jueves, 26 de junio de 2008

¡Despierta!


¡Despierta !
¿ Me has oído?. Le-ván-ta-te.
Estas no son horas para verme en la cama.¡Despierta y muévete!.
Llevas mucho tiempo alimentando tu
cuerpo con lo imprescindible y estoy...¡Harta!.


No, yo no puedo vivir así, en medio de tu desorden. Soy incapaz de subsistir con las migajas de lo que llamas " Tu vida". Arriba, venga.
Soy parte tuya y reniego de tí en este momento; ¡abre los ojos!
Ordena a tu trozo de mente sana que accione el botón preciso para reiniciarte.

No puedo más, de veras que estoy muriendo viendo que haces lo propio tirada por ahí, al igual que una muñeca rota. ¡Despierta!

Te espero afuera, detrás de tu piel sudorosa.

¿ Qué más te da?. ¿ Qué importa si tu madre ha muerto; acaso piensas seguirla?¿ qué importa que el otro tenga un desorden en el cajón de los recuerdos? ¿Acaso oyes más voces, además de la mía; o que ése que tú y yo sabemos, tiemble ante la obligación de enfrentarse a su propia cara?


No quieras a quien no lo hace. Tu hija, esa que lloras ante cualquier mirada tierna...

¡Qué más da!. Levántate, mujer, díme qué necesitas para curar tus heridas, esas que desconocías antes de que todo sucediera, díme qué y porqué te movías cada minuto.¡Ah, sí, ya sé!
Una niña abría unos cuadrados paquetes, con brillo en sus pupilas.
¿Recuerdas?.
¡Libros! Sí, eso era lo que buscaban tus manos febriles, hojas impresas, puertas hacia la fantasía.
TE LOS PROHIBIERON.


"No le regaléis libros a la niña, le retiraremos los que encontremos a su paso". Te sentiste esquilmada, adelgazada en lo que más te gustaba del mundo. Da igual sus motivos.

Pero ahora ¡NO!. Ahora eres libre. ¡Libre para inventarlos tuyos, para elegir, para hacer con ellos tu comida, tu cama, tu despertar y tu anochecer!


¡Consuélate en ellos, dales tu dolor y lee. Sí, lee hasta que te lagrimeen los ojos, hasta que se seque tu cerebro!


¡Ábrelos, refúgiate en otras realidades, en otros mundos, en mares de letras, en océanos de sonidos que nacen de tu cabeza y beben en tus oídos. Mil imágenes fabricadas tras tus retinas. Lee con avidez, con desesperación, a contrareloj, así el alcohólico ingiere bebida, cubriendo la página con el vestido de la siguiente!.


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