Una compañera en mi sofá.



Otra vez. De nuevo.
Otra vez. De nuevo, con la soledad sentada, tumbada, bajo la manta que vive en mi sofá. Somos dos, ella, más alta me cubre totalmente, a veces, se voltea y no me deja apenas respirar. Yo procuro espantarla, tenerla entretenida en algunos momentos del día. La noche es ya su reino indiscutible. El insomnio es su mejor amigo, ese que invita a pernoctar con nosotros, sin preguntarme mi parecer.
Cae bien, la soledad por mi casa. Es la dueña, paseando por el pasillo y apoderándose de los lienzos en blanco que esperan colorearse. Arrugando las ideas que crea mi mente, bajo alguna décima de fiebre o de hipotermia. Mustiando flores que soportan los minutos dentro de dos jarrones de cristal, regalo de alguien que ya no recuerdo. Su piel ansía observar por todas partes, las fotos que nos retrataban, felices o a media sonrisa, en un ejercicio de mesura y discrección.
Pero donde le gusta estar de verdad, es en el tresillo azul en el que paso mis descansos. Huyo de mi, antes nuestra, habitación. Hay en ella un rincón con tu sonrisa, con un olor a mar, reflejo de una marea que te trajo de nuevo; otro con tu rostro serio, con tus ojos más negros, con un viento huracanado que me helaba el alma y quitaba color a mis mejillas; uno más con tus manos abiertas y cálidas, con noches de velas, de ausencia de pudores, de brisas ardientes y a la vez refrescantes en el cielo de tu cuerpo.
La última esquina no he querido explorarla.
Que lo haga ella, que tiene más tiempo, pues no te echa de menos.

Comentarios

cristinha ha dicho que…
fermoso, susi...eu tamén teño unha amiguiña desas.

saudiños
Lasosita ha dicho que…
Penso que é unha invitada que non pode deixarnos en paz, esquecéndose de nós...
Un saúdo, cristinha!

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