Hostilidad a una brisa.




El distrito número 6 era un abandono. Nunca fue una promesa.

Era de esos lugares que estaban llamados desde su comienzo a la crianza y desarrollo de seres inclasificables, sórdidos y extraños. Solamente hacía falta pasear, era un decir, entre sus pegotes de hormigón.
Callejones oscuros, con fronteras de metálicos esqueletos; antiguas edificaciones o pequeñas estructuras, se convertían en fantasmales cuando la luna asomaba. Y cuando no, también.

Era extraño encontrar gente entre sus rotas aceras. Un viento siempre frío, siempre gélido, volvía igual de inhóspito y helado el corazón de quien se dejara deslizar entre sus contenedores quemados. Retorcidas figuras de plástico que semejaban gritar de un dolor extremo, inimaginable.

Las paredes eran suciedad. Hedor en el aire. Amplias zonas sin asfaltar. Roturas como hachazos en el antiguo firme que soportaba coches que iban hacia alguna otra parte. Gentes con destino predeterminado. A las basuras habituales se sumaban en esta parte de la ciudad, todas las inmundicias posibles.

Supuraciones putrefactas de las alcantarillas.

Cualquier razonamiento de cómo podía ser que estuviesen allí, de aquella forma, era un misterio. Era como si el manojo de asfalto tuviera personalidad propia, tan suya, que se le pudiera diagnosticar del síndrome de Diógenes.
Almacenamiento de porquería, de basuras, de deshechos, de podredumbre. Graffitis obscenos se rifaban el sitio con los agujeros practicados a las paredes de las casas, la mayoría, huecos antiguos de ventanales abiertos a plenos martillazos para agrandarlos. Madrigueras para las alimañas. Monstruosas reparaciones sobre tabiques imposibles.
Nunca había calor en su trazado, ninguna brisa cálida habitaría ni visitaría la zona al no ser por error. Un error que podía ser incluso mortal para una brisa de corriente templada. No tenía visado de entrada.

No sería bienvenida.

Comentarios

náufrago ha dicho que…
O texto, coma sempre, maxistral. E o título é todo un convite para seguir lendo...
Lasosita ha dicho que…
Grazas, náufrago, por chegares ata esta illa.
náufrago ha dicho que…
Os náufragos sabemos un cacho de illas...
Lasosita ha dicho que…
Grazas por ficar nesta.

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