Shamán

Iba tropezando contra las paredes del callejón, rozando el pantalón con los grafiteados muros, levantándose con dificultad, con lentitud pero sin una queja. Se sabía amparado por la noche, que con su oscuridad le vestía un abrigo de indiferencia y desconocimiento, allí, tratando de atravesar los cementos de aquella pequeña, sucia calle.
Sus pies, en verdad , no eran muy firmes, ni sus pasos seguros. Tampoco era fácil, entre los cubos de basura que jalonaban su andar; guardianes de protectoras oscuridades. Los desperdicios le ponían la zancadilla para verle dar de bruces en el suelo, como si jugasen a hacerlo, a degradarlo más, a dar la oportunidad de divertir a algunos ojos que contemplaran la escena. Alguien que era una sombra de sí mismo, ni siquiera eso, un trozo de un alma que quizás rodó hasta un rincón del infierno terrenal o jamás existió.
Una idea fija le retumba en la mente:
" Soy el último de una raza de hombres valerosos y guerreros, bueno, el último no. Sólo uno de los que más íntegros se conservan....,"
Le dan ganas de reír, y lo hace. El sonido saliente de su garganta es desagradable. En nada se parece al sonido que debería tener una risa humana.
Se desequilibra al hacerlo, cayendo sentado sobre restos de basura, inclasificables en esta madrugada.
Se desequilibra al hacerlo, cayendo sentado sobre restos de basura, inclasificables en esta madrugada.
" Es mi sino, caer para tener que levantarme de nuevo"
Otra vez, el brebaje. Esa pócima infecta que no le ayuda gran cosa, mucho menos en la exigencia que era la medida de su anhelo. Volar para encontrar el
alivio al fuego interior que quema, jamás ha sido solución para él. Sí en cambio para sus antepasados. Qué más quisiera él que estar dotado de ese trance liberador. Y ruega.
Entre la inconsciencia que le dobla dulce el cuello, que le cierra maternal los párpados, que lo coloca como un muñeco roto en el fondo de un lecho de detritus, su mente, curiosa y liviana, se alza libre. Despega hacia otro mundo que no habita en aquel sitio.

Su mente se llena de imágenes nuevas, frescas, irreconocibles en su galería de vivencias pasadas.
Nunca estuvo allí. Un paisaje verde inunda sus sentidos, llenando toda su atención. Un viento se difumina entre sus cabellos, al igual que entre las hojas de los árboles. Sorprendido contempla su alrededor. Ni rastro del callejón.
Comienza a amanecer, con una herida en el telón negro de la noche que se prepara para volver de su trabajo. El poblado dormía todavía sobre la colina de formas redondeadas como la cadera de una mujer que estuviese recostada al lado de las montañas. Más allá, el fondo lo colocan los agudos perfiles, escarpados refugios de animales que necesitan rocas, matas y dureza en sus patas para sobrevivir.
Algo le hace mutar, convirtiéndolo en otro ser vivo que no ha sido antes. Tal vez en algún delirio anterior, pero sin darse apenas cuenta. Para él siempre han sido sueños, ensueños, delirios, alucinaciones, desvaríos que le perseguían en los " malos viajes".
Los viajes que no ofrecen las agencias, esas que te reciben con una sonrisa para
mandarte lejos a cambio de todo lo que seas capaz, o no, de pagar por atrapar los sueños que él obtenía gratis, o casi... porque hay deudas que no se saldan con monedas...
Corre en contra del viento, para no hacerse notar. Sus patas son formidables, fuertes. Son moteadas, amarillas, negras, con garras, con ímpetu nuevo, con cadencia y ritmo al moverse. Es libre, es un espíritu, de esos en los que no creyó hasta ahora, de cuentos de infancia, que le contaba su madre antes de dormirse.
" Eres un pequeño Shaman, en tí está el espíritu de la orenda, esa que rodea a todo el mundo salvaje. Ese que no perderás aunque vayas a una escuela en la ciudad, aunque vistas de traje, aunque seas el más sabio, aunque te olvides de mi rostro y de esto que te digo ahora. !Mi pequeño Shaman!,
!guarda la esencia en tu interior para el futuro!"
Está llegando cerca del poblado que viera desde las alturas. Lo forman círculos de tiendas sencillas, que rodean hogueras, empalizadas para las cabalgaduras, pieles a secar al sol, piedras dispuestas bajo palos de los que penden algunas ollas. Sacos con cereales se amontonan mientras el sol comienza a colgarse en el clavo del cielo.
La gente va saliendo a latidos de las sencillas tiendas de pieles y broza. Son hombres morenos, decididos, mujeres multicolores, niños alegres, todos ellos con cortinas negras en sus cabellos, que recuerdan a la lluvia, a la cascada, a la negrura deslizante de las madrugadas, al cabello que él mismo porta, más abajo de sus hombros.
El espíritu del animal que está en un callejón infecto, tirado como un guiñapo,
observa la escena con atención. A través de los ojos renacidos en la fiera que acecha. No con ánimo de matar, cazar, destrozar, si no con asombro en sus brillantes pupilas. Con mirada nueva, de hombre joven, de no haber nunca tropezado con ideas, de abanico de vida con nuevas oportunidades.
Ahora , distingue un hombre viejo, con arrugas en el rostro igual que posee la Madre Tierra; allá los mofletes de un niño que porta un pequeño arco y...
aquí, más próxima a él y al hombre con inmortalidad salvaje agazapado, desdibujando contornos olor a usado en tumba de ciudad, de lo que nunca ha estado nunca, una muchacha.
Cierto que él había tenido muchas mujeres. De esas que vienen y se van, de las que posees sin tener conciencia de ello, como quien coge una fruta y la devora, marchando de una rama a otra tras la más dulce, tras la más jugosa. De esas que utilizas para los malos momentos, para los días bajos de ánimo, para contagiarles la amargura que a veces se te suicida en falsas sonrisas, cómicamente tornadas en rictus de asco y apatía. Nada les prometía, porque no tenía nada que poder prometer; ni ellas lo buscaban, ni él lo ofrecía. Así siempre quedaba por encima de despechos y rencores. Nunca se vio envuelto en grandes pasiones, menos por las bajas, que le empujaban más bien a perder su peculio que a ganar amores sublimes.
Está llegando cerca del poblado que viera desde las alturas. Lo forman círculos de tiendas sencillas, que rodean hogueras, empalizadas para las cabalgaduras, pieles a secar al sol, piedras dispuestas bajo palos de los que penden algunas ollas. Sacos con cereales se amontonan mientras el sol comienza a colgarse en el clavo del cielo.
La gente va saliendo a latidos de las sencillas tiendas de pieles y broza. Son hombres morenos, decididos, mujeres multicolores, niños alegres, todos ellos con cortinas negras en sus cabellos, que recuerdan a la lluvia, a la cascada, a la negrura deslizante de las madrugadas, al cabello que él mismo porta, más abajo de sus hombros.
El espíritu del animal que está en un callejón infecto, tirado como un guiñapo,
observa la escena con atención. A través de los ojos renacidos en la fiera que acecha. No con ánimo de matar, cazar, destrozar, si no con asombro en sus brillantes pupilas. Con mirada nueva, de hombre joven, de no haber nunca tropezado con ideas, de abanico de vida con nuevas oportunidades.
Ahora , distingue un hombre viejo, con arrugas en el rostro igual que posee la Madre Tierra; allá los mofletes de un niño que porta un pequeño arco y...
aquí, más próxima a él y al hombre con inmortalidad salvaje agazapado, desdibujando contornos olor a usado en tumba de ciudad, de lo que nunca ha estado nunca, una muchacha.
Cierto que él había tenido muchas mujeres. De esas que vienen y se van, de las que posees sin tener conciencia de ello, como quien coge una fruta y la devora, marchando de una rama a otra tras la más dulce, tras la más jugosa. De esas que utilizas para los malos momentos, para los días bajos de ánimo, para contagiarles la amargura que a veces se te suicida en falsas sonrisas, cómicamente tornadas en rictus de asco y apatía. Nada les prometía, porque no tenía nada que poder prometer; ni ellas lo buscaban, ni él lo ofrecía. Así siempre quedaba por encima de despechos y rencores. Nunca se vio envuelto en grandes pasiones, menos por las bajas, que le empujaban más bien a perder su peculio que a ganar amores sublimes.
Pero esta mujer parecía distinta. Y no porque fuera más hermosa que ninguna otra que hubiese visto bajo los neones de los clubes, o bajo los efluvios de sustancias químicas alterables, sino porque era tan conocida que sentía que podía describir el tacto de su piel y descifrar de memoria las constelaciones que formaban los lunares de su cuerpo...
(Continuará...)
Comentarios
Muchas gracias
a palpables realidades,ricas en
sentimientos y colorido.
Esperaré con impaciencia
el próximo capítulo.
Te espero mañana.
Un biquiño.
Besines.
Que tremenda capacidad descriptiva tienes!
Me encantó esta frase " que le cierra maternal los párpados"
Un fuerte abrazo!
Espero mas...
Un abrazo grande.!!!
Gracias por alegrar este lío de palabras!
Un saludo! ;)
Espero verte pronto... ya me estais faltando!
Un beso impaciente!!
persiguiendo la oportunidad de ser
otra vida...
Un deseo, mara! Besos!
encantada de que te embarques en éstas mis historias!
Saludiños, muchos...
Como nos puede la fantasía...
Graciñas por estar!!
Un GRAN ABRAZO: en contestación al tuyo!
¡Que manera de describir!Me has trasladado a otros mundos reales o imaginarios.
Bicos guapa
De tu nuevo y mas antiguo seguidor.
Muchos besos pequeniña
lo doy todo por bueno
( buenísimo, Meiguiña!!)
Biquiños alados, de vuelta !!
Sin dudas, el seguidor más sufrido, Indio!
Pequeña...sí, pero cuento contigo para alcanzar las alturas...
Biquiños, y gracias por acompañarme en las laderas escarpadas y tumbarte conmigo en las cimas!
Continuará...
Un saludo
He de confesar que vi esta entrada hace unos días, pero he preferido leerte cuando al fin pudiese dedicarte toda la atención que siempre me merecen tus letras...
Como siempre... me embarcas en una aventura.Me quedo prendada en el tacto de la piel, con la espera pegada a los dedos...
Besitos!!
Un beso , un abrazo sincero de tu vencina de blogosfera...
Lo siento, pero ese continuaraaa, me desespera...
Abrazzzusss
Un saludo para tí y Xoco!( Lamento que no aparezca Batman, pero nunca se sabe...)
_Dama de noche, estupenda tu visita, espero que vuelvas en otras ocasiones, quizás de día!!
Un besito!
_Elen, ya sabes que el horario es un tirano, que nos hace posponer actividades y ocios. Uff... ni te cuento lo que sucede conmigo a veces.
Solucionaré lo de los dedos!!
Biquiños agarimosos!
_
Un abrazo, bloggera!
_ Tifón, un saludazo para tí, y ánimo... seguro que gobiernas lo tuyo con sabiduría e ingenio!
Y estupendas tus venidas!
_Onubius, me has hecho sonreir al imaginarte en semejante postura! No desesperes... todo llegará!
Gracias por asomarte a este lío mío! y que te guste... bueno, algo
que me da una maravillosa sensación!
Abrazo grande!
Te Quiero
Yo también, peque!
Un autentico placer leerte.
bicos
Me he recreado en tu relato no solo por la ambientación sino por la personalidad que transmite tu personaje. Es un ser especial, lo mismo que cuanto le rodea.
Con tu permiso seguiré pasando por aquí para continuar leyéndote.
Gracias.
Un cariñoso saludo.
Es tan tan bello lo que escribes como las delicadas fotos que lo acompañan.
Besitos
(yo también te extrañe)
precioso
vuelvo a leerte mas detenidamente.
GraCIAS
Me gusta la idea de que te sientas parte integrante de mis historias...
Amigo, besos desde este rincón!
Biquiños importantes!!
( Hablamos )
_Mujer Pez, gracias por tus venidas y tus comentarios. Es fantástico que alguien pulse más de una vez la misma entrada...
Y la comente!
Un abrazo!
Te leo!
_
Te doy la bienvenida a este trocito mío.
Un abrazo y un saludo!
_Lucina, cierto!!
Que extraño ese sentimiento de que queda alguien que no ha escrito en unos días!!
Encantada de tu vuelta!
Un beso!
Siéntete cómodo, todo el tiempo que quieras...
Saludos nuevos!
Saludos
Gracias por la promesa de volver... !
Un abrazo!