sábado, 21 de junio de 2008

Sed.




La mujer se sentó en una de las piedras que bordeaban un camino inexistente. Sentía toda la arena de aquel desierto entre su boca y su garganta.
El sol quemaba como amante feroz sus labios resecos.

Bajó sus párpados de dunas. Las pestañas huían del amarillo incendiario del
cielo. Observó la figura de Él, alto y digno; impeturbable tras la dura
caminata, sin un signo que indicara cansancio o derrota.

Él la miró. Sus grandes ojos, acostumbrados a la claridad del desierto, a
las reverberaciones del sol, se detuvieron en ella. Sintió calor en el pecho. Allí
había latido, vida, agua.

Suspiró y con el aire espirado, deseó tocarla, rodearla, refrescar aquel momento.
La sentía cercana y miedosa de él mismo. Daría lo que fuese por aliviar su temor, por bajar la temperatura de su preocupación y enfriar la superficie de su alma.
Deseaba abrazarla.
La vió pequeña y delicada. Solitaria como otras veces. Trató de concentrarse en sus pensamientos y los conoció.

Tragó una saliva rasposa, con la dificultad de la inflamación que los altos grados interiores de su cuerpo daban al cielo de su boca. Se le acercó.

Ella le vio venir. En oleadas de aire recalentado una y otra vez, haciendo en ella su playa donde varar, le abrasaban bajo la túnica anudada a modo de
garras que no le permitían moverse.

Se encogió en sí misma, doblando sus piernas sudorosas. Intentando desaparecer. Ser el menor espacio.
Una congoja implacable iba naciendo en su pecho, apoderándose del resto de su piel y pugnando por alcanzar sus pupilas. No quería llorar ahora.


Quería filtrarse entre las dunas igual que agua derramada.

Agachó su cabeza, tocándola con sus rodillas. Unas lágrimas se escaparon sobre su rostro.

Magdalena, la de Magdala, no levantó la mirada hasta que Jesús la tocó.

2 comentarios:

náufrago dijo...

Fermosas imaxes. Coma sempre. Un goce.

Lasosita dijo...

A verdade e que estou encantada. Dixéronme o outro día:
Tí, escrebes moito, ¿non?. Pois sí,creo que necesito facelo. Cando no sexa unha diversión que me faga feliz, pecharé todo o chiringo.