domingo, 7 de septiembre de 2008

Un día por otro...

Un día y otro. Una semana y otra más.
Para de llover y caen las hojas secas de los árboles, una a una,
en suicidio reglado y normativo, muriendo secuencialmente,
con el orden de números bien educados.
Un lecho vegetal rodea las avenidas, los parques, los campos de fútbol de los colegios,
los bancos de los mendigos soñolientos.

Fantaseaba siempre, cualidad que libra de mil patologías mentales
a los seres humanos e imaginaba encuentros tibios y tímidos en un principio,
luego apasionados y tremendamente eróticos.
Entonces, presa de un sudor quemante,
dejaba ya sueltos todos los recintos de su imaginación.

El ya había negociado con un dios, aunque éste no había dado respuesta,
negándole intervención divina. Pensó en ofrecer algo a algún diablo interesado
a quien vender un alma gastada, pero no sabía cómo dirigirse a un Belcebú
que le enseñaran a esquivar a toda costa. Las cosas no salían bien, pasaban las estaciones,
ningún tren le acercaba a su musa.
“Tendré que resignarme, bueno , no, todavía no. El mes que viene, eso es, el próximo mes.
Me daré por vencido el mes que viene, si llueve el día seis, si nieva el dieciocho, o si hay luna llena, y sólo si estos hechos ocurren a la vez…”.
Así pasaba otra hoja del calendario.

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