Día de Reyes ...(fin)
Más allá, tras los cristales, ella me observaba con cara de burla, mis hijos reían divertidos de ver a su padre en tamaña obra.
Me viera obligado a vestir el traje… (Sin comentarios).
Cariño, te juro que desde que trabajo en esto, la de aquel día fue la petición más extraña y tierna que alguien me solicitara. Supongo que otros compañeros tendrán diferentes y variopintas anécdotas. Los habrá que, por no salir de sus vidas o de su tiempo personal, hayan rechazado todas las posibilidades de involucrarse con clientes “raritos”.
Yo soy un aventurero y me agradó la empatía con aquel señor.
¡Es una delicia charlar contigo! Sí… a nosotros también nos han sucedido extraños sucesos. Somos imanes para esa clase de cosas, ¿no?
Recuerdo, a ver… aquel día que nos cruzamos con aquel coche enorme, engalanado con cintas y flores, de boda, sin duda, con novia llena de tules, en el club de alterne de carretera. ¡Lástima de una foto! ¿Irían a buscar en el interior del local al padrino, al novio, o quizás fuera una chica de allí la que se casaba? ¿Iría a dejarse felicitar por sus compañeras? ¿O si decidieran hacerse las fotos de tal suceso entre copas y las barras redondas de las strippers? ¡Qué intrigados fuimos el resto del viaje!
¡Y como esa, mil más! Y las que nos quedan por compartir, por vivir los dos. Te abrazo fuerte y termino la historia, porque mi niña seguro que quiere desayunar y abrir los regalos de Reyes, ¿a que sí? ¡Qué fácil es contigo!
Sonó el timbre. La casa, de dos alturas, con bonito camino bordeado de macetas y guijarros. Lo dicho: buen gusto. Un par de escalones ante al puerta, blanca y con llamador antiguo, de ésos que imitan una mano y nunca usamos. Digo, el ruido del timbre llegó a los oídos de alguien y éste, abrió la puerta. Una joven sonrió al encontrarse con un desconocido con un gran ramo de flores en una mano, vacilante. ¡Menuda pinta debía de tener yo, que se me olvidaran las palabras! Su ademán me animó a hablar.
¡Y hablé, claro! Pregunté por el nombre del titular del auto. Este hombre lo había hecho todo muy bien, ya ves.
- ¡Ah, sí! Un momento por favor- me contestó la chica, sin dejar su amable expresión.
Se volvió hacia el interior de la casa, ya con griterío.
- ¡Mamá! ¡Mamá! ¿Puedes venir? ¡Preguntan por ti!
- ¿Por mí?, exclamó con asombro la voz de mujer.
Se acercaba a través del pasillo. Vestía una bata de casa, encima de lo que parecía una blusa. No con descuido, pero sí desprevenida. No me esperaba. Un secreto bien guardado.
Azorada, esperó al motivo de mi visita, cuando le mostré el ramo de rosas. ¡Sorpresa total! ¡Seguro!
Tras su figura, las caras de la muchacha y de un joven risueño enmarcaban el desconcierto de la madre. Le tendí las rosas ante el público, incluido mi cliente al que vislumbré tras los hijos.
- Señora- dije- este ramo de rosas rojas es para usted, junto con toda la felicidad en este día. Espero que le agrade y aprecie este presente que le hago llegar…
(Me permití la improvisación, porque la ocasión lo pedía. La verdad es que me estaba divirtiendo)
¡Pobre señora! Apenas podía hablar. Y cuando lo consiguió, comenzó a decir lo que suelen las personas sorprendidas con algo que les sobrepasa:
- ¡Oh! ¡Pero esto…! – se volvió hacia su marido- ¡eres tonto!- le riñó cariñosamente al tiempo que le abrazaba.
La escena no tenía precio. Claro que faltaba lo mejor. No te he comentado que yo, de “motu propio”, le pegara un gran lazo en el capó (de ser maravilloso, serlo del todo, y patético también. A tope) y la visión era impresionante, no es por fardar, ya sabes…
- Señora, si me disculpa un instante… tengo otra sorpresa para usted.
Le tendí las llaves, haciéndolas oscilar ante sus ojos abiertos. La frase acompañada con el movimiento de apartarme, para que tuviera visión del exterior. Para algo tengo este cuerpo serrano.
El cliente me hizo una seña en un aparte.
- ¡Gracias, muchísimas gracias! ¡Jamás alguien había hecho algo así por mí! ¡En otros sitios me tomaran a cachondeo, y usted se ha comportado mejor todavía de como yo lo hubiera deseado!Es usted una buena persona, sin duda, venir en un día como hoy, con su familia.
-¡Tome, tome! , un sobre, supuestamente con dinero apareció en mi mano. Me negué con rotundidad (bueno, no tanta), mas fue inútil (ejem…).
Resultado: Comilona en la marisquería más cara, con vistas al mar, sin reparar en gastos. Claro que los niños no iban a hacer demasiado, pero nos pusimos las botas. Ella y yo.
Ella, contenta, por fin, desnudándose de su enfado. Los niños felices al ver que todo seguía bien. Y estaba todo fantástico.
¿Sabes que cantidad contenía el sobre? Treinta mil pesetas, que en aquellos años era mucho dinero. A ella le dije que eran diez y me quedé con el resto. Por los morros, por el sofá y por su poca comprensión. Además, por no ser la mujer que yo hubiera querido que fuera. Tú.
Ese día, cariño, no sé muy bien porqué, me acordé de ti. Tal vez fue la imagen de una familia feliz, del cariño entre ellos, o qué. Pero sin ver el mío propio, recordé lo que habíamos planeado. Juntos. Ese es el futuro que hubiéramos tenido, ¿verdad? Lamenté no estar contigo. Pero ahora vuelve todo a estar en su sitio. Vamos, hay que levantarse. Tenemos que ir junto los niños, (ya no tan peques) y llevarles los regalos. Yago dijo que recogería a su hermana y nos veríamos en la estación. Es estupendo estar contigo.
¿Te has vestido?
Creo que ha sonado el timbre de la puerta. Vete a abrir.
Resultado: Comilona en la marisquería más cara, con vistas al mar, sin reparar en gastos. Claro que los niños no iban a hacer demasiado, pero nos pusimos las botas. Ella y yo.
Ella, contenta, por fin, desnudándose de su enfado. Los niños felices al ver que todo seguía bien. Y estaba todo fantástico.
¿Sabes que cantidad contenía el sobre? Treinta mil pesetas, que en aquellos años era mucho dinero. A ella le dije que eran diez y me quedé con el resto. Por los morros, por el sofá y por su poca comprensión. Además, por no ser la mujer que yo hubiera querido que fuera. Tú.
Ese día, cariño, no sé muy bien porqué, me acordé de ti. Tal vez fue la imagen de una familia feliz, del cariño entre ellos, o qué. Pero sin ver el mío propio, recordé lo que habíamos planeado. Juntos. Ese es el futuro que hubiéramos tenido, ¿verdad? Lamenté no estar contigo. Pero ahora vuelve todo a estar en su sitio. Vamos, hay que levantarse. Tenemos que ir junto los niños, (ya no tan peques) y llevarles los regalos. Yago dijo que recogería a su hermana y nos veríamos en la estación. Es estupendo estar contigo.
¿Te has vestido?
Creo que ha sonado el timbre de la puerta. Vete a abrir.
¡Estoy seguro que traen algo para ti… pequeña!
Comentarios
Vale, vale... descansa y en unos dias!!!
Muchas gracias y un gran abrazo.
Yo me pido...
Feliz dejada atrás de las fiestas de Navidad con regalos incluidos
Pues la verdad, es que sí: los fabrico aquí mismo!! :)
Ahora que comienza la normalidad
( menos normal de lo que pueda parecer), quizás aguante ...no sé...dos días? tres?
Muchos besos, mil gracias y un abrazo, Lobito!!
Pues comencemos con la vida real, haciéndola también brillante, Cesc.
Un saludo!!
Has conseguido enternecerme.. ainss..
El final es especial.
Un besazo...y sigue así!!
Claro que es fácil con la buena gente..
Un mimo grande, Elen!
Ahora que ya sabemos donde estas te visitaremos mas a menudo...
Ya te iremos leyendo... muchos besos... muacksssssssssssss.......
Alicia...
Aquí estoy para los dos, bueno, para los cuatro!!
Besos para Asturias...
Besos y feliz año, por si no lo había dicho.
Espero que nos veamos pronto.
Un gran abrazo, Leola!!
me encanta como lo has escrito!!
besosss!
Un abrazo.
Un abrazo.
:)
Paladín, Trillones de gracias...
tus maravillosas historias.
Esta en particular, me encantó.
Hasta pronto.
Besos
Un gran beso!!