Telenovelas y jaulas.

Había estado huyendo. Desde hacía ya tanto tiempo, que no recordaba cuando comenzaran sus pies a ver nacer alas a sus zapatos, descoloridos
de betún y a querer volar. Unas sensaciones contradictorias eran las que la acompañaban cuando recordaba los últimos episodios de su "anterior" vida, como evocaba ella, añorando los seriales que veía con su abuela María, tan atenta siempre a la vida de los personajes, olvidándose de dar de comer al gato, el cual, dejó de ronronear un día. Pues se puede ser bueno, pero no dejar de comer. Ahora era la fiera más indisciplinada del mundo gatuno, haciendo suyo el territorio más poblado de ratones.
Su pasada vida, aquella junto a su abuela, al colegio de señoritas de uniforme azul marino, tela sufrida para no tener la necesidad de lavarlo a media semana, al aparecer de un primer novio que venía con un cigarro en una mano y en la otra una guitarra, eran sus recuerdos. Flashes destelleantes.

Un único beso. Los demás, ya con tres años encima de esa aparición, fueron siempre más mordiscos que tiernas aproximaciones de labios. Pechos amoratados. Será así. Tendrá que ser así.

También las protagonistas de los seriales sufrían, y sufrían mucho, durante todos los capítulos emitidos, con largas semanas por el medio, hasta llegar al final, a ese episodio en el que todo se arregla y el villano deja de serlo porque tenía antes una buena razón para ello y... ella esperaba que llegase ese desenlace y él la abrazara y le jurara que nunca jamás volvería de sustituir el roce leve de sus labios con el mordisco que tatuaba sus pechos.

Ahora miraba hacia el techo de su lugar preferido y su alma sobrevolaba su pelo enmarañado. Libre.

Porque aquél capítulo nunca llegaron a emitirlo. Ella lo esperaba, atenta, con su pomada contra los hematomas del corazón presto para aplicar, y recibir a aquel hombre redimido en sus brazos. Esperaba en una mañana de Navidad el regalo de envoltorio dulce, al igual que ella, llena de color azul de una tela comprada para ese día tan especial.

Una cinta de su vestido rodeaba su talle castigado dejando sueltas sus extremidades picudas.
Parecía un pájaro preparado para salir a volar.











Comentarios

Paladín Sombrío ha dicho que…
Qué duro. Cuánta jaula, cuánta telenovela nos encontramos.

Ya comencé como cinco comentarios, diciendo "me encantó" de cinco complicadas formas.

Me encantó. Gracias.
Lasosita ha dicho que…
Siento ser tan obvia: un gracias simple, pero sincero!!

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