Dibujando ventanas


Desconoce el tiempo que lleva allí. Atrincherado.



Encarcelado. Su mirada es oscura y su rictus, hosco.
El soldado no habla. Nunca.
Han huido sus palabras cuando la tierra acogió su primer muerto.
Dos paredes verticales limitan su visión, apenas asoma la cabeza sobre el borde superior, allí dónde le espera el arma. Casi una prolongación de sí mismo. Una compañera que no le calienta en las noches, exigiéndole siempre demasiado…

A veces, grita a sus manos que la toquen, que la empuñen, que la vacíen de munición sobre algún punto distante, enemigo, lejano, ajeno. Otras le silencia, callando los sonidos de las balas, manteniendo la culata lejos de sus intenciones. Era ella la que determinaba sus acciones, aún por encima de la autoritaria voz ronca que, con galones deshilachados, venía hasta esa parte de la trinchera, jadeante, a susurrar sobre el ánimo de la contienda, junto con la situación del frente; desánimo y desorientación de los hombres.


No distingue más de diez metros ante él.



Cegado. Supone que, más allá, existen otras trincheras, y luego otras y otras más. Hasta un infinito jamás divisado. Quizás también con disentería o tifus, o lo que sea que los mata cuando no presentan heridas de batalla.
Sobrevive entre pulgas y piojos; en alpargatas, trapos atados a las pantorrillas. La humedad trepa desde estas improvisadas raíces hasta ramificarse alcanzando el tuétano óseo.



Jamás se librará del frío.

Se hace la idea de que posee una casa, ahí mismo, entre los cadáveres que recogen cada día, entre soledad, tartera escasa, abollada, sucia y miles de desesperaciones. Entre las paredes verticales del agujero, para ocultarse como alimaña, guarida para morir.



Practicar el estar muerto y enterrado.

Las humedades, junto con la suma de las semanas, permiten crecer un musgo en la zanja, que se reblandece con la tierra cuando él presiona con los dedos, circunstancia propicia para entretejer las horas con los minutos.

Ha dibujado una ventana.



Simples rectas cruzadas, que le dan la ilusión óptica de cristales que le transportan a un exterior en aquel espacio. Es capaz de abstraerse frente a su ventana. Se siente fuera de aquellas murallas socavadas; transportado, casi vivo. A las esquinas de las cuadrículas, otros trazos se suman, o se restan, desaparecen y surgen…

Un círculo con rectas líneas: un sol rayado que calienta la superficie de metro y medio en el que viven y ven morir; un verano desertor de aquella guerra, con pensamientos luminosos, alegres, infantiles.



Lo tuvo frente a él durante una semana.



Fueron días de baños en el río, de amores, de despedidas…



Líneas oblícuas, vinieron después, mojando inexistentes vidrios, atrayendo siempre recuerdos melancólicos. Cartas antiguas, lutos y pérdidas…
Flores dibujó durante unos días, renovando los pétalos coloreados en su imaginación, en homenaje a una primavera que tal vez no alcance a divisar.




Sus compañeros desconocen el misterio de las cambiantes ventanas.



Suponen que jamás hablará de ello. Tienen razón. No contestará jamás a ninguna pregunta. Nació mudo en la trinchera.

Un día, se atrevió, venciendo sus miedos y sus emociones, a siluetear un perfil de mujer. Le tembló el pulso hasta que suspiró hondo y su firmeza se materializó. Era ella.

La contempló todo el tiempo que le permitió la ausencia de la muerte. Ese día, recostado sobre la pared de enfrente, trató de no dormirse, perdiéndose en las pupilas que suponía le acompañaban
… mas cerró sus ojos imaginando que aquel contorno le miraba.


Sintiendo una poderosa, dulce, certeza.

Comentarios

Marisa ha dicho que…
Una historia estremecedora
pero que por desgracia se
puede estar dando en muchas
partes del mundo.,
Sive_s ha dicho que…
Muy bueno y la foto es perfecta...
Lasosita ha dicho que…
Marisa, por desgracia, las guerras son monstruos que siempre sobreviven...

Sive-s, qué emoción es acogerte. Ya te contaré lo de la foto...
Elen ha dicho que…
Al menos pudo dibujar una ventana desde donde era capaz de contemplarla...
Hermosa historia, como siempre...
Lasosita ha dicho que…
Gracias Elen! Un fuerte abrazo!

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