos. No, repitió, arrastrando el movimiento de cabeza de izquierda a derecha, dando más valor al monosílabo. No.

-¿No? ¿Cómo que no?- preguntó él asombrado. Lo tenía por hecho. Una negativa no entraba en sus planes. Sus Planes. Tal vez pensó en un primer instante que ella se burlaba, pero no era proclive al humor. Más bien insípida. Menos en determinadas situaciones. Menos en determinados temas. No, no era una broma.

A su alrededor, los soportales parecían agacharse hacia ellos. Un rumor de cubiertos llegaba desde la lejana cocina. Los manteles eran de paño azul, con la vajilla perfectamente victoriana. Un centro de flores en cada mesa. Entre ellos se abría una extrema lejanía. Ella se perdió con el encaje de la servilleta. Un tapiz cubría una de las paredes, mariposas cautivas. Hay un poso de amargura al fondo de cada puntada, sólo para el espectador que sabe dónde buscar la melancolía.
Todo dotado de concentrado movimiento.


Las espesas colgaduras medievales de las balconadas, recurso de decoración socorrida en el antiguo castillo, les rodeaban. Querían estar cerca. Para escuchar mejor, curiosas, quizás acostumbradas a recopilar historias, diálogos mañaneros entre seres recién llegados de alguna parte, tras la nocturnidad piadosa que enmascaran las sábanas.


Ella repitiera café y aún necesitó otro más para lograr coger aire. Él, dejando con descuido la taza sobre el plato, la cucharilla manchando su alrededor; se perdió en divagaciones sin sentido, en un caos que no le permitía más que dejar crecer una rabia que vencía a la posible angustia que le atenazaba. Su paciencia, corta ya de por sí, menguó hasta hacerse invisible.

-¿Porqué no?- inquirió de nuevo, recostándose hacia el respaldo de una de las pulcras sillas que daban servicio en el salón de desayunos. Ella observa el pocillo de él, torcido, la cucharita olvidada en un charco manchado, y piensa en los ninguneos, en los descuidos, en la carencia de madrugadas. Los camareros estaban lejos, y en las mesas cercanas apenas había oídos humanos. Era muy temprano para los turistas. Menos para ellos. Se levantaran temprano con la rareza cotidiana, con el aburrimiento doméstico, a pesar del formidable cuarto. El pasillo estaba lleno de misteriosos y acallados rincones. Las armaduras vacías, si lo estaban, parecían contemplarles desde los distintos ángulos del gran comedor. Daban un poco de miedo, respeto y temor, pensara la noche anterior ella al abrir la habitación reservada, después de cruzarse con algunas de las enlatadas figuras en el pasillo.
¿Porqué no?
Flotaban sobre el humo del cigarro que él acababa de encender, presuroso, las interrogaciones.
-Pues…- no sabía muy bien que decir bajo aquella mirada ya rencorosa, tensa. Se le ocurre una salida momentánea, válida, un empuje del tiempo- Creo que no es el momento…

El silencio. Diciendo muchas cosas, dejándolas en el espesor de las dobleces del cortinaje, en el líquido de los ojos, en la zona alta de la frente. El hombre no sabe leer en su rostro.
Tanto tiempo, tantos despertares, tantos encuentros, tantas palabras, para encontrarse con esto: un hombre analfabeto ante sus gestos, ante sus señales, semanas antes comenzadas.
La mujer suspira. Quisiera deshacerse al igual que el ázucar encuentra sitio entre las moléculas de agua. Se siente como una crisálida a la que pisan, presionando con tortura suficiente para que hable, sin llegar a darle la liberación de la muerte.
No es el momento…. Que más da… ahora estamos bien… Mejor lo hablamos luego… Ideas sin fuerza, que no salen de sus labios, hasta que decide ser sincera, liberarse de ese hondo dolor que le pesa en el fondo del estómago como un lastre a un cuerpo lanzado al río. Paralizándola. Pero nunca lo suficiente.

-No quiero.

Dos palabras que se dicen: no quiero.
Dos palabras que se sienten. Te rechazo.
Tres palabras que se pegan al corazón: no te quiero.


No te quiero.

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Foto mía, como siempre, y J.Yerka, como de costumbre...

Gracias por pedírmelo, de todas formas...

3 comentarios:

merce dijo...

Me gusta, sosita, como describes esa sensación final, de desencuentro. Doloroso, frio...pero real. Un abrazo.

Paladín Sombrío dijo...

Qué capacidad para describir una situación Susi..., un entorno, los sentimientos, y mucho más que no se sabe ni de dónde viene, qué resortes lo hacen tan vívido.

Lasosita dijo...

Siempre los finales son dolorosos, pero reales... Ahí estamos. Un beso!


Paladín: muchos resortes rodean...

Un gracias por visitarme!!