sábado, 6 de diciembre de 2008

Caza pescadora.





























Sus crispadas manos se me clavan como garras,
traspasando los huecos de mis costillas. Dedos que viajan al tejido interno de mis pulmones, haciendo que mi respiración mecánica no lo sea. Hollan sus yemas en una blanda y moldeable masilla, sujeta a su voluntad. Sus huellas dactilares quedarán en mí, ahí, en mi interior, impresas. Al igual que la voz que desciende desde mi cuello, llenando todo mi espacio, huesos, músculos, heridas.
Ensordece mis sentidos, aturdiéndolos, mas no comprendo nada de lo que sale por su boca. Nada, a no ser el olor a aguarrás y pestilencia.
Escucho salvajes gritos no humanos.
Mi dolor del costado, sus ganchos siguen entre mis costillas, izándome, el arpón me ha dado caza.

Necesitaron una red para subirme desde el agua hasta cubierta. Soy una pieza de fácil captura, una prisionera que no ha logrado escapar desde esta bahía.

Sé que el pirata se ha salvado. Lo posé con toda mi dulzura en la playa, vivo a pesar de estar herido tras pasar por la quilla, arañando su cuerpo las tiñuelas y moluscos, abriéndose paso a través de sus maltrechas ropas.
Sé que olvidará mi regazo y mis palabras susurradas entre el esfuerzo de luchar contra el oleaje.
Él también me había salvado una vez.


Este hombre me recorre con ansia, con prisa, con urgencia. Su mirada es gélida, cambiante como los cielos que ha visto en todos los días de su vida.
Gélidos bajo esta, cada vez más, ardiente papilla que nos rodea, que nos asfixia.
A él y a mí.
Y a todo lo demás.
Rompe el desalmado la saeta que me trincha, dejando el dolor adentro, sin posibilidad de remitir. Mi aleta cuelga, triste, vencida, apenas por un hilillo de piel azulada, tornándose en pálido gris deprisa.
Una sacudida de mar en el barco, que con las velas desplegadas, ha encontrado ya el calado suficiente, golpea el casco.
Oigo que la tripulación se afana.
Han olvidado al capitán, libre ya en aquella nívea cala.
Se puede cortar con cuchillo la ardiente atmósfera. Telón de fondo.

Se despertará, con la boca llena de arena, y con el olor a pescado asado, que inundará aquel trozo de costa.
Pero libre. Con palabras de amor en sus oídos.
Libre.

2 comentarios:

Paladín Sombrío dijo...

Cómo puedes evocar tantas cosas en cada párrafo? eh? :)
Qué bárbara... Gracias!

Lasosita dijo...

La imaginación...esa gran aliada!