miércoles, 9 de julio de 2008

Niebla.Treboada.


En el instante en que ví el agua ahogando sus ojos, sepultados en el fondo de pliegues construídos a través de pozos se sentimientos como piedras, cantera de las madres de antaño, decidí acercarme más a ellos. Sin miedo de caerme.

Así, con sus noventa años de noches y días, busqué mi reflejo para ser capaz de ser entendida, para arrojar un guijarro a sus aguas y encontrar en los círculos concéntricos una sabiduría que le permitiera salvarme de dar más explicaciones.

Para no hacer sumas con el dolor, fabricando castillos en los sueños que son pesadillas.


" Abuela- dije, tragando saliva- no es un tumor operable. Es... como niebla"

Metástasis. Niebla, nubes bajas y opacas que se han apoderado de su interior, haciendo su cuerpo invisible y angustioso para los que paseamos por su mente, desorientados ahora mismo.

Rocío que empapa todos sus paisajes bajo su piel.

Un velo blanco dónde perderse es lo obligado y lo irremediable.


" Es niebla, abuela, toda ella es niebla "


Una ráfaga inició el movimiento de su cuerpo. Quizás una huida mal representada por su vejez.

Desaparecieron los círculos en el agua del fondo de los pozos. Se dirigía hacia el fondo de la huerta, cerca del gallinero, con su falda descuadrada, a medio coser, a medio descoser, con pasos cada vez más pesados, más lentos, más gastados.

Le oí murmurar. En el fondo, un silencio total, un vacío que hizo resonar su voz cascada.


" Ay, á miña filla, lévama unha treboada! "

2 comentarios:

Leola dijo...

Es precioso, se me ha puesto la carne de gallina. La dureza de la realidad, la delicadeza de las palabras. Es poesía.

Lasosita dijo...

Si es difícil la muerte de una madre, no puedo imaginarme lo que será el dolor ante la muerte de un hijo. Un saludo, Leola!